viernes, 29 de julio de 2011

BONITO DEL NORTE


¿Sabían ustedes que para que un Bonito del Norte se considere auténtico ha de pesar a partir de cuatro kilos y ser pescado en el mar Cantábrico únicamente con anzuelo?

El Bonito del Norte se diferencia del simple atún por su “textura suave” y “exquisito sabor”, según los entendidos en gastronomía.

Aquí servidora da fe. He tenido la valentía de soltar mi anzuelo aunque en un mar más bien de secano, con la buena suerte de haber pescado un auténtico Bonito del Norte criado en pleno Cantábrico y con un peso magníficamente superior a los cuatro kilos de rigor. Un ejemplar nada escurridizo que eligió bien el anzuelo seguramente atraído por el “cebo vivo” tan utilizado allá en su mar de origen.

Dado el peso del ejemplar en cuestión, creo que tendré Bonito para rato y encantada oiga.

miércoles, 20 de julio de 2011

UNA EPOCA, UN MOMENTO... UNA CANCIÓN: "LIVIN' ON THE EDGE"

¡Que plácidos aquellos años noventa que no volverán!
Cuando las hormonas campaban a sus anchas y les hacíamos caso.

Cuando se podía trasnochar y estudiar a la vez.

Cuando no hacía falta teléfono móvil para econtrar un amigo.

Cuando todos nos reuníamos en el mismo lugar sin tener que quedar.

Cuando nos parecía que vivíamos al límite.

Cuando no conocíamos siguiera que existiese un límite para algo.

A veces, y sólo a veces, recuerdo un tiempo en que gritaba y saltaba al son de esta canción...

viernes, 8 de julio de 2011

PREOCUPARSE U OCUPARSE ¡ESA ES LA CUESTIÓN!



Si tienes un problema y tiene solución ¿de qué te preocupas?
Si tienes un problema y no tiene solución ¿de qué te preocupas?
(Proverbio chino, creo.)



Uno de los muchos sentimientos negativos que todos hemos experimentado y experimentaremos alguna vez en nuestras vidas es la preocupación. Ese run-rún interior que a veces hasta nos quita el sueño, no es más que la antesala a una acción encaminada a solucionar (o no) algo.

Se me ocurre que el proverbio chino no anda desencaminado, pero más que simplemente “pasar” de la preocupación, deberíamos preguntarnos qué es lo que nos preocupa, qué podemos hacer para solucionarlo y actuar en consecuencia. Como un proceso natural y rápido. No por más preocuparnos se va a solucionar algo ni vamos a encontrar solución a algo que no la tiene.

Hay un tipo de preocupación que no tiene que ver con uno mismo sino con lo que le ocurre a alguien cercano, esto se acerca más a la empatía que es sana hasta cierto punto. Cuando nuestra preocupación por otros supera un límite permisible, podemos llegar a convertirnos nosotros mismos en la preocupación de otros. En este caso es siempre mejor actuar si es posible o simplemente apoyar si la situación lo requiere.

Hay épocas en las que inevitablemente uno puede verse sumergido en una fase de preocupación continuada. Es ese momento en el que uno sabe que hay un problema que resolver, pero esa resolución necesita un tiempo y/o acciones que no dependen de uno mismo. Ese es el momento de sacar partido a todos los entretenimientos posibles evitando la preocupación excesiva. Dicen incluso, que es bueno marcarse un horario para estar preocupado, como una rutina, mientras no podamos ocuparnos en el problema en sí y actuar, mejor recordarlo durante un rato programado y luego a otra cosa. Al principio es difícil, pero como todas las rutinas, finalmente, ni te das cuenta.

La preocupación ante los problemas que no tienen solución es otro cantar. Uno puede empezar preocupándose, pero de tanto dar vueltas sobre algo que siempre nos lleva al mismo sitio, finalmente, podemos convertir la preocupación en algo más serio e insano. Este es el momento de la adaptación, de no preocuparse sino ocuparse y aprender a vivir con aquello que no podemos cambiar. Estas situaciones suelen ser nominadas popularmente como “una cruz”, añadiéndole peso y dificultad. Yo prefiero convertir esas cargas y preocupaciones en una maleta con ruedas, que siempre viaja conmigo pero a un ladito, sin molestar apenas.

