viernes, 26 de febrero de 2010

UN CUENTO CON O SIN MORALEJA

Caminaba Pensadorita por las callecitas de su Güeskonsin natal pensando en la futura primavera y el día tan hermoso que hacía, cuando de repente, observó sonriente cómo un antiguo compañero de escuela se acercaba hacia ella para saludarle pidiéndole a la vez un cigarrillo.

Pensadorita sacó el elemento fumestible de su bolso y se lo entregó al muchacho quien agradecido le ofreció un huevo de la bolsa de compra que cargaba. Sonriendo como siempre, Pensadorita comentó graciosa:

- Con semejante trueque, en los tiempos que corren, salgo ganando yo.

El muchacho contestó:

- Depende de cómo te salga el huevo.

Entonces, la sonrisa de Pensadorita se convirtió en una sonora carcajada mientras se alejaba rumbo a su lugar de trabajo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL MUNDO EN TECHNICOLOR

“Jo, Pens: yo veo las cosas blancas o negras y tú ves el mundo en colores”.

Aquellas palabras de un buen amigo me hicieron quererme un poco más (si cabe) porque, sí, a mí me gusta ver el mundo en colores.

En psicología, hay una figura que se llama “pensamiento dicotómico”, esto es: ver las cosas en blanco y negro, solamente en sus extremos.

El pensamiento dicotómico es un arma de defensa humana. Cuando no creemos o entendemos nuestro propio potencial, resulta más fácil buscar los extremos para evadir el resto de posibilidades que, en realidad, nos ofrece la vida.

Tener la capacidad o, más bien, la valentía de abrir bien los ojos y observar la amalgama de colores que realmente hay en la vida no es fácil. Es muy difícil e incluso agobiante. Pero lo cierto es que el mundo es mucho más bonito en su esplendor, con sus colores, con su realidad.

Ya he hablado y, posiblemente, seguiré hablando sobre el miedo. El miedo es ese enemigo que tenemos todos oculto dentro y es quien en más de una ocasión nos pide que cerremos la mente y veamos sólo los colores que él nos ofrece: o blanco o negro, sin matices.

Ver el mundo en colores supone abrir un abanico infinito de posibilidades. Dentro de esas posibilidades habrá colores chillones que nos asusten, colores cálidos que nos den seguridad, colores vivos que nos provean alegría y colores oscuros que nos ensombrezcan la vista. Pero todos esos colores son los que conforman el arco iris de la plenitud, de la realidad.

Queridos internautas: imagínense poder disfrutar de la vida en plenitud, poder contemplar el mundo en technicolor… ¿cómo?, sólo les diré que nunca a través del miedo.

Dedicado a mi amigo L.

lunes, 22 de febrero de 2010

DIAS DE SOL Y NUBES

Si la luna afecta a las mareas e incluso a los partos: ¿cómo podemos negar que formamos parte de un todo mucho más grande que el ínfimo planeta que habitamos?.

Se dice que en los lugares donde hace mucho viento hay mayores tasas de suicidios y enfermedades mentales varias. También se dice que los cambios de estación e incluso las situaciones meteorológicas afectan nuestro comportamiento.

A veces olvidamos que nuestra situación de humanitos sólo significa ser uno más de los seres vivos que pueblan el universo. Sí, “universo”, porque no seré yo quien ponga en duda la posibilidad de no estar solos en un espacio infinito.

Pensando esto y recordando unos años atrás una noticia que hablaba de los problemas reproductivos que estaban sufriendo muchos de los animales de la península por el aumento de las temperaturas, me pregunto: si no dejamos de ser un “bichillo” más, a lo mejor los extraños comportamientos que vengo observando últimamente no están lejos de ser la consecuencia de la extraña evolución que está sufriendo nuestro hábitat.

Este invierno está resultando especialmente pesado para todos. Llueve, nieva, ventea… Y no dejo de observar el comportamiento de mis semejantes en derredor. Se respira ambiente nervioso y agobiado. Pesadez, hartura.

Sólo falta un mes para la primavera que “la sangre altera” y tras este largo invierno, en un día como hoy, de sol y nubes, no quiero dejar de preguntarme ¿qué será de nosotros esta primavera cuando la sangre se nos altere?.

domingo, 21 de febrero de 2010

VILLA-ARRIBA Y VILLA-ABAJO

Hay muchos cuentos, chistes, dichos, frases hechas, etc sobre la eterna rivalidad entre pueblos, ciudades o países fronterizos.

