martes, 26 de marzo de 2013

Fluir


Depresión otoñal…

Ansiedad primaveral…

En estos tiempos en que todo ha de tener una explicación científica, nos encontramos con esos nombres o formas que deseamos darle a las sensaciones que nos inundan cuando, por ejemplo, cambian las estaciones. Incluso en los lugares donde no hay estaciones, existen otros tipos de cambios como por ejemplo los monzones que distinguen épocas secas de épocas húmedas.

Resulta que estamos tan sumamente alejados de nuestra naturaleza animal y de nuestra inevitable e innegable conexión con el universo y sus energías, que necesitamos nombres patológicos para explicar lo que en realidad no son más que ajustes que nuestros cuerpos experimentan frente a los cambios ambientales que les afectan, entendiendo ambiente como parte componente de nuestro hábitat.

Así es habitual que nuestro cuerpo se regule ante la llegada del frío y, al estar expuesto a menos horas de luz, disponga de menos energía y por lo tanto la demanda de descanso aumente sintiéndonos decaídos y somnolientos. Al contrario de lo que ocurre con la llegada del calor, momento en que nuestro cuerpo se ha de ajustar a mayor cantidad de luz y por tanto de energía, demandando mayor cantidad de actividad que de no ser satisfecha se puede convertir en eso que llamamos ansiedad pero que en este caso no es otra cosa más que nuestro cuerpo pidiendo “marcha”.

Así que lo suyo sería atender las demandas de nuestros cuerpos, descansar o activarse cuando lo piden. Amiguitos internautas: dejémonos fluir y no le demos más importancia que la que tiene. Disfrutemos de nuestra condición animal y prestémonos gustosos a las demandas de nuestra naturaleza.

Palabra de Pensadora.

viernes, 15 de marzo de 2013

Me tienen contenta (con rintintín)



Señores y señoras políticos, banqueros y empresarios inútiles e incapaces de liderar cuando realmente se les necesita....

Personas que han adoptado el miedo, el mal humor, el grito y la mala educación como comportamiento con la excusa de esta mierda de crisis...

Me tienen tod@s “contenta”…





jueves, 14 de marzo de 2013

Calidad de vida: cuantitativa o cualitativa


Ya desde el inicio de la crisis me vengo preguntando si los verdaderos indicadores del problema son cuestión de Productos Interiores Brutos, Porcentajes de Déficit Público, valores IBEX o puntuaciones de Primas de Riesgo.

Parece ser que lo que indica el grado de calidad de la vida de nuestra sociedad depende totalmente de la economía y su estado, es decir, una cuestión cuantitativa. Pero no tanto de cómo afectan a los ciudadanos los vaivenes de esos ratios, cuestión cualitativa.

Será por defecto profesional que siempre comparo la gestión de un país con la de una empresa. No se llevan tanta diferencia: todo es cuestión de ratios indicadores. Pero hete aquí que servidora, acérrima defensora de los sistemas de gestión integrada de calidad, echa en falta esos indicadores cualitativos que en sentido práctico afectan mucho más de lo que pensamos a los cuantitativos.

¿Quién creen ustedes que trabajará mejor? a) una persona bien remunerada pero muy estresada y sin tiempo para sí misma b) una persona mal remunerada, muy estresada y sin tiempo para sí misma c) una persona justamente remunerada, no estresada y con tiempo suficiente para sí misma.

Si han respondido “c”, ya entienden a qué me refiero.

No es cuestión de cobrar más, de tener más, de disfrutar de grandiosas infraestructuras. La cuestión es que todo se compense. A lo mejor poseer menos pero disfrutar más de las pequeñas posesiones, cobrar menos pero tener para vivir y que una rotonda no esté adornada con una estatua sino con un jardín de grama, sea más que suficiente para disfrutar de una vida de más calidad y menos cantidad.

viernes, 1 de marzo de 2013

Señal divina



Caminaba por la calle un día al mediodía, pensando en lo extrañamente cálido que resultaba ese momento pues después de meses, era el primer día que no soplaba el más mínimo viento y además no llovía ni nevaba. Entonces percibí un sonido familiar (ese que hacen las alas de las aves en movimiento) cosa que me hizo levantar la vista al cielo y recorrerlo expectante. En pocos segundos que me parecieron casi horas, por fin sonó ese característico bramar de las grullas que al poco se dejaron ver al aparecerse, en su clásica formación de “v” destartalada, tras un edificio alto que me tapaba un trocito de cielo.

Valdabra y La Sotonera se tiñen de negro un año más para hacer de hotel a estas aves que este año, como hacía mucho tiempo, recibo encantada al saber que con su corta visita se me anuncia la llegada de días más cálidos.