miércoles, 29 de septiembre de 2010

OTURIA Y PADERNAS: UNA DE CAL Y UNA DE ARENA

Uno de los motivos de quienes gustamos del montañismo es el ponernos a prueba frente a los elementos. De esta manera nos enfrentamos a nuestras propias capacidades y muchas veces aprendemos auténticas lecciones de humildad porque, a veces, no queda más remedio que renunciar a un objetivo y aceptar pequeñas derrotas.


La cumbre del Oturia se presentaba como una excursión larga aunque fácil y, a pesar de los 1.000 metros de desnivel que hubimos de salvar, se dejó conquistar un soleado día dejando a la vista todos los encantos de mi amado pirineo. Los elementos no hicieron su aparición y todo fue calmo y fácil.




Al siguiente fin de semana la cosa no pintaba tan fácil. El objetivo inicial era el Salvaguardia, en el valle de Benasque. Amaneció frío, ventoso y nevado así que elegimos otra opción que, en principio, resultaba más asequible.




El pico Padernas, con poco más de 2.600m. de altitud parecía una buena elección. Allá que nos lanzamos y sufriendo los típicos resbalones culpa de las primeras nieves, poco a poco fuimos ganando altitud y disfrutando de las vistas de la zona más alta del pirineo. Con el glaciar de las Maladetas dejándose ver en su esplendor e imaginando el Aneto justo detrás, alcanzamos el collado que nos lanzaría a la ansiada cumbre. No pudo ser. Las primeras nieves y las bajas temperaturas de la noche anterior, habían formado placas de hielo imposibles de sortear, aunque hubiésemos portado crampones o piolet.




Hacía tiempo no saboreaba el agridulce sabor de una derrota montañera. Ese sentir que el esfuerzo no ha tenido recompensa, que la voluntad no es suficiente para alcanzar lo que se quiere. Pero, a pesar de la derrota, contemplé belleza allá donde pisé.

Así es la montaña, a veces llegas y a veces no: una de cal y una de arena.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ACLARANDO IDEAS


Salí de mi cubículo laboral desganada, apesadumbrada. Con un aturdimiento cerebral de esos que sólo un día difícil puede configurar. Con muchas metas que alcanzar y ninguna entre mis manos, las ideas vagaban desordenadas buscando un final que no llegaba. Mi sinapsis estaba fuera de control.

Subí el volumen de la música y allí, ubicada en mi bala plateada, mientras buscaba el mejor camino de regreso al hogar, un semáforo en rojo me permitió mirar hacia fuera del parabrisas.

Las copas de los árboles urbanos bailaban con el viento de la tormenta que se apagaba y por encima de ellas, aunque tímido, el sol del atardecer se abría paso entre las nubes grises aportando colorido y claridad a las calles todavía húmedas.

En lo que tarda un simple semáforo en cambiar de color, el desorden cerebral se esfumó con las nubes de aquella tormenta y uno de los últimos rayos de sol veraniego me regresó a la lucidez de las buenas ideas.

domingo, 19 de septiembre de 2010

UNA EPOCA, UN MOMENTO… UNA CANCIÓN: SONIDOS DE INFANCIA

Caracas era caótica pero, dependiendo del barrio donde vivieras, los sonidos se alejaban dejando un murmullo casi insonoro que bien podía hacer de nana.

Allí, en una minúscula colina perteneciente al barrio de “El Marqués” se asentaba la calle Maracay con su edificio tocayo y la habitación que, gustosamente, compartía con pens-sister. Ella, como cualquier joven de esa y esta época, escuchaba la radio a todas horas: mientras estudiaba, mientras se duchaba, cuando se arreglaba para salir. Y yo, todavía infante, obviaba los ecos lejanos del centro de la ciudad y de las barriadas de chavolas cercanas para afinar mis oídos al son del “american top fourty”, de donde se desprendían hits que ahora calificamos de históricos, pero que no están tan lejanos, sólo unos años…


jueves, 16 de septiembre de 2010

BRICO EMPANADA (Lo que le puede pasar a una por valiente)



Lejos quedaron ya los plácidos de días de convivencia en el cálido nido paternal. Las gestiones e insistencia de esta pensadora dieron su fruto y en menos tiempo del esperado consiguió la vivienda con la que soñaba. Un pisito de alquiler protegido en el centro de la ciudad, con garaje y trastero. Un hogar de verdad.