Aquí en Güeskonsin tenemos especial aprecio a nuestros vecinos de Zaragoza. Son varios los motivos pero el primero es el asunto de la centralización de recursos. Todo se ubica en la capital “del reino” mientras los provincianitos Oscenses y Turolenses nos quedamos en la cola para todo. Pero bueno, bien, se perdona porque como compensación tenemos el Pirineo, la Longaniza de Graus o la Trenza de Almudevar y en Teruel tienen los Puertos de Beceite o el jamón, por poner algún ejemplo.

Lo divertido del asunto viene en el trato popular. En cómo hablamos en Huesca sobre los de Zaragoza y viceversa. Los de Zaragoza tienen a bien llamarnos Fatos, eso significa como llamarnos “los del pueblo” o “los tontos”. Sin embargo, en Huesca, les tenemos reservados a los zaragozanos un par de motes algo más retorcidos, a saber: 1º) Cheposos: por su gesto de frío al pasar por el puente del pilar cuando sopla el cierzo (viento del norte); 2º) Almendrones: en recuerdo de la almendra amarga.

Lo más cachondo es que allí en “la capi”, hasta hace poco, no sabían de qué iba el asunto y muchas veces se han visto sorprendidos con nuestro trato cuando vienen a visitarnos. En cambio, nosotros, cuando nos pasamos por allí, siempre vamos como estresados, con miedo de que se nos note el provincianismo sobre todo por la forma de conducir con esa parsimonia que caracteriza a los que no tenemos atascos ni prisas. Incluso hay un chiste que dice que un segundo es el tiempo que tarda un cheposo en tocar el claxon cuando el semáforo se pone verde.

También tenemos nuestro momento de gloria cuando, no sin valentía, intentamos “empreñar” a algún almendrón preguntando si Zaragoza es el “pueblo ese que tiene una ermita al lado de una acequia” refiriéndonos, por supuesto, al pilar y el ebro.

Para más diversión y mi sorpresa, últimamente se ha puesto de moda un programa de la televisión autonómica en el que se refleja descaradamente las diferencias entre las provincias de Aragón, para prueba, un botón (atención a la letra, no tiene desperdicio):

viernes, 19 de febrero de 2010

"MALMETIENDO SE APRENDE"

Malmeter significa, en pocas palabras: meter la pata, hacer algo mal o no tan bien como podríamos o quisiéramos.

En mi trabajo diario utilizo muchas técnicas de mejora de procesos empresariales. Es decir, me encargo de medir nuestro trabajo para localizar desviaciones y ponerles solución. Todas estas técnicas son perfectamente extrapolables a la vida diaria, cotidiana o privada de un individuo.

Los humanos, afortunadamente, somos imperfectos y de allí que quien más, quien menos meta la pata alguna vez en su vida. La toma de decisiones es un proceso más de nuestras vidas, tomamos decisiones continuamente, todos los días, desde que por la mañana decidimos lavarnos los dientes o ducharnos, o, simplemente, levantarnos de la cama: todo son decisiones que vamos tomando. Todo es relativo: puedo levantarme de la cama… o no, puedo lavarme los dientes… o no. La cuestión es entender que todo lo que hacemos, por lo tanto, todas las decisiones que tomamos, tienen una consecuencia (acción / reacción). Si no me levanto de la cama llegaré tarde a trabajar o no llegaré. Si no me lavo los dientes me va a apestar el aliento.

Las grandes decisiones de nuestras vidas resultan más complicadas porque se trata de buscar lo que es mejor para uno mismo, siempre. Aquí es donde está el kid de la cuestión. A veces, es posible que erremos al tomar una decisión.

En la gestión empresarial, un error de decisión o una desviación de un indicador de negocio, pueden suponer en realidad una oportunidad de mejora. Es decir, una vez localizado el error o desviación, se tiene la posibilidad de solucionar algo, de mejorar algo.

Lo mismo ocurre con nosotros: los humanitos. Podemos meter la pata, pero metiendo la pata tenemos la oportunidad de ver lo que hemos hecho mal y en consecuencia, actuar para mejorar y aprender.

