miércoles, 22 de agosto de 2012

LA SANGRE TIRA



Siempre me ha agobiado lo de la protección filial pero conforme voy creciendo y los problemas se agudizan, ya lo veo de otra forma. Busco protección y la ofrezco a raudales cuando el calor de mi misma sangre se encuentra alterado.

Lo malo es que una no puede controlar todo lo de los demás. Sólo cada uno es propietario de su propia felicidad y de su propia desgracia, así que ahora entiendo lo que deben sentir los padres cuando los hijos crecen: uno quisiera llevarles por el camino que piensa será mejor pero sólo ellos pueden elegir lo mejor para sí mismos.

La sangre tira y una quisiera arreglarle la vida pero no se puede, sólo se puede estar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

PRE-LAURENTIS


En la calle Ramón y Cajal ya no se puede pasar con el coche, las plazas de La Inmaculada, del Mercado y de Navarra lucen sus escenarios y el Parque Miguel Servet también. Los puestos de venta de Albahaca se preparan ya desde temprano y las furgonetas de los vendedores de los “chiringuitos” se empiezan a ver por la ciudad. Las luces con forma de parrilla se suceden una tras otra en los Cosos y el cartel de la feria taurina luce ya en la plaza.

En el polígono la actividad crece a sabiendas de que hoy es el último día antes de la paralización total, del cierre de verjas con carteles de “cerrado por San Lorenzo”. Las casetas de las peñas llevan días apostadas en los Porches de Galicia y las ferias detrás del Palacio de Congresos están preparadas ya.

La plaza del Ayuntamiento y Catedral hoy está vacía y en La Moreneta pronto dejará de manar el agua. Todo preparado para que mañana, en ese mismo lugar, el vino surque el aire antes de estamparse sobre las ropas blancas de los oscenses que un año más, gritarán y alzarán los brazos al son de la música que sonará tras el cohete del chupinazo.

La fiesta está a punto de empezar. Mañana empezará. Y mientras esto ocurra, esta pensadora se encontrará saliendo de la ciudad.

viernes, 3 de agosto de 2012

AUSCHWITZ... DE BRUCES CON LA REALIDAD

 Me resultó curioso ver que me presentaban la visita a Auschwitz como una atracción turística más. Luego encontré razonable que la guía nos diera la opción de cambiar la visita al campo de concentración por la visita a la fábrica de Schlinder. Aún así, elegí Auschwitz y allí fue donde se encontraron los sentimientos para darme la vuelta como a una tortilla y sentir la bofetada de la realidad contra la nuca.


Todas las películas que he visto y libros que he leído sobre el holocausto me han conmovido siempre. Pero no hay manera de describir la sensación de realidad al visitar el escenario original de tamaño evento. Juro que pensé que al haberme informado tanto y ser plenamente consciente de lo que iba a ver no me afectaría tanto, pero traspasar la barrera del parking y cruzar ese arco tristemente familiar y tan retratado con su “Arbeit Match Frei” (el trabajo nos hace libres) fue definitivo, como si de repente todas las almas allí concentradas vinieran a abrazarme. Así que lloré.

Lloré al contemplar las filas de barracones. Lloré al ver las fotografías de niños que a lo mejor hoy podrían seguir vivos como el caso de “X” un bebé de año y medio retratado junto a su madre en la cola que les llevaba directamente a la cámara de gas en el año 1943. Lloré al ver las pilas de zapatos, gafas, cabello… Lloré al ver la horca. Lloré al ver la ropita de bebé recién nacido perfectamente dispuesta en una vitrina en una habitación de la que todos terminamos huyendo. Lloré con lágrimas y lloré sin ellas hasta que un último escalofrío me recorrió el espinazo mientras salía de la cámara de gas.


Hice algunas fotografías, casi todas las borré.  Conservé las que hoy coloco aquí para acordarme de que estuve allí.  Guardo también una de un zapato rojo destacando sobre las toneladas de calzado porque me recuerda que, cristiana o judía, no una sino muchas mujeres a las que les gustan los zapatos rojos, como a mí, estuvieron allí pero esa no la publico, la guardo para mí y para ellas.


Al final, el regreso al hotel se convirtió en un largo silencio. No quedaba nada por decir y si alguien se hubiese atrevido a frivolizar lo más mínimo con lo que acabábamos de vivir, hubiera conocido a la Pensadora más agresiva que se haya conocido sobre la faz de la tierra. Porque aquello fue tan real, como es real que podría volver a ocurrir.

Palabra de Pensadora.