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Mostrando las entradas etiquetadas como NEPAL

Pokhara

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La capital de los Annapurnas nos recibió lluviosa y antipática.  Sin las ansiadas vistas de los ochomiles cercanos y con un chófer que no llegaba.  Pero todo pasó, la tarde se aclaró y la cordillera nos sonrió a lo lejos sin dejarse fotografiar pero sí imaginar blanca como las nubes con las que casi le confundimos.  Sin embargo, no fueron las montañas sino el agua y el atardecer lo que nos situó en este lugar donde quien más quien menos viene en busca de montañas y zen, cosas que se encuentran con sólo rozar el pie contra la tierra. Cruzar el lago Phewa mientras el sagrado Machapuchare se reflejaba en sus aguas nos dio el sosiego necesario para emprender el corto ascenso hasta la Pagoda de la Paz Mundial donde celebramos el cumpleaños de Budha rodeando la Pagoda y saludando sus esfinges con un gesto de cabeza que nadie nos enseñó. Quisimos apreciar la inmensidad de Annapurnas, Dhaulagiri y Manaslu allá en Sarangkot al amanecer como manda la lógica...

El Valle de Langtang

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Sitares y Tablás resonaban lejanos cuando un nuevo bache me trajo a la realidad del minúsculo espacio que ocupaba mi gran cuerpo en el autobús que, plagado de turistas, guías y porteadores, serpenteaba por las faldas de las montañas.  Había conseguido dormir un poquito a pesar de la música que ahora retronaba en mi cabeza ubicada justo al lado de un bafle de la época de la última visita de los Beatles al Nepal.   Todas las incomodidades fueron olvidadas cuando recordé que por fin iba a culminar mi objetivo final en Nepal: pisar el Himalaya. Elegí el Valle de Langtang por ser uno de los menos visitados y por su cercanía al Tíbet, albergando varios asentamientos de refugiados tibetanos que sabía le concederían al trekking por estas tierras ese ambiente que tanto me recordó a aquellos libros del Lama Lobsang Rampa que devoré en mi juventud. ¡Que ilusión caminar a través de la cordillera más alta y extensa del mundo! Cruzar puentes colgados sobre profun...

Katmandú

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Hoy cierro los ojos y lo primero que me viene a la memoria es la canción de “Fleet Foxes” que sonaba en mis auriculares del avión que daba bandazos mientras intentaba aterrizar atravesando montañas y tormentas.  Respiraba profundo y apretaba la mano de Bonito del Norte como si en lugar de estar llegando a un exótico destino, estuviera pariendo sin epidural. Si vuelvo a cerrar los ojos vienen los olores: mezcla de especies, incienso y mierda porque de esa hay mucha por todas partes y la llamo por ese nombre porque es el que realmente define a la inmundicia que campa a sus anchas en cuanto uno se desvía un poco del turístico barrio de Thamel o de los templos budistas o hinduistas.  Sin embargo, uno se acostumbra rápido a oler mal porque todo huele igual aquí, incluso los turistas nos impregnamos rápidamente de un hedor que sólo volvemos a distinguir como ajeno al regreso al hogar que no admite semejante tufo.  Luego ya puedo centrarme en el bullicio, el desorde...