Queridos internautas: Mejor ocuparse que preocuparse.

Palabra de pensadora.

martes, 5 de julio de 2011

EL SUEÑO EUROPEO


Esta mañana, mientras desayunaba, miraba estupefacta las noticias en las que políticos y sindicalistas lanzaban opiniones dispares sobre el tradicional descenso del paro que se sucede en estas fechas. “Tan tradicional como el turrón de navidad o el melocotón con vino de San Lorenzo”, he pensado. Todos los años ocurre lo mismo: baja el paro durante el verano, el gobierno se pone la medalla, la oposición critica y los sindicalistas negrean el ambiente. Es la tradición.

He querido quedarme con las declaraciones del Sr. Iglesias. Según él (o su partido, o el gobierno… ¿qué más da?), estas cifras son la prueba de que se está saliendo de la crisis, comentario ante el cual no he podido evitar menear la cabeza y asentir como diciendo “ajá” con toda la sorna que me cabe en el cuerpo. Porque no creo yo que siquiera estemos en posición de imaginar una futura salida de la crisis.

La cuestión es que he dejado de creer en la crisis. He dejado de creer que se trate de una crisis tal como la conocemos. Creo más bien que nos estamos despertando de un corto y plácido sueño en el cual los países “modestos” del continente europeo nos convertíamos en países enriquecidos y prósperos.

He querido darle forma de sueño porque los sueños, sueños son y tienen el defecto de terminar. No se sabe cuándo, pero terminan. Al menos no estamos despertando de golpe, lo vamos haciendo poco a poco, desperezándonos y haciéndonos los remolones al más puro estilo español, como debe ser ¡si señor!.

Remoloneamos para darnos cuenta de que no somos ricos, de que nunca lo hemos sido y de que no lo seremos porque no tenemos medios, porque aunque los tuviésemos nunca hemos sabido utilizarlos y tenemos ese carácter ibérico que nos hace reacios a las innovaciones. Remoloneamos para admitir que el euro es caro y que no llegamos a pagarlo, al menos no llegaremos a no ser que aprendamos a trabajar mejor, no más, sino mejor cosa que tampoco se nos da muy bien en un país acostumbrado a las horas extra pero no realmente productivas. Remoloneamos para darnos cuenta de que necesitamos un cambio, de que lo importante no es lo que tengamos sino lo que seamos (cualquier parecido con el anuncio del reloj es mera coincidencia) y que no hace falta piso en propiedad para ser alguien en la vida. Remoloneamos para darnos cuenta de que las cosas ya no serán como antes, que somos europeos porque geográficamente nos ubicamos en el continente llamado Europa pero abajito del todo.

Se acabó el sueño europeo y cuanto menos tardemos en despertarnos, antes nos despejaremos todos y reaprenderemos a vivir como ya lo hemos hecho otras veces.

viernes, 1 de julio de 2011

WORKING GIRL


Con motivo de mi última visita a la capital, me vino al recuerdo aquella película protagonizada por Melanie Griffith: “Armas de Mujer”.

La cosa tiene que ver con la primera escena en la que la prota camina por la ciudad con su traje chaqueta faldero pero calzada con unas zapatillas. Y es que caminar por la gran ciudad no es cosa tonta y más si el calor aprieta. Los pies son la parte más quejica del cuerpo y bien lo merecen, pues ellos soportan todo el peso de nuestro continente particular.

Dado que mi cita se retrasaba hasta entrada la tarde y mi tren me depositaba en la ciudad de mañanas, tenía que caminar para desplazarme por la ciudad y hacer tiempo, así que, emulando a aquella secretaria venida a más, me calcé mis zapatillas “de correr” y guardé las manoletinas “de señorita” en el bolso para colocarlas en mis inferiores únicamente en el momento preciso.

Así fue como al más puro estilo “working girl” pasé el día enfundada en mis pantalones de pinzas más camisa combinados con las deportivas negras más elegantes que tengo para, en el momento preciso, sentarme en un banco a la sombra y colocarme las manoletinas de oficinista. Una simple acción que cambia el sentido de los pasos que se dan y te llevan donde tú quieres ir: de paseo o a la oficina, sólo hay que cambiarse el calzado.