Siempre que cometemos un error tenemos la oportunidad de mejorar algo para que ese error no vuelva a suceder o, simplemente, la próxima vez lo hagamos mejor.

Amigos internautas: “Malmetiendo se aprende” y más nos vale malmeter de vez en cuando, si no ¿cómo aprenderíamos y por tanto, maduraríamos?.

Palabra de Pensadora.

jueves, 18 de febrero de 2010

MADRID Y MIS BOTAS COLORADAS

A veces son los pequeños viajes los que más nos llenan de esa sensación de haber tirado los problemas por la ventana del tren. Más cuando no hay intencionalidad, simplemente ocurre.

No es de mi gusto la ciudad de Madrid, pero no sé qué manía tan extraña ha cogido este lugar de regresarme a casa con nuevos aires. Será lo del anonimato tan falto en Huesketa city o será que despierta en mí los recuerdos de mi época urbanita allá en mi adorada Caracas.

Tras una larga jornada de trabajo aposenté mis huesos en el hotel, no sin antes lanzar un par de vaporizaciones de mi colonia para quitar los olores a sábana de hospital y cuando me hube ubicado, emprendí lo que esperaba fuera un corto paseo.

Paseando encontré, en un escaparate, un par de botas rojas que me llamaban y me decían que mi mago de oz sólo era visible con ellas puestas y como llevaba mi visa con pinta de baldosa amarilla, en seguida las adquirí con la esperanza de que el gesto de estrenarlas se convirtiera en el primer paso de otro cambio de postura y visión ante mi vida.

No hacía falta semejante gesto pero aquella noche dormí como aquel que duerme mucho y por la mañana descubrí que mis botas coloradas me devolvían la serenidad que nunca perdí: estaba dormida la pobre y necesitaba colores vivos para despertar.

martes, 16 de febrero de 2010

PENSAR O SENTIR EL ARTE

Tanto defender el pensamiento como precursor del sentimiento, tuvo que ser el arte lo que me devolviera al primitivismo…

Fueron un cuadro de Ángeles Santos Torroella y una corta frase de Punset los que desmoronaron en un par de días mi teoría.

Escribió Punset que “los sentimientos son más veloces que el pensamiento” y, al leerle, primero he renegado pero después me ha venido el recuerdo de la imagen del cuadro “Un Mundo” de la Santos. Me he recordado a mí misma sonriendo emocionada ante la singular belleza de aquella pintura que un par de días atrás me había fascinado más que “El Guernika” durante mi fugaz visita al Reina Sofía.

Mi teoría se fundamentaba en que antes de desencadenarse el sentimiento ha de existir un pensamiento previo, pero… si esto es así: ¿qué pasa con el arte?. Porque lo cierto es que no pensaba nada mientras la emoción me embargaba recorriendo el museo y más ante el cuadro aquél.

Cuando uno contempla una obra de arte, ésta puede (o no) producir algún tipo de reacción, es decir, un sentimiento, una emoción. Entonces ¿dónde queda aquí el pensamiento? ¿se elimina de la ecuación?. A lo mejor no, quizá simplemente pasa a ser el producto de un sentimiento.

lunes, 15 de febrero de 2010

LIBERAR A MERCHE


Tres años atrás, mientras trabajaba, recibí la noticia de que allá dentro, en el taller, se había montado revuelo ante los maullidos de un mini-felino que parecía haberse quedado atrapado en el motor de una furgoneta Vito.

Los mecánicos, acobardados, buscaron mi ayuda sabedores de mi pericia para con los animales. Me acerqué, agudicé el ingenio y con algo de maña conseguí liberar al animalillo que asustado, al verse liberado se lanzó a mi regazo. Le miré, me miró y nos enamoramos la una de la otra. Así encontré a Merche: mi gata callejera.

Durante este tiempo, Merche (llamada así en honor de la marca del coche del que la salvé) ha hecho las veces de fiel compañera de piso. Como todos los gatos es esquiva y salvaje. Me destrozó el sofá con sus uñitas y más de una vez tuve que cerrarle la puerta del balcón para que me dejara descansar pues en primavera el celo le hacía buscar mi cariño maullando y arañando la puerta de mi habitación donde no le dejaba entrar.

