viernes, 13 de noviembre de 2015

Meeting Alma Velasco



Isabel Allende me describe a Doña Alma Velasco y yo me la imagino elegante al estilo de San Francisco.  Con el pelo cano pero limpio y conservado, la figura desfigurada por el paso del tiempo pero conservada por la buena alimentación y el yoga.  Vestida con una mezcla ecléctica de prendas sencillas lo mismo que bien elaboradas sobre tejidos nobles y coloridos de Asia.

La enfermera llama a otra paciente y levanto la cabeza para observar a mi alrededor que llevo un rato absorta en la lectura de “El amante japonés”.  A la sala de espera llegan una mujer más o menos de mi edad o quizá más joven que viene acompañando a una señora de pelo cano limpio y bien peinado (sin lacas, tal como es), pantalones y jersey negros adornados con un colorido collar de plata y pedrería opaca.  Unos zapatos de esos que balancean marrones y un bolso de colores naranjas que recuerdan a una lama tibetano, cierran el total de un vestuario y una pose que de repente me hacen sonreír.

Doña Alma Velasco ha traspasado el papel y hoy se me ha personado en una sala de espera del hospital…. ¿Será una señal?.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La moda de la montaña



Hoy he leído un artículo que trata sobre la ausencia de ascensiones al Everest durante el 2015.  El autor aprovecha la ocasión para realizar un repaso al problema de la masificación de las grandes cumbres planetarias y sus intentos de regulación. 

En el caso de Nepal, pretenden limitar la concesión de permisos solamente a personas que aún guiadas, sean capaces de ascender pos sus propios medios.  Es decir, Nepal no concederá permisos a personas mayores, menores o minusválidas.  Y miren ustedes, no pongo el grito en el cielo a pesar de estar a favor de potenciar la accesibilidad, pero a las viviendas y los puestos de trabajo, no a montañas extremas.  ¿Por qué? Pues porque no todo el mundo puede y no todo el mundo debería.  Porque estos montes no sólo se suben porque están allí, se suben porque se puede, porque se tiene capacidad física y mental.

En el caso de los Alpes y otras cordilleras, se encarecen los servicios.  El autor nombra el Refugio de Hornli a los pies del Matterhorn donde pasar una noche sube a los 150€ por dormir acompañado de otras, pongamos veinte personas con sus olores y ruidos incluidos, un precio que cualquiera pagaría por un cinco estrellas en el centro de París.  Extremo que no comparto porque en absoluto se regulará la cantidad y/o calidad de ascensiones, sólo se limitará a aquellos que se las puedan permitir, con las consecuencias que esto supone.

En mi opinión, la masificación en las montañas plantea varios problemas a tener en cuenta.  El primero y más importante es ecológico y doble: por una parte los residuos que se generan y no se eliminan de la montaña y por otra la erosión del suelo que produce el paso de cientos o miles de personas.  Tampoco se pueden obviar las situaciones de riesgo que se producen cuando un paso de montaña se llena de gente que quiere llegar al mismo sitio.

Dicho esto, me pregunto por qué los gobiernos no mejoran las redes de guardería para controlar y multar incumplimientos de normativas ambientales y/o de seguridad en la montaña.  Me pregunto por qué no se limita la cantidad de accesos a las grandes montañas, más que cobrarlos.  ¿Qué regulación es la que realmente se pretende? ¿La que cuida la montaña o la que la facilita a quienes no la merecen pero pagan?.

Me quedo con una frase del citado artículo: “la montaña está de moda como un objeto más de consumo” y es esto último lo que le da forma a la idea que el autor y yo compartimos.

Palabra de Pensadora.