Pokhara
La capital de los Annapurnas nos recibió lluviosa y antipática. Sin las ansiadas vistas de los ochomiles cercanos y con un chófer que no llegaba. Pero todo pasó, la tarde se aclaró y la cordillera nos sonrió a lo lejos sin dejarse fotografiar pero sí imaginar blanca como las nubes con las que casi le confundimos. Sin embargo, no fueron las montañas sino el agua y el atardecer lo que nos situó en este lugar donde quien más quien menos viene en busca de montañas y zen, cosas que se encuentran con sólo rozar el pie contra la tierra. Cruzar el lago Phewa mientras el sagrado Machapuchare se reflejaba en sus aguas nos dio el sosiego necesario para emprender el corto ascenso hasta la Pagoda de la Paz Mundial donde celebramos el cumpleaños de Budha rodeando la Pagoda y saludando sus esfinges con un gesto de cabeza que nadie nos enseñó. Quisimos apreciar la inmensidad de Annapurnas, Dhaulagiri y Manaslu allá en Sarangkot al amanecer como manda la lógica...