Nunca le quise esterilizar. Tampoco le cortaba las uñas. Quise darle un trato lo más cercano posible a lo normal de un gato urbano. Era un animalillo más o menos libre. Tenía una gatera en la puerta del balcón a través de la cual se escapaba y pasaba horas merodeando por los tejados vecinos.

Al decidir dejar el pensático tuve que decidir también qué haría con ella. Lamentablemente, en casa de mis padres se me prohibió llevarla y empecé así la búsqueda de un nuevo hogar para mi Merche. Se abrieron opciones, llamé a alguna asociación y publiqué en Internet su perfil. Hubo poca respuesta y la que hubo no me convencía hasta que pensé que a lo mejor mi gatita callejera sería más feliz en el pueblo: libre.

Durante el trayecto desde Güeskonsin hasta el pueblo ella maullaba y yo lloraba pero conforme me acercaba pensaba más en su felicidad y disfrutando como siempre del paisaje natural y rural de las cercanías de mi pequeña ciudad entendí que Merche podría ser más feliz allí de lo que fue en los tejados.

Al abrirle el transportín en el patio de la casa, volvió a lanzarse asustada a mi regazo, como preguntándome ¿por qué me haces esto, mami? Hasta que, de repente encontró un rincón que le gustó, allí se escondió y me castigó: no quiso volver hacia mí que, asustada, la llamaba.

Con el corazón en un puño volví a montar en el coche y me autoconvencí de que había hecho bien, de que Merche ahora sería más libre que nunca.

Ayer me llamó mi cuñado para contarme que no sólo ya se ha adaptado a su nuevo hábitat, además, anda acompañada de otro gatito macho. Mi Merche es libre y además se ha enamorado. ¿Qué más puedo pedir?.

lunes, 8 de febrero de 2010

ENCONTRANDO LO BUENO

Recuerdo mi época de pensamientos subsuelíticos cuando tras vencer la batalla y ganarme de nuevo mi propia vida, no encontraba sentido a casi nada. También recuerdo para entonces pensar continuamente que deseaba que ocurriera algo bueno de una vez, sin darme cuenta que el mundo con sus cosas buenas seguía girando a mi alrededor y era yo misma la que estaba quieta en el centro de mi propio universo con la venda del miedo cegando mis ojos y manteniéndome quieta, al margen de la dinámica de la realidad.

Muchas veces pensamos que lo bueno ha de tener algún componente mágico, como si hubiera de hacerse esperar o sólo pudiera llegar de una manera casual o azarosa. Puede que sea así como ocurra normalmente, pero no es casualidad que sólo cuando uno deja de esperar grandes eventos como precursores de algo de felicidad ocurren pequeñas cosas que, sin esperarlo, se convierten en lo mejor de la semana, o del mes, o del año.

Puede sonar a psicología barata, pero doy por sentado que sólo cuando ponemos la voluntad de querer ver más allá de lo evidente, somos capaces de recibir lo bueno que la vida nos ofrece.

Palabra de pensadora.

sábado, 6 de febrero de 2010

NO ESTAMOS LOCAS, SABEMOS LO QUE QUEREMOS


Vive la vida igual que si fuera un sueño…

Así reza la canción de Ketama que tampoco me gusta mucho, pero mira, para titular lo que estoy pensando ya me viene bien.

Parece ser que no soy la única despechada por esta nuestra blogosfera querida. Así que (¡como no!) Me ha dado por pensar.

Ante una ruptura que se motiva de manera ajena a nuestra voluntad, es decir, cuando el novio nos deja, las chicas solemos sufrir algún ataque de descomposición mental y solemos centrarnos en la auto acusación del tipo “tendría que haberlo visto venir” “me lo merezco por buenaza”, además del estado de shock del tipo “no me lo puedo creer, ¿otra vez?”. Esto más de una vez nos lleva a pensar que tenemos algún tipo de problema cerebral porque cuesta entender que el empeño que ponemos en lo que hacemos no de los resultados deseados.

Señoras, no estamos locas, simplemente sabemos lo que queremos. Pero lo que queremos no depende exclusivamente de nosotras. Al contrario de lo que ocurre en otras parcelas de nuestras vidas, en el amor, no podemos manejar la situación a nuestro antojo. Una relación es cosa de dos y de la misma manera que dos no discuten si uno no quiere, no hay noviazgo, o matrimonio, o “arrejunte” si uno no quiere.

