SOÑÉ CON JORDANIA I
Creí que estaba soñando cuando a las 5.30 de la mañana sonó el despertador. Entonces me dí cuenta de que había dormido estupendamente y que no era un sueño sino el recuerdo de mi llegada, hacía sólo unas horas, a Ammán, la capital del Reino Hashemita de JORDANIA.
Como en todo viaje organizado, lo del madrugón es fundamental para no perder el autobús sin el cual no hubiera tenido la suerte de contemplar las variadas maravillas que me esperaban, ése y los días siguientes.
Desperté a pensboyfriend (a partir de ahora pensboy, por acortar) y me metí en la ducha. Las duchas desde entonces fueron de dos en dos porque lo del polvo en Jordania merece mención aparte, pero no es por aquí por donde quiero empezar. Tras el desayuno Jordano-continental, es decir, no se sabe qué con algo que sabe a no sé cuántos, zumo de algo que sabe dulce y, esto sí, té de menta; nos subimos al autobús con los ojos como platos y las cámaras desenfundadas para “por si”.
Lo siguiente fue despertar al sonido de la voz del guía palestino-jordano-cubano que nos avisaba de la inminente llegada a Um-Quais. Componente de la decápolis romana, está situada en zona fronteriza de Israel, Jordania y Siria desde donde contemplamos los altos del golán, el norte del valle del río jordan y el antigüo mar de galilea que hoy se conoce como el lago tiberiades.
Como en todo viaje organizado, lo del madrugón es fundamental para no perder el autobús sin el cual no hubiera tenido la suerte de contemplar las variadas maravillas que me esperaban, ése y los días siguientes.
Desperté a pensboyfriend (a partir de ahora pensboy, por acortar) y me metí en la ducha. Las duchas desde entonces fueron de dos en dos porque lo del polvo en Jordania merece mención aparte, pero no es por aquí por donde quiero empezar. Tras el desayuno Jordano-continental, es decir, no se sabe qué con algo que sabe a no sé cuántos, zumo de algo que sabe dulce y, esto sí, té de menta; nos subimos al autobús con los ojos como platos y las cámaras desenfundadas para “por si”.
Lo siguiente fue despertar al sonido de la voz del guía palestino-jordano-cubano que nos avisaba de la inminente llegada a Um-Quais. Componente de la decápolis romana, está situada en zona fronteriza de Israel, Jordania y Siria desde donde contemplamos los altos del golán, el norte del valle del río jordan y el antigüo mar de galilea que hoy se conoce como el lago tiberiades.

Um Quais tiene el encanto de su emplazamiento y sus restos arqueológicos (teatros, basílica, baños públicos) dan fe de que en su día tuvo la importancia suficiente como para acoger al mismísimo Alejandro Magno. Lo que uno no se imagina contemplándola es que otra de las decápolis, aún mayor y mejor conservada está esperando a la vuelta de una hora de autobús.


Iba mirando por el lado equivocado de la ventana cuando escuché claramente: “a su derecha, Jerash”. Para que quede clara mi primera impresión, lo primero que salió de mi boca fue “¡HOSTIA!” a lo cual siguieron las carcajadas de pensboy que no dejó de reírse “conmigo” (por no decir que de mí) en todo el viaje. Natural que es una, oiga.
Lo de Jerash es asunto serio. Aquí sí que no me quedó otra que trasladarme a otro tiempo, casi podía ver los carros pasando por El Arco de Adriano, me imaginé las carreras de cuádrigas en el hipódromo que todavía hoy tiene su uso para espectáculo dirigido a los incontables turistas (incluida yo con mi cara de flipada), pude imaginarme a las gentes de Jerash adorando a Zeus o Artemisa en sus correspondientes templos, disfrutando sus dramas en los teatros, paseando por la Plaza Oval o el espectacular Cardo a la sombra de sus columnas. Y eso que dicen que aún queda por desenterrar el 80% de la ciudad porque por allí los asentamientos datan de las edades de Bronce, Hierro, Helenística, Roamana y Bizantina. Vamos, que aún queda “tajo” y a mí me pareció que por fin había conseguido entender el libro de historia del arte de 9º de ciclo básico diversificado (aquí 1º de B.U.P.).





Tras dos horitas de paseo, fotos y caretos de cateta varios, nuestro simpar guía “sin-ánimo-de-lucro” nos recomendó uno de los restaurantes que ofrece el complejo monumental y allá que nos adentramos. No me quejo, porque el humus estaba de escándalo y los dulces del postre acompañados de otro delicioso té de menta valieron los dinares que nos cobraron. Al principio nos pareció suficiente pero pudimos comprobar que la cosa salió cara al día siguiente. En fin, la vida del turista es dura.
Para culminar la jornada y con la tripita satisfecha regresamos a Ammán donde pudimos darnos un paseíto por su centro como apertivo al día libre que nos esperaba mañana. Así que, mañana (o pasado, o al otro) más.

Comentarios
A partir de esa frase me he perdido...
yo solo he visto la puerta del tesoro
y es uno de los sitios más impresionantes que he visto y mira que he visto sitios chulos.
Es la leche a que si?
CASIOPEA: tenga paciencia que a esa parte ya llegaremos, sólo le respondo a su pregunta: ¡¡SSSSIIIII!!.
Yalah!
guauuu menudo viaje!!
ya me contaras...
muchos besos
Esperad, esperad...
Y encima guía jordano-cubano. Vamos, vamos, vamos...;)