martes, 30 de septiembre de 2014

La maleta





Siempre tengo miedo de que me pierdan las maletas.  Imagino cómo solucionaría mis vacaciones si en un vuelo tonto mis maletas llegaran a Toronto en lugar de ir a Fez, por ejemplo.  Nada es totalmente necesario y todo lo que cabe un una maleta puede ser sustituido o repuesto ¿verdad?.  Lo cierto es que sí, pero todo, como siempre, tiene “un pero”.

Al abrir el maletero me fijé en mi mochila de montaña y decidí que la subiría al piso junto con la maleta y así tendría todo a mano para mañana, tanto si había monte como si había ciudad.  A la vez que lo pensaba, un frío me recorrió la columna y miré hacia Bonito del Norte esperando una confirmación de mi temor.  No hablaba, sólo estaba blanco mirando el maletero como quien divisa un fantasma.  Entonces pregunté “¿y mi maleta?”.  Mi maleta se había quedado cerrada y preparada encima de la cama.

Intenté ser racional, ya nada se podía hacer.  La maleta no iba a venir sola y tampoco podíamos comprometer nuestro fin de semana por cuatro trapitos, un desodorante, un cepillo de dientes, una hidratante, un cacao, un corrector de ojeras, un rímel, un colorete o unas bragas, joder ¡mis bragas! ¡Bonito, yo te mato y me divorcio!.  

El resto del fin de semana simplemente pasó.  Me solucioné gastando lo poco que había conseguido ahorrar este mes que ya toca a su fin y pensando que tampoco hacía falta tanto.  Pero lo cierto es que una se siente desamparada cuando le faltan esas cuatro tonterías que tan esmeradamente ha seleccionado y colocado en una simple maleta de los chinos.




viernes, 26 de septiembre de 2014

Respeta a tus mayores




Desde que me estoy acercando inexorablemente a la madurez, observo más a mis mayores que sin querer me hacen a mí misma cada vez más mayor.  Tengo una manía muy fea de intentar adivinar el futuro y en esas me encuentro observando a mi madre para intentar imaginar cómo seré yo de aquí a tan solo treinta años.

En mis observaciones he notado algo de lo que no me había percatado y es la falta de respeto que tenemos hoy en día a nuestros mayores.  Dándoles prisa en la carretera, riéndonos de ellos en sus vacaciones de IMSERSO, quejándonos de su lentitud en el súper…

Resulta, Señoras y Señores que todos, sin excepción, todos y cada uno de nosotros llegaremos algún día (si no nos pasa nada antes) a viejos.  Y todos, sin excepción, desearemos respeto y cariño para esos últimos años.  Así que, Señoras y Señores, respeten a sus mayores y cuando se les pase por la cabeza reírse de ellos, abandonarlos, pasar, no entenderles, no cuidarles o no abrazarles, recuerden que ellos son el firme reflejo de su propio futuro.

Palabra de Pensadora.



martes, 23 de septiembre de 2014

Katmandú




Hoy cierro los ojos y lo primero que me viene a la memoria es la canción de “Fleet Foxes” que sonaba en mis auriculares del avión que daba bandazos mientras intentaba aterrizar atravesando montañas y tormentas.  Respiraba profundo y apretaba la mano de Bonito del Norte como si en lugar de estar llegando a un exótico destino, estuviera pariendo sin epidural.

Si vuelvo a cerrar los ojos vienen los olores: mezcla de especies, incienso y mierda porque de esa hay mucha por todas partes y la llamo por ese nombre porque es el que realmente define a la inmundicia que campa a sus anchas en cuanto uno se desvía un poco del turístico barrio de Thamel o de los templos budistas o hinduistas.  Sin embargo, uno se acostumbra rápido a oler mal porque todo huele igual aquí, incluso los turistas nos impregnamos rápidamente de un hedor que sólo volvemos a distinguir como ajeno al regreso al hogar que no admite semejante tufo.  Luego ya puedo centrarme en el bullicio, el desorden, el caos que habitan esta ciudad anárquica y ruinosa que produce un extraño efecto amor-odio.  Lo mismo tienes unas ganas tremendas de llegar como de irte… Bienvenida Pensadora, estás en Katmandú.



