martes, 28 de mayo de 2013

Montañera


Caminaba contenta disfrutando de uno de los pocos días soleados y cálidos que nos va ofreciendo esta excéntrica primavera que parece no llegar, cuando al mirar atrás se abrió ante mí una amplísima vista de ese Pirineo que este año aún viste de blanco y gris tan elegante como es él.

Entonces ocurrió, como tantas otras veces, que una ola de calor me recorrió del estómago al pecho con ese mariposeo que todos conocemos de cuando nos enamoramos. Me re-enamoré.

Al rato, una compañera me hablaba sobre la dureza de las actividades montañeras y, ante mis argumentos basados en sensaciones y emociones ligadas a la montaña, contestó: “es que tú eres montañera”. No contesté pues nunca me lo he considerado, pero al rato pensé que si ser montañera significa sentir semejante amor por las montañas… sí, soy montañera.

2 comentarios:

David Naval dijo...

Esperar con ansias el fin de semana, con la ilusión de un niño que se va de acampada por primera vez. Asombrarse del paisaje, aunque lo hayas visto cien veces, y descubrir que nunca es igual, que varía con la luz, con la estación, con la erosión, con la compañía, con la vegetación y a veces con la esquiva fauna. Subir jadeando, a veces con frío, otras con calor, pero con el inquisitivo brillo en los ojos del que siente y disfruta de la vida, expectante, preguntándose que habrá detrás de ese collado, y llegar a la cima, cuando la Montaña te lo permite, y otear el horizonte para descubrir e imaginar nuevas aventuras, nuevos recorridos, trazar imaginarias rutas que te renuevan de nuevo esas ansias…para volver cada fin de semana…Sí, yo también soy Montañero.

PENSADORA dijo...

Ay David! que casi lloro!

Cuando le explicaba a tu señora todo eso, me dijo "ya te entiendo, David siente lo mismo".

¡Que tontitos! jejeje

Un abrazo.