El estado de shock y los sentimientos de culpabilidad no sólo son usuales sino que también son normales y eso no significa estar locas, simplemente significa que hay algo que no podemos controlar y necesitamos tiempo y pensamiento para recolocar nuestra vida que vuelve a ser en singular.

Así que, vivamos la vida igual que si fuera un sueño, con la alegría de pensar que lo más importante para vivir es tenernos a nosotras mismas. El resto solo es algo que queremos pero no necesitamos.

Dedicado a Rebeca.

viernes, 5 de febrero de 2010

LA AVARICIA ROMPIO EL SACO

Lo del ex pensático trae cola amigos. ¡Sí señor! A veces y sólo a veces se hace justicia.

Ya dije yo que muchas veces aquello que deseamos puede llegar aunque no en la forma que esperábamos y así ha ocurrido con el asunto de mi vivienda.

Tras comunicar a los propietarios que, puesto que pretendían realizar un ejercicio excesivo de su derecho de aumento de renta y modificación de contrato, era mi deseo abandonar el inmueble. Por lo visto, se produjo un enorme revuelo en toda la comunidad de propietarios lo cual se tradujo en una nueva reunión que realizaron ayer.

Así que anoche, con el tinte de pelo puesto en el tozal (es decir: con el pelo lleno del emplaste y con pintas de haberme retozado con el coco en un pozal de heces), recibí la visita de una las vecinas que regresaba de la reunión para notificarme que toda la comunidad se había retractado de su decisión y me hacían una nueva oferta mediante la cual me pedían disculpas y proponían que me mantuviera en el inmueble con una mejora de las condiciones. La “mejora” para ellos es subirme un 20% en lugar del 70% que pretendían.

Con toda la dignidad que me permitía mi aspecto (recordemos lo del tinte), le comuniqué a ella y por ende al resto de propietarios que: ¡se metan el puñetero ático por donde mejor les quepa! Porque esta pensadora tiene mejores planes (bueno no tiene planes, pero cuando los tenga serán mucho mejores, seguro).

Lo importante es que se haya hecho un mínimo de justicia y quienes pretenden abusar de una persona vean que no es tan fácil. Que la avaricia rompe el saco porque, como bien dicen en Venezuela, ahora se han quedado “sin chivo y sin mecate” (sin cabra ni cuerda para sujetarla).

Así que ya ven ustedes, queridos internautas, a veces no se consigue todo lo que se quiere pero sólo con un poquito de cordura y saber escribir, al menos, se consigue una parte.

martes, 2 de febrero de 2010

NO TODO SON PENAS (o mira que animan los chicos de “Arizona Baby”)

Parece que últimamente no cuento más que penas, pero no se lleven ustedes a error, queridos internautas, aquí la Pens hace más cosas además de penar por las esquinas cual pajarillo herido que quiere volver a aprende a volar… ¡AINS!.

El otro día mientras trabajaba recibí la llamada de un amigo: “Pens, nos vamos de concierto esta noche, a Sabiñánigo ¡he dicho!”.

Dicho y hecho! Sale una de trabajar, descansa un ratito, se mete en la ducha y después pelea con el armario, pelea con el secador, pelea con el rimel, pelea otra vez con el armario y, al final, pelea con los padres: “¿dónde vas? ¿así vas a salir con el frío que hace? ¿hasta Sabiñánigo hoy, si va a nevar?... aaaahhhh! Bueno! Con esa chaqueta mejor hija mía, pásatelo muy bien!”. (¡AAARRRRGGGG!!! ¿Y yo quería volver a tener quince?, ¡por dios!).

Rumbo al dichoso pueblo coronamos el puerto de Monrepós bajo una inquietante llovizna algo blanquecina, pero somos valientes y positivos: no es nieve, es que como hay luna llena las gotas reciben su reflejo y parecen copos de nieve pero no, sólo es agua. Ilusos.

Llegamos al local y la primera impresión es que la cosa no va a tener mucho éxito, hay poca gente. A la media hora llegan los chicos de la banda “Arizona Baby” y no puedo evitar comparar la estética del cantante con el malogrado Jerry García de “Grateful Dead”, pienso: “igual van de ese rollo, entonces gozaré”.

