viernes, 30 de agosto de 2013

Adrenalina



Mucho he hablado yo sobre esas sensaciones gratificantes que me provee el ascenso de montañas.  En el mundo del montañismo existen diferentes variantes y formas de visitar y disfrutar del entorno.  Es como si uno observara el medio y se preguntara continuamente la manera de acceder a él, por inexpugnable que parezcan ya sea caminando, trepando, rapelando, destrepando, saltando o dejándose caer.

Creo que así empezó todo, como cuando yo misma era cría y desde la ventana del coche de mis padres miraba hacia el cerro Ávila (Caracas, Venezuela) y me preguntaba cómo llegar “allá arriba” para ver la ciudad desde las alturas, supongo que los primeros exploradores simplemente se iban preguntando ¿qué habrá allí?.

Hoy en día, todo está explotado.  Uno ve una pared caliza y se pregunta si alguien habrá trepado por allí cuando de repente aprecia el brillo del metal de un anclaje, lo mismo que al encontrarse una bonita poza cristalina con cascada se pregunta cuánto medirá el rapel cuando vislumbra un cordino abandonado u otro brillo de anclaje de la reunión.


Había dejado yo hace tiempo mis herramientas de exploración tales como mosquetones, arneses, descensores, etc un tanto abandonados.  Sin embargo, últimamente, tengo unos diablillos rondadores que no hacen más que provocarme y mucho me temo que lo van a conseguir.  No sé dónde exactamente, ni cuándo, pero desenfundaré las herramientas pronto y esta vez no es cuestión de exploración y curiosidad, que también.  Esta vez la cosa es más cuestión de sensaciones… en especial esa sensación que cierra la boca del estómago y seca la garganta: la adrenalina que corre disparada y divertida durante una actividad de riesgo controlado.

lunes, 19 de agosto de 2013

PARRILLA DE ORO A LA MEJOR FAENA




Según la tradición, San Lorenzo fue quemado en la hoguera sobre una parrilla desde la que el Santo rezó “dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho”. En honor a semejante suceso, todos los años, se entrega un premio consistente en una parrilla de oro a personajes ilustres de la ciudad.

Ese debería haber sido el titular del “Diario del Altoaragón” del 16 de agosto: “Parrilla de Oro a la mejor faena” acompañado por una foto de Bonito del Norte y Servidora sonriendo como críos. Porque sí, este año nos hemos comportado como tales y nos hemos quedado todos los días de fiesta en esta Güeskonsin mía.

Tras una semana entera de blanco y verde, olor a albahaca y tomate rosa, comidas, cenas, vermús, conciertos, ferias, chiringuitos, orquestas, charangas, carreras de burros, vaquillas y trasnoches varios, recuerdo un tiempo en que huíamos de estas ocasiones más por miedo a uno mismo que a las fiestas en sí que no tienen nada de peligroso sino mucho de divertido que para eso están.

El secreto está en sudar lo comido y lo bebido para recordar que tan bien lo pasamos haciendo el gamberro por la ciudad como sudando mojitos por el monte.



viernes, 9 de agosto de 2013

San Lorenzo 2013


Esto de poder programar las entradas del blog tiene su aquel. Hoy no es día nueve de agosto, sin embargo, ya sé dónde estaré y qué estaré haciendo así que me autofelicito las fiestas, se las felicito a quien tenga el valor de venir y así no tengo que estar pensando en poner una entrada el día diez mientras supero la terrible resaca que me espera.


Ahora mismo debo estar saltando y gritando ¡viva San Lorenzo! Tras el cohete anunciador. Es el día del chupinazo y, como si el tiempo no pasara, nerviosa como cuando era cría, abrazo a mis amigas/os mientras el “trigo trigo trigo trigo” suena en los altavoces.

jueves, 8 de agosto de 2013

El súper hombre (nada que ver con Nietzsche, si eso.)




Últimamente estoy encendida con la montaña. A lo mejor por eso escribo menos por aquí: tengo el pensamiento ocupado en sendas, rocas, montes, collados, rimayas y otras palabras extrañas. Y es precisamente en la montaña donde últimamente encuentro el caldo de cultivo de nuevas filosofadas porque mire usted que se encuentran especimenes variopintos allá en las alturas.


Me voy a referir específicamente a una especie que se ha reproducido en abundancia últimamente y que no deja de producirme cierta o más bien cierto… bueno, la verdad es que ni siquiera podría describir lo que me produce.

Se trata del súper hombre y no lo llamo súper montañero porque esta especie se caracteriza por presentar inmejorables aptitudes en todo lo que le rodea, en la montaña o fuera de ella. Es una especie de humano extraño por su roce inhumano con la perfección.

Hablo de una persona capaz de subir unos cuantos picos de tres mil metros de altitud en el mismo día corriendo para luego llegar a casa y recopilar la información que seguidamente sube a la red mediante un blog o similar para inmediatamente entrar a trabajar y al día siguiente salir con la bici de montaña y cascarse sopocientos kilómetros, subir la hazaña a la red y luego volver a trabajar… y así hasta que llega el invierno cuando se calza los esquís de montaña que ya no se quita en seis meses. Más o menos este sería un ejemplo normal.

El otro día me crucé con una pareja de estos ejemplares y una duda me asaltó así que le pregunté a la amiga que me acompañaba “¿crees que nosotras algún día caminaremos así?” y ella me contestó “espero que no”. Porque la diferencia es que nosotras habíamos ido a disfrutar del entorno, a relajarnos, a olvidarnos de las prisas.

No sé si esta nueva especie tendrá un alto índice de supervivencia o no. Lo cierto es que lo dudo porque dudo que un cuerpo humano soporte semejante carga de actividad sin producir un colapso multiorgánico y sobre todo, multineuronal, porque digo yo que en algún momento hay que parar y asimilar lo vivido. ¿No?.