La plaza Basatanpur o Durbar con sus más de sesenta edificaciones, Swayambhunath (o Monkey Temple) con sus monos y sus monjes,  Boudhanath: la estupa más grande de Asia y la ciudad “pura” de Bhaktapur salpicada de pintores de mandalas.  Fueron todos lugares donde hoy me parece mentira haber estado pero que visité con la inocencia y curiosidad de quien desea mucho algo y no para de sorprenderse de que las cosas de los libros, las fotografías y la tele sean reales.










La gente de Katmandú es extraña.  Una mezcla de hippie pies negros urbanita que difícilmente se olvida.  Gente de una gran espiritualidad y sonrisa casi perpetua que suele terminar sus días en el lugar llamado Pashupatinah, un inmenso crematorio donde la muerte convive de una manera sorprendente con el día a día.  Una cremación se convierte en una especie de espectáculo y un crematorio en un lugar de paseo con la familia.







No crean ustedes que esta última imagen es la última que me queda en la retina.   Empecemos por la siguiente para ponerle el “continuará” a este resumen de mi paso por Nepal que hoy emprendo…


Continuará...





lunes, 22 de septiembre de 2014

Un lunes de otoño




A pesar de que me sienta fatal a los huesos y al ánimo.  El otoño es bonito y en esas me ha pillado desprevenida.  Ayer pasé el primer domingo de sofá y cama desde hacía muchísimo tiempo como si fuera una señal del día que me espera hoy.  Tal como los cánones del otoño mandan, hoy es gris, frío y lluvioso.

Y yo con las sandalias puestas.




viernes, 19 de septiembre de 2014

Corriendo al atardecer


Siete y media de la tarde. El otoño empieza a ganar terreno y la luz del atardecer inaugura ese tono vainilla que tanto me gusta. Hoy está nublado y parece que va a llover de un momento a otro. No me importa, hoy quiero salir a correr. 

Pertrechada con mis zapatillas que hace unos meses eran blancas, mi camiseta de correr del “decartón” y mis mallas a media pierna para que no se me vea la celulitis, empiezo primero andando y al girar la esquina de la estación de bus comienzo la carrera. Despacio, calentando piernas y mente. A los diez minutos ya he subido un poco el ritmo y las endorfinas prestas se han disparado en mi cerebro para hacerme sentir como una gacela. Empieza a llover pero no me importa, cada gota de agua fresca reconforta y calma los calores normales de estas actividades. Esto se está convirtiendo en la carrera perfecta y entonces empiezan a sonar los “Yeah yeah yeahs” …

 

No recordaba haber metido este tema en el mp4 de a diez eureles del internet. ¡Que maravilla! Me encuentro fenomenal y subo el ritmo un poco más. Me duelen las rodillas y la cadera pero no quiero parar, me lo estoy pasando fetén. Dejándome mojar por la lluvia, sintiendo mis piernas trabajar y mi cabeza revolotear bien lejos de la realidad. 

Ha parado de llover y de pronto oigo un “chof, chof, chof” que se acerca poco a poco… cada vez más y más. Un corredor me adelanta pisando un charco y lanzando una pequeña ola de agua embarrada directa a mis pantorrillas. Sigo siendo una gacela, recién alcanzada por un guepardo. 

Menos mal que esto no es África.


jueves, 18 de septiembre de 2014

Humanos Rémora




Hay personas que absorben y una no sabe cómo quitárselas de encima.  Son esas personas que siempre tienen problemas, que viven en un quejido metidas en una continua dificultad.  Personas a las que parece que el mundo se les hace enorme.

También hay personas que más que absorber, se aprovechan.  Personas a las que el mundo más bien se les hace diminuto y necesitan acaparar más y más siempre con la ayuda y el esfuerzo de los demás.  Personas que nunca aprenden de los errores y que siempre necesitan ayuda para solucionarse.

En ambos casos son personas con algún cierto encanto que les convierte en atractivas y que aprovechan ese atractivo para enganchar y hacer difícil el deshacerse de ellas.


