jueves, 31 de diciembre de 2009

RESUMIENDO


Hoy es el día en que celebramos el último día del año, la noche vieja.

Se supone que es un día de diversión y reflexión. De nuevas y mejores intenciones, etc, etc, etc…

Este año no voy a resumir mis mejores o peores posts. No voy a hacer una lista de buenas intenciones para el año que viene, sólo un mejor/peor.

Lo mejor: conocer a pensboy.

Lo peor: que como colofón a un año bastante dentro de la normalidad, me han comunicado el aumento abusivo del precio de mi vivienda arrendada de renta antigüa y por lo tanto la dejo.


Resumiendo: Estuvo bien. Punto.

A otra cosa… ¡mariposa!.

lunes, 28 de diciembre de 2009

SACAR EL LADO BUENO (o esperar a que salga el arcoiris)


Parece una cosa tonta. Como si se tratara de una solución mágica que poco tiene que ver con la realidad.

Error.

Sí es posible sacar el lado bueno de las cosas y no es nada mágico. Como siempre, es sólo una cuestión de actitud.

Cuando algo malo nos ocurre o pensamos que puede ocurrir tendemos a pretender adivinar el futuro sin darnos cuenta de que en una situación de estrés o bajo la influencia de un estresante es imposible ver algo con claridad, menos aún el futuro.

Peor aún, las visiones de futuro que nuestra mente (¡mala, mala y mala!) nos devuelve suelen ser catastróficas, negativas. Esto sucede primero porque erramos en pretender predecir el futuro y segundo porque nuestra mente necesita un pensamiento más realista y menos subjetivo, al no recibirlo, se basa únicamente la parte que estamos utilizando: la negativa.

De esta manera, bajo la influencia de pensamientos estresantes (tristes, confusos, subjetivos) es muy difícil encontrar solución a un problema o encontrar claridad en el futuro.

Lo mejor es permitir que la situación o el problema siga su propio rumbo. Relajarnos, permitirnos caer, llorar si es preciso y aclarar ideas. Plantearnos qué es lo peor que puede ocurrir y restarle importancia. Pensar que, en el peor de los casos, podemos sufrir alguna perdida o generar algún tipo de cambio.

Las pérdidas, los cambios, con el tiempo, se pueden convertir en oportunidades de aprender, de crecer, de mejorar. Ése es el lado bueno de las cosas.

Hay que recordar que, tras grandes tormentas, aparecen grandes arcoiris.

Palabra de pensadora.

jueves, 24 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

HERIDAS ABIERTAS


Que la vida es difícil lo sabemos todos.

Que llega una edad en la que todos podemos contar heridas de guerra también.

Y que hay veces en las que esas heridas se abren, es un hecho.

Aunque no queramos, aunque pensemos que todo pasó. Por mala suerte, por casualidad o porque el universo se confabula para darnos una nueva lección, a veces las viejas heridas se abren y como eran viejas duelen cada vez más.

Tras unos cuantos años de tranquilidad y “buenos alimentos” me encuentro de frente con uno de mis peores fantasmas y por tanto una herida que tiene sangrado fácil. No es mi cáncer (menos mal) ni mi útero (menos mal). Se trata de lo que más duele, de aquello que una no puede controlar. Señoras y Señores con el amor hemos topado otra vez más.

Ya he escrito yo mucho sobre el miedo, sobre la incertidumbre y las nefastas consecuencias que estos pensamientos tienen sobre nuestro comportamiento. Miedo e incertidumbre van de la mano.

Cuando uno no tiene la posibilidad de controlar o decidir sobre algo la incertidumbre (¡¡mala, mala, y mala chica!!!) se cierne oscura y macabra sobre la espalda, insuflando el veneno de la ansiedad en el corazón (lo digo de manera orgánica), las palpitaciones y el nerviosismo se apoderan del cuerpo y las combinaciones químicas resultantes aportan un nivel de irracionalidad tremendo al cerebro.