Mudarse dos veces en menos de seis meses descuadra a cualquiera pero una se “ata los machos” y “tira para delante” porque la cosa es saber aprovechar las oportunidades que la vida te da, por muy poco oportuna que ella sea.

Ya sólo queda decorar. Darle a la vivienda ese toque personal, esas cuatro tonterías que la convierten en el propio hogar. Así que taladro en mano se dispuso esta valiente a colocar cortinas sin cesar.

Era domingo, tras una larga siesta de esas de pijama y orinal. Sin avisar, sin pedir consejo ni ayuda, me dispuse a agujerear el techo de la habitación. Segura de haber elegido atinadamente la hora, el lugar, las medidas y el soporte ideal para las cortinas naranjas que habrían de proteger mi sueño de la luz matinal y las miradas indiscretas.

Primer agujero: perfecto, limpio, preciso.

Segundo agujero: el taladro se encuentra con algún material más duro. Indago y consigo ver que se trata del perfil del pladur de mi techo de protección oficial. Cabizbaja me digo a mí misma que debería haber pedido consejo antes de empezar y mientras me muevo para pensar, torpemente me caigo de la silla en la que estaba encaramada con la suerte de aterrizar en la cama que me salva del posible moratón. En otro giro torpe me atraganto y “escaño” perdiendo la respiración por unos segundos eternos en los que se me ocurre:

- Primero, respirar;
- Segundo, reírme de mi torpeza
- Y tercero, ¡pedir ayuda!

Estas cosas me pasan por valiente. Si es que…

miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL ENGOMINAO



Una vez más, como tantísimas otras, Mr. Pez Martillo ha despertado el pensamiento en mí y, así como él tiene a las salseras “Sex-and-the-City-Adictas” medio decapitadas, tengo yo al espécimen que vengo a llamar “engominao”.

Es algo que me supera. En el momento en que el aroma de esa mezcla entre gomina “giorgi”, desodorante “axe” y colonia “ultra violet” empapa mis fosas nasales, se desata en mí un instinto extraño, una alerta. Allí llega el engominao con camisa a rayas y moreno playero rancio para preguntar sin pudor por mi estado civil. Y allí mismo estoy yo, con mis vaqueros y mi colonia de Yves Rocher “espanta-pesaos” buscando la salida de emergencia más próxima.

viernes, 10 de septiembre de 2010

PROPIA RESPONSABILIDAD




Se ha puesto de moda en las noticias el asunto de los extranjeros que saltan a las piscinas desde los balcones de los hoteles. “Balconing”, lo llaman. Esto está suponiendo consecuencias que me resultan inauditas, como por ejemplo que los hoteles se vean obligados a instalar medidas de seguridad para evitar estos juegos.

Es lo que tiene la sociedad civilizada, los ciudadanos ya no somos responsables de nuestro propio civismo. Ni siquiera de nuestras propias vidas. El responsable es cualquiera menos nosotros.

¿Que se me va la cabeza y me tiro por un puente para abajo?, culpa del gobierno porque los puentes deberían tener protecciones anti-suicidas. ¿Que desde la habitación del hotel la piscina resulta más tentadora, me tiro y me mato?, culpa del hotel por no tener protecciones anti-idiotismo.

Se me ocurre que se invierte mucho en infraestructura proteccionista y poco en educación y valor humano. Me parece que cada vez nos damos menos valor, más que nada porque todo está hecho. Estamos protegidos y si no sabemos comportarnos o no tenemos la capacidad de valorar nuestras propias vidas, la culpa no es nuestra, será del gobierno.

¿Dónde queda la propia responsabilidad? ¿Dónde el sentido común?. No es cuestión del director de un hotel el que unos muchachos, faltos de materia gris suficiente, se jueguen sus vidas. No es cuestión del ayuntamiento que mi hijo haga el gamberro en el parque y, por tirarse de cabeza por el tobogán, se me haga tremenda cuquera . La cuestión es que si no nos enseñan no aprendemos y, en lugar de enseñarnos, nos están “aborregando”: todo en bandeja para que usted haga lo que le de la gana y no nos pueda denunciar.

