miércoles, 17 de octubre de 2012

TERMINOS DE LIBERTAD


Hablamos mucho sobre Libertad y oigo mucho sobre ella. Abundan las opiniones contrarias a su verdadera naturaleza en nuestra sociedad y yo no dejo de preguntarme en qué términos nos referimos a tan importante cuestión.

¿Con qué nos comparamos? Personalmente, creo que en un acto de humildad deberíamos plantearnos desde dónde venimos y hasta dónde hemos llegado para darle a la Libertad un poco más de valor. Pensemos en la Edad Media y más allá, pensemos en el papel de la mujer en aquella época. Ahora avancemos un poco, pensemos en mediados del siglo pasado, tras guerras varias vivíamos sumidos en grandes dictaduras fascistas o comunistas, aquí y alrededor del mundo eran pocos los que se salvaban.

¿Y hoy en día? Podríamos hablar de un cierto grado de falta de Libertad en lo que a política se refiere, es evidente que el sistema democrático mundial está vendido a un sistema económico enfermo y caduco, como caduco y enfermo se encuentra el sistema al completo. Pero esto no quita para tener en cuenta que hoy en día, sólo por poner un ejemplo, podemos salir a la calle y dirigirnos allá donde deseemos sin que nadie nos detenga o nos de una paliza así porque sí. Luego quizá deberíamos hablar de Libertad en los términos que merece como un concepto tan sumamente amplio que no se puede resumir en un solo tratado o frase.

No recuerdo dónde leí un ejemplo: un anciano discutía con un joven sobre la Libertad, el joven renegaba de ella mientras el anciano la defendía. De repente, el anciano comenzó a apalear al muchacho con su bastón para acto seguido decirle algo así como “Yo soy libre para apalearte, otra cosa es que yo lo desee o no. Tú eres libre de defenderte… o no.”

Palabra de Pensadora.

martes, 9 de octubre de 2012

Hide and Seek



A ratos se esconde, pero aún está allí...

... la belleza...

viernes, 5 de octubre de 2012

PARTE DE LA HISTORIA


Cuando estudiamos historia en el cole o cuando, de mayores, leemos sobre historia por pura curiosidad o placer, normalmente no somos conscientes que nosotros mismos hemos formado parte de muchos de los pasajes históricos que los libros relatan.

Recuerdo el archifamoso “Caracazo”. El 26 de febrero de 1989, ante la subida del precio de la gasolina aumenta también el precio del transporte público en Venezuela. Al día siguiente, muy cerca de Caracas y al punto de la mañana comienzan manifestaciones que pronto se tornan violentas y se contagian a la capital en forma de saqueos y enfrentamientos violentos por las calles de la ciudad. Esa misma noche se declara el toque de queda y la disolución de las garantías constitucionales siendo la ciudad literalmente tomada por el ejército.

Allí estaba yo. En plena adolescencia no era consciente de lo que realmente ocurría y lo viví como desde lejos: sorprendida por el vacío de las calles la mañana del 28 de febrero cuando, como excepción, era mi padre quien me llevaba al colegio porque no había transporte público y por supuesto, el colegio estaba cerrado así que hubo que regresar a casa. Recuerdo oír pasar los batallones del ejército por la avenida de detrás de mi edificio y asomarme para verles, como quien asiste al desfile del día de la hispanidad. También recuerdo el racionamiento de la comida en el súper y las anécdotas contadas en el recreo sobre cómo en las casas se había pasado una semana comiendo arepas y pollo que era lo único que había.

Aquella fue una revuelta popular espontánea que desestabilizó el gobierno hasta que se produjeron un par de golpes de estado fallidos. A partir de allí, la historia de Venezuela sigue siendo la misma aunque con un único protagonista del que no sé ni me atrevo a hablar pues mi añoranza por el país que un día habité no me permite admitir la realidad. A finales de 1990 mi familia y yo regresamos a Huesca huyendo de la desestabilización que se evidenciaba en aquel bellísimo país. Hoy en día se recuerdan los hechos del 27 de febrero de 1989 en Caracas no sólo en los libros de texto de los colegios sino en blogs, enciclopedias de la red y tantos medios comunicativos como disponemos.

De la misma manera que entonces no era consciente, hoy sí me doy cuenta de que estamos viviendo un pasaje histórico que nuestros hijos leerán y estudiarán en los libros de historia. Espero poder rememorar estos tiempos de la misma manera que hago con el Caracazo: una época que viví, pasó y cambió algunas cosas.

miércoles, 3 de octubre de 2012

UNA NUEVA FORMA DE GUERRA


Últimamente me dedico a entablar conversaciones sobre la crisis. No para despotricar y tener algo de que hablar, busco información, como si pusiera un termómetro en una axila… así no más, por ver a ver.

Comparo las conversaciones de hace ya cuatro años con las de hoy. La cosa ha cambiado. Ya nadie habla del “esto parará en algún momento”, “la crisis acabará en unos años”. Ahora todos lo vemos peor: “esto no tiene fin”, “esto no tiene solución”.

Estamos a las puertas del temido Rescate y vaya paradoja porque cuando uno tiene un accidente espera como agua de mayo que vengan a rescatarle, sin embargo, hoy en día, que vengan a rescatarte es como esperar a que te den el disparo de gracia y todo acabe, lo único malo es que en este caso el disparo de gracia anuncia el principio de males mayores.

Con este panorama, las conversaciones se alteran y en la desesperación buscando soluciones o intentando predecir el futuro, cada vez se habla más de guerra, de violencia. Y yo me pregunto si esa tan temida guerra no se esté librando ya pero de un modo nunca visto, de la misma manera que el mundo nunca había visto una crisis semejante a la actual.

Quizá hace tiempo la guerra se esté librando en los despachos de las altas esferas con armas de destrucción potentísimas como la especulación y daños colaterales fatales como la inflación y deflación. Todo términos que encaminan las vidas del pueblo dirección al hambre. Hambre que mata personas.

Creo que se está librando una nueva forma de guerra, que no mata directamente sino lentamente. Una guerra en la que no hay patria ni héroes, en la que no se disputa territorio, religión o recursos. Esta es la guerra en la que no hay cabos ni comandantes sino especuladores, políticos, banqueros, brokers… La guerra de los intereses en la que el único perjudicado, como siempre, es el pueblo.

Palabra de pensadora.