¿De dónde saca ahora una la paciencia necesaria para esperar el resultado final? ¿Cómo se cierra una herida sangrante que ahora ocupa el doble de su tamaño original?. Amigos internautas, estas preguntas tienen respuesta: si los médicos consiguen cerrar una fístula yo soy capaz de todo.

Prometo daros la solución el día que la tenga.

viernes, 18 de diciembre de 2009

LA NIEVE PURIFICADORA


Llegan el frío y la nieve a mi minúscula ciudad y con ellos, los fantasmas. Aunque para los mayores de por aquí la nieve significa riquezas para el nuevo año, a mí me trae el recuerdo de días peores.

Al asomarme a la ventana veo los copos silenciosos, coquetos, como queriendo darme una sorpresa. Agradable al principio, triste al final porque la nieve no sólo entorpece el tráfico oscense sino también despierta lo más profundo del pensamiento. Es como si la nieve quisiera purificar no sólo el ambiente sino también nuestras almas.

¡Que lejos queda ahora la primavera y el verano cargados de experiencias y nuevos encuentros! Cuando las expectativas eran agradables, las apuestas parecían seguras y el futuro perdía toda importancia.

Sólo queda dejar que la nieve caiga lenta, fría, pura. Esperar que algún día marche y deje aquí de nuevo lo que una tanto deseaba y con el frío parece querer marchar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

INDIVIDUALIDAD VS. COLECTIVIDAD


El otro día volvía caminando del trabajo junto a un compañero que está cercano a la jubilación. Como suele ocurrir en estos casos, aprovechamos para hacer algún comentario sobre nuestro quehacer diario. Luego dimos algún rodeo sobre el tiempo y finalmente, inevitablemente, empezamos a intentar arreglar el mundo compartiendo opiniones sobre la crisis y nuestras formas de vida.

Me encanta hablar de estas cosas con personas mayores. Siempre llego a la conclusión de que sus puntos de vista, simplemente, son más sencillos que los míos. No puedo juzgar si mejores o peores, más o menos acertados con la realidad, pero desde luego siempre desprenden más sentido común.

La cuestión es que tras aquella brevísima conversación se me ocurre que la individualidad que atraviesa todos los aspectos de la forma de vida de las generaciones actuales, a lo mejor y al revés de lo que yo pensaba, va en nuestra propia contra sin que nos estemos dando cuenta.

Estamos tan centrados en el propio beneficio que nos olvidamos de que en un mundo globalizado el bien común repercute en el bien individual. Así, si en lugar de centrarme en qué puedo hacer bien yo para mí misma, quizá valdría la pena fijarme de vez en cuando, y siempre que pueda, en el bien común o colectivo.

Si ese pensamiento fuese extensivo. Si todos pensáramos de esa manera, quizá nos daríamos cuenta de que vale más la pena invertir los ahorros en crear negocio y puestos de trabajo en lugar de comprarnos un montón de pisos esperando venderlos especulativamente.

Si pensáramos así, dejaríamos de darle vueltas a la posibilidad de opositar con la única intención de “tocarnos la tripa” el resto de nuestras vidas. Al contrario, lo haríamos con conciencia social, pensando que vamos a prestar un servicio a nuestra comunidad a cambio de un sueldo más que digno.

Si pensáramos así, los que hemos conseguido mantener un puesto de trabajo a pesar de la crisis, intentaríamos seguir moviendo nuestro dinero, intentaríamos ahorrar e invertir nuestros ahorros en el bien de los demás y no sólo en el propio.

Tal como han funcionado las cosas hasta ahora, sé que es muy difícil un cambio general tan radical y más cuando nos siguen vendiendo basura que compramos sin pensar en su utilidad real. Más cuando todos deseamos estar al nivel de nuestro vecino, de nuestra familia, de nuestros semejantes. Pero también sé que nuestro tren de vida sigue siendo insostenible y que algún día tendremos que darnos cuenta. Espero que no sea demasiado tarde para todos.