Pronto olvidaremos que también existe la propia responsabilidad, la que nos dicta lo que está bien o mal para uno mismo. Total, al final terminaremos saliendo de casa con tobilleras, coderas y casco por imposición legal, no sea que nos caiga una teja en la cabeza o algo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL VALOR DE PELAR LA CAÑA


Llevo unos cuantos días compartiendo opiniones sobre las vacaciones con algunos compañeros blogueros. Todos coincidimos en el absurdo de andar buscando satisfacciones ajenas en lugares ajenos que nos conducen más al estrés que al verdadero descanso.

Admito que a mí me gusta mucho viajar pero también admito que viajar cansa. Así que, como el amigo Pez Martillo, suelo viajar más bien en fechas extrañas y no como una forma de descanso, si no de conocimiento pues, a mi parecer el descanso es otra cosa.

Para mí descansar supone no hacer nada que pueda hacerme perder la más mínima cantidad de energía, en pocas palabras: “pelar la caña”.

Imaginen ustedes una playa paradisíaca y un lugareño con una caña de azúcar en una mano, una navaja desvencijada en otra y el tiempo pasando lenta, muy lentamente. Digamos que la cosa iría a razón de una caña pelada por hora, aproximadamente.

Ahora sólo hay que aplicar esto mismo a el no tener que ir a trabajar e invertir el tiempo en hacer las cosas que no podemos mientras estamos en horario laboral. Leer, dormir, pasear… todo con mucho tiempo, lentamente. Sentarse en un tras-aire, en un hermoso paraje y no hacer nada, sólo estar y ser. Ahí está el valor de pelar la caña, en saber estar y además conseguir ser.

sábado, 4 de septiembre de 2010

MOMENTOS CUMBRE DEL VERANO: final del concierto de Jónsi

Ya fue un acierto mi visita al Sónar del año pasado, pero éste, este año fue acertadísima.

Salimos algo tarde desde casa de Lolíndir dirección al recinto contenedor de música y emociones que nos esperaba. Los nervios me tenían con el vello y cabello de punta y no dejaba de entrar gente al vagón de metro. Se me hizo eterno el poco tiempo que debió pasar desde que subimos hasta que se cerraron las puertas y, una vez encerrados en la cápsula transportadora, empecé a notar que el ambiente estaba festivo: todos íbamos en la misma dirección.

Finalmente, llegamos al lugar en una procesión de gente que reflejaba claramente que se trataba de una ocasión muy especial para todos. Nosotros incluidos.

Al entrar, buscaba ansiosa el escenario donde se daría lugar el concierto del sin par Jónsi. Dimos con él justo a tiempo para buscar un hueco cerca del escenario y ver cómo las linternas le iluminaban el camino al escenario donde se plantó todo él: sencillo y emotivo, como me gustan a mí las cosas.

Salté, aplaudí, canté y grité incluso al cameraman que, sin pudor alguno, se me plantó delante para grabar justo en una de las canciones que más me gustan. No se preocupen, le perdoné.

Ya hacia el final del concierto, más bien durante la última canción, mis gritos, saltos y cánticos se convirtieron en una boca abierta en signo de admiración que desembocó en un lagrimón que, traicionero él, me corrió por la mejilla para decirme que la belleza me sigue persiguiendo y que si no viene, yo siempre iré a por ella.

Las grabaciones del sónar colgadas en youtube no tienen mucha calidad, así que aquí dejo algo que se parece bastante:


viernes, 3 de septiembre de 2010

IBONES DE ARRIEL Y RESPOMUSO

Sábado, 6:00 a.m. hora zulú:
- DESPERTADOR: Ding, dong, ding - ¡clin, clin!
- PENSADORA: zzzzzzzzzz zzzzzzzzz
- DESPERTADOR: Ding, dong, ding - ¡clin, clin!
- PENSADORA: (en voz baja) mmmm nooooo mmmm, quince minutos más…
- DESPERTADOR: ¡vale!
Sábado, 6:15 a.m. hora zulú:
- DESPERTADOR: Ding, dong, ding - ¡clin, clin!
- PENSADORA: ¡que pesao!
- DESPERTADOR: ¿Tú no querías ir al monte?, llegas tarde.
- PENSADORA: AAARRRGGGG!!!
- DESPERTADOR: Acuérdate de lo que te espera...