Tampoco estaba muy alejada. Me encantaron. Hicieron las delicias de mis oídos con sonidos áridos, desérticos… una mezcla folk-psicodélica que me extraña pueda dejar a nadie indiferente. Tres virtuosos unidos: una voz más que versátil, un virtuoso de la guitarra y un percusionista la mar de hábil que daba el toque coral a todos los temas con muchísimo tino.

Como no sé describirlos bien, voy a dejar que lo hagan otros por mí, así que si desean ustedes más información, por favor, pinchen AQUÍ y AQUÍ.

Un ¡hurra! por Arizona Baby, estos chicos harán algo, me encantaron.

Por cierto, lo que es la contradicción humana. Comentario materno del día siguiente: “¡que pronto llegaste anoche, hija!”… si es que nunca están contentas.

lunes, 1 de febrero de 2010

EMPAQUETAR UNA VIDA

Ayer comenzó oficialmente mi retirada del expensático. Tengo mucha suerte y unos cuantos amigos forzudos se prestaron a ayudarme para desmontar muebles y transportarlos a su nuevo habitáculo (una gran habitación en la casa del pueblo de mi cuañado, ¡ufff! Al menos estarán a salvo). Anteriormente ya había estado yo empaquetando todas las pequeñas cosas que me habían acompañado durante estos últimos seis años: cuadros, vajilla, ollas, sartenes, sábanas, mantas, libros, discos y elementos varios de decoración.

Mientras trasladábamos cosas, de repente pensé que allí estaba mi vida: empaquetada.

Allí en Albero Bajo, a sólo diez minutillos de Huesketa se quedan empaquetados los últimos seis años de mi vida. Allí se quedan los recuerdos de noches de insomnio, días de resaca, días de incertidumbre, de miedos, pequeñas alegrías, amigos, amigas, amantes … Allí queda guardado el recuerdo de mi vano intento de crear un hogar, mi propio hogar.

No tengo la más remota idea de lo que me espera, pero no me inquieta.

He decidido hacer una pausa. Detener mi propio tiempo. Empezar de nuevo, pero no desde cero.

Aquél ático y yo siempre tuvimos una relación tortuosa, de amor-odio. Fue una simple casualidad, yo me acababa de ir de casa de mi novio y mis padres me habían recibido con los brazos abiertos, encantados de que por fin pusiera fin a aquella relación insana y descabellada. En mi ánimo de recomponer mi vida tras la hecatombe de un año completo de desgracias varias pensé que no quería regresar al hogar paterno, que quería ser independiente y buscarme la vida. Así surgió la idea de preguntar por el antiguo piso del portero del mismo edificio donde viven mis progenitores.

La negociación fue simple: un alquiler muy barato por un ático al que se accedía por escaleras desde el último piso a donde llegaba el ascensor. Con poca calefacción, poca luz y entrada por la cocina. Un ático con las mejores vistas de la ciudad pero con un baño del año del pum y una cocina cochambrosa. Sólo quise fijarme en las vistas que me ofrecía el balcón, era encantador.

Con la ayuda de mi padre que para entonces tenía una empresa de cocinas y baños, modifiqué la cocina y le puse un mejor aire al baño.

Recuerdo que me costó mucho dormir las primeras noches, allí solita, escuchaba ruidos por todas partes, todo sonaba a vacío y nunca dejó de sonar así.

Durante todos estos años me he sentido allí como si sólo estuviera de paso. De hecho ya llevaba un tiempo manejando la idea de buscar algo mejor, las preciosas vistas del balcón ya no compensaban los inviernos heladores ni el sin fin de mejoras necesarias que me rascaban el bolsillo todos los años. Cada vez que me pasaba algo triste o los nervios se me apoderaban, normalmente en invierno, me parapetaba en casa de mis padres hasta que se me ocurría alguna mejora, algo que cambiara la energía de aquel lugar. Hiciese lo que hiciese, nunca lo conseguí.

Parte de mi vida se queda empaquetada. Miro ahora esos paquetes y muebles desmontados como si pusiera mis ahorros en un fondo de inversión que espero crezca y me de beneficios que, de momento, son la promesa de la construcción de un nuevo hogar. De un hogar real, el mío.