miércoles, 20 de febrero de 2013

Días malos


Hay palabras como “paciencia” o “resignación” que yo siempre había identificado directamente con el cristianismo (u otras religiones) lo cual me había hecho obviarlas como si su significado fuera cosa de puritanos y religioso acérrimos.

El tiempo y las cosas que me pasan me han enseñado que ambas palabras esconden actos muy necesarios e intrínsecos a la vida pues es mucho lo que no depende de uno mismo. Ante aquello que no se puede cambiar sólo queda la resignación y ante aquello que dura mucho tiempo sólo queda la paciencia.

Ahí están esas dos herramientas para los días malos que todos tenemos.
Palabra de Pensadora.

6 comentarios:

jessus dijo...

Mi querida pensadora, a veces la línea entre la felicidad y el desasosiego es tan delgada como saber distinguir entre luchar por cambiar las cosas o aceptarlas tal y como son.

Siempre tendemos a intentar cambiar las cosas, más cuando vivimos en un mundo lleno de falso positivismo donde nos inculcan que todo lo que queremos lo podemos conseguir porque nos lo merecemos.

Sin embargo esto no es siempre así. Acepar las cosas tal y como son no sólo es una cuestión de inmovilismo, paciencia o resignación. A veces exige un acto de puro amor, por uno mismo, por los demás, y por el mundo entero.

PENSADORA dijo...

Amén Jessus, Amén.

Sabias palabras, yo no sabría (y no he sabido) explicarlo mejor.

POL dijo...

Yo pienso, que si uno no se quiere a sí mismo, es muy dificil querer a los demás. Y si no quieres a los demás, es complicado que te quieran a tí. Y si no te quieren, malamente te puedes querer. Y ..., me parece que me he liado, pero hay que empezar por uno mismo a valorarse, respetarse y quererse. Salú

PENSADORA dijo...

Pues sí POL, todo se basa en el amor a uno mismo.

Cuando uno se quiere a uno mismo, uno se siente completo. Los miedos prácticamente desaparecen. Pero días malos tenemos todos, con mayor o menor autoestima y ciertamente cuanto mayor es tu amor hacia tí mismo mayor es tu capacidad de sobreponerte y soportar con paciencia o resignación, es decir aceptación, aquello que no puedes cambiar.

Aceptar lo malo, ya sea propio o se trate de una circunstancia adversa (ej: una enfermedad, problemas laborales...) requiere ese grado de aceptación sólo conseguible a través de la seguridad en uno mismo y sus posibilidades.

Bueno, ahora yo también me he liau!

Rebeca dijo...

Paciencia y resignación, creo que es un buen consejo para esta época.

PENSADORA dijo...

Pues sí Rebeca, a lo mejor para cualquier época también.