Mi queridísimo pirineo me esperaba y, como no podía ser de otra manera, allí le encontré dispuesto a recibirme pero esta vez algo duro conmigo. La larga temporada sin hacerle caso había de costarme algo.

Para que se pongan ustedes al día: Ibón es la palabra que empleamos los Güeskonsianos para señalar los lagos de origen glaciar que, desperdigados por todo el pirineo, aportan ese toque mágico al paisaje de los valles en sus cubetas glaciares. Así, dejan constancia de que, en su día, por allí pasaron toneladas de hielo en un viaje de no retorno.

Esta vez, y para variar, fueron unas compañeras “Peña-guarenses” las que me propusieron la idea de hacer una interesante travesía para visitar unos cuantos Ibones. El esfuerzo valió la pena y aquí queda el resultado de una estupenda jornada de montaña:





jueves, 2 de septiembre de 2010

MIEDITOS


Dormía cómodamente envuelta en mis sábanas, acurrucada en el centro de mi enorme cama, cuando un terrible estruendo interrumpió algún dulce sueño que ya no recuerdo.

Lo que tiene vivir en el casco viejo de esta mi Güeskonsin querida es que estás en lo más alto de la ciudad, así que si una tormenta ha de desatarse, los rayos caerán a tu ladito, siempre a la verita tuya… ¡menuda gracia!.

Un rayo detrás de otro, viento y ruidos variados me han mantenido la madrugada de hoy como en mi más dulce infancia: escondida debajo de las sábanas con dos almohadas y dos cojines como barricada de defensa. Resulta curioso, me encantan las tormentas en la montaña donde son más peligrosas, pero en casa, de noche, poco antes del amanecer y sola: así las odio.

Triste comienzo para un día que se adivina gris, húmedo y fresco. Todo un adelanto de lo que nos deparará el otoño.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

VIUDITA ALEGRE


Leyendo blogs sobre la soltería y sus pormenores y pensando en las propias experiencias, de repente, como si se me encendiera una enorme bombilla en la cabeza, se me ocurrió compararme con una viuda y, aunque no sea comparable el caso, hay un tipo de viudedad que se acerca mucho a la situación de muchas solteras actuales y el mío propio.

Pensemos en una joven viuda que perdió a su marido de manera accidental, no esperada. La vida sigue y no le queda más remedio que cargar con su pena, superar su duelo y seguir adelante mientras el tiempo lo cura todo. Pero ahí está, ya tuvo el amor, ya lo vivió y al menos sabe que amó y fue amada, al menos, una vez.

Se me ocurre que la soltería se haría más llevadera si aquellas que hemos tenido la suerte de disfrutar de las mieles de alguna relación sana, por más que ésta se haya roto y por más que los motivos de la ruptura no hayan sido los deseados, podríamos intentar pensar como una viudita alegre que está encantada con la vida porque ya conoció el amor y aunque éste ya no exista materializado en la figura de un hombre, se puede mantener vivo en el corazón, no con el recuerdo de una persona en particular, si no con el recuerdo de la mejor parte de lo vivido, porque al fin y al cabo, si una ha invertido tiempo y energía en una relación es porque valió la pena mientras duró y es tontería mantener en el recuerdo únicamente lo malo que, seguramente, duró menos tiempo que lo bueno.

Tengo la suerte de haber vivido unas cuantas experiencias y también tengo la suerte de poder mantener muy buenos recuerdos de todas ellas, incluso de las peores. Como yo, seguro que hay muchas coetáneas y coetáneos que cuentan con la misma suerte. Así que, en lugar de auto-proclamarnos “singles” o “solteronas”, ¿por qué no colgarnos la medalla de “Viuditas alegres”?. Ya conocemos el amor, lo disfrutamos, amamos, fuimos amadas y aunque no sabemos lo que nos depara el futuro, de momento, podemos disfrutar la vida como una joven viuda que ya lloró su pena, se recuperó y disfruta lo bueno que todavía hay por delante.