El cuidado de la mente no es una moda

 

Enciendo el ordenador, abro el navegador y además de las típicas estupideces sobre vidas de mentira y culebrones políticos, me encuentro tres o cuatro anuncios y titulares sobre el cuidado de la salud mental. 

¡Eureka! Tenemos una nueva moda y podemos entretener a la burguesía. 

En ningún caso diré que no sea importante. Lo es. Mucho. Pero precisamente por lo importante que es y por lo que desde mi condición de persona afectada me importa, os diré que me repatea que ahora vayamos a banalizar como hemos hecho con tantas otras cosas. 

Las influencers ya no sólo nos enseñan moda, decoración y deporte. Ahora son expertas psicólogas armadas de positivismo barato e irreal que añade un inalcanzable más para quienes no sean capaces de delimitar lo serio de lo banal. 

Los telediarios se han apoderado de una realidad que siempre ha estado allí y que están aprovechando para alinearse con lo que nos quieren vender. 

Sí diré que agradezco que se visibilice una cuestión muy importante: la falta de medios y profesionales de la salud mental en nuestro sistema público pero ahí está el problema: mientras suframos semejante deficiencia, va a ser muy difícil que aquellos que necesitan ayuda, la pidan, a sabiendas de la dificultad para encontrarla

Señoras y señores: se puede estar triste y negativo, es normal y sano. Pero si dudan, consulten a un profesional directamente, sin pasar por Internet. 

Comentarios

Paola Vaggio ha dicho que…
Había escrito un comentario pero se ha perdido en la inmensidad. Te decía que fíjate, me parece curioso lo que dices porque hace unos días pensaba lo mismo, que en todas partes se habla de salud mental, pero no sé si bien. Un dibujante al que sigo en redes, el otro día publicaba, con un tono muy naiff, “que las pastillas para no estat triste no le dejaban tampoco sentir las otras cosas buenas”. A continuación, un montón de comentarios animándole a que las dejara y… una frase que me pareció curiosa “haz las cosas por ti mismo”. Es cierto que estamos hipermedicalizados, pero me pareció lo mismo de siempre, se obvia que la tristeza por depresión también comporta cambios químicos en el cerebro y que hay que regular de algún modo, y se pasa a la creencia de “hacer cosas por ti mismo”, para añadirle un poco más de peso al tema y a la persona. Si fueran pastillas para una enfermedad del corazón o de los huesos, nadie pondría en duda el tratamiento, seguramente.

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