Hay quien les compara con un vampiro, pero a mí me gusta más la rémora, que no la notas pero ahí está.




jueves, 11 de septiembre de 2014

Mi "alter ego"





Por si nadie se había dado cuenta, últimamente no escribo nada sobre montaña ¿o sí?.  Resulta que tengo un “alter ego” que se encarga desde hace tiempo de ello y yo que soy una despistada no me había acordado de informar.



A quien le pueda interesar: 



Ahora que pienso... ¿y si el alter ego soy yo?...



viernes, 5 de septiembre de 2014

Perfección Psicológica


Un día, aburrida, entré en un quiosco de prensa en busca de lectura fácil.  Repasé las revistas de moda y cotilleo, luego le di un vistazo a las de viajes, luego a las científicas y finalmente me encontré con un rincón mágico: el de las revistas de psicología.  Se me torció el cuello casi con el mismo gesto que hago cuando pasa un tío bueno y me le quedo mirando el trasero, ese giro con expresión de extrañeza, como si eso no pudiera ser real pero aun así me interesa.  No negaré que más de una vez he invertido alguna moneda en uno de esos ejemplares, pero el otro día era diferente, de repente me había encontrado con un extraño oasis lleno de diferentes especies de palmeras, todas daban dátiles pero cada dátil de un color diferente.  Y empecé a pensar.

¿Realmente existe semejante mercado?.  A la vista está que sí y si nos asomamos a una biblioteca o una librería, nos encontraremos con un rincón más amplio todavía sembrado de una variedad infinita de consejos, estudios, ensayos, análisis e incluso relatos cargados de positivismo y zen.  Semejante oferta no puede responder a otra cosa que no sea una febril demanda y se me ocurre que tal barbaridad de necesidad como para que un libro de autoayuda se convierta en “best-seller” mundial puede deberse a la búsqueda de la perfección psicológica.

¿Existe la perfección psicológica? Espero que no.  Una vez me dijeron que tal búsqueda podía ser incluso contraproducente y me lo creo.  Hoy en día considero que ni es bueno pasar por la vida como si nada, como en un encefalograma plano ni tampoco que nuestra gráfica emocional sea una fotocopia del “Dragoncan” ese.  Porque no se puede vivir controlando la ira, ni positivizando todo, ni cazando pensamientos… digo yo que también se tendrá uno que enfadar de vez en cuando y digo yo que hay días malos y grises que son los que nos dejan distinguir los días buenos y coloridos.  Es más, ¿por qué no puede un día gris ser un buen día?.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mejor por separado ¿no?


Estoy trabajando con la radio encendida en “Kiss fm”, la única emisora que no me hace dormir y que no resulta demasiado estridente como para asustar a algún cliente. Vamos, la emisora ideal para trabajar y para gente de mi edad. Suena “All for love” interpretada por Bryan Adams, Rod Stewart y Sting, canción grabada para la B.S.O. de “Los Tres Mosqueteros” de 1993y empiezo a recordar aquella época, en plena adolescencia y pienso que ni película ni canción fueron de mi gusto. Sin embargo los músicos, cada uno a su manera, sí me gustaban y gustan así que un botón de cada uno: 

 Bryan Adams:

 Si en lugar de “sixty nine” dijera “ninety nine” mejor, por sentirme más identificada, pero ¿quién no tiene un gran verano en su vida? … o dos… o más…

 

 Rod Stewart:

 Para mí, su canción bandera… ¿a quién no le suena ese “punteito” final?

 

 Sting:

 Difícil elegir, pero sin dudar me quedo con la dulzura y el mensaje…

 

lunes, 1 de septiembre de 2014

De joven exótico a adulto raro




Aquellos desplantes.  Aquellas impuntualidades.  Aquellos “mal quedares”.

Ese amigo que justo se metía en la ducha cuando tú llegabas a su casa.  Esa amiga que siempre llegaba media hora tarde porque se “había quedao empaná”.  O esa otra que directamente no llegaba porque tenía “su vida privada” y no tenía que dar explicaciones que para eso éramos todos libres. 

Esos amigos y/o amigas que siempre faltaban, ausentes, huidizos pero encantadores/as que cuando aparecían resultaban exóticos, super guays y modernos.


Esa gente es la que hoy en día se me antoja más que exótica, rara.  Gente de esa que a estas alturas, es mejor perder que ganar.