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Mostrando entradas de diciembre, 2017

La nueva fotografía

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He de admitir que me costó actualizarme cuando se pusieron de moda las cámaras de fotografía digitales y más cuando se empezaron a incorporar en los teléfonos móviles.  Cosas que, en principio, me parecían inútiles.  Además me las figuraba como armas que destruirían el verdadero arte de fotografiar.
La realidad, como siempre, me engulló y resultó que el arte de fotografiar creció y se extendió produciendo nuevas tendencias, aumentando y mejorando las posibilidades de quienes saben hacer fotografía y arte con ella.  Así que un día me encontré con mi primera cámara digital y de repente, la cantidad de fotografías en mi haber creció y se multiplicó hasta el día de hoy en que no sabría calcular cuántas fotografías tengo guardadas.
Resulta que la facilidad para fotografiar se me está volviendo en contra y llegado este momento, me pregunto cómo hacerlo para seleccionar y guardar sólo aquellas fotografías que realmente me digan y recuerden algo.  Y lo que es peor, no dejo de preguntarme qué…

Viajar o posturear

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Como suele pasar desde hace muchos años ya, el amigo Pez Martillo me ha inspirado con su post “viajeros” en el que pone palabras a una sensación que yo misma he tenido alguna vez: la de que no es necesario viajar lejos ni “posturear” para encontrar novedad, sensaciones fuertes o divertirse.
Sin embargo, he de admitir que a mí me encanta viajar y cuanto más lejos mejor.  Me encanta la sensación de novedad, de exotismo, de aprendizaje.  Cuando me lo puedo permitir, viajo al extranjero y son muy pocas las veces que me he decepcionado de un lugar y más de una las veces que un lugar me ha calado tan profundo que le recuerdo habitualmente haciéndome suspirar (mis asiduos recordarán mi profundo amor por Islandia).  Una de las sensaciones que más me gustan de viajar es el momento del aterrizaje, cuando veo una ciudad diferente desde arriba y puedo empezar a imaginar las diferencias culturales gracias a las distribuciones de las calles, los tipos de construcción de los edificios…  Nunca olvid…

La crisis de la burguesita

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Llevo una temporada enfrascada en una especie de aburrimiento generalizado. No es que me aburra porque no tenga nada que hacer ni con qué divertirme o entretenerme, las horas del día pasan voladas entre trabajo, deporte y estudio.
La cuestión es que me he dado cuenta de que, acostumbrada a vivir en una crisis continua como fue mi vida a los treinta, ahora me encuentro en una cómoda situación en la que más o menos vivo bien.  No me falta nada de lo realmente necesario para vivir e incluso puedo darme algún capricho más de vez en cuando que antes.  Y entonces ¿qué pasa?
Me da en la nariz que tengo una especie de “complejo de María Antonieta” que me ha convertido en inmune a las preocupaciones reales y cotidianas, obviándolas y convirtiéndome en la típica burguesa desinformada y entregada a la “buena vida” sin interés, anodina y falta de emoción. 
No hablo de tristeza ni de depresión.  No hay ningún problema.  Sólo hago una reflexión y me comparo con esa clase burguesa aburrida de tene…