SOÑÉ CON JORDANIA IV
Llegamos al hotel y a toda velocidad llevamos las maletas a la habitación, cenamos y salimos al hall del hotel donde nos esperaba el bus para acercarnos a la entrada del Siq (desfiladero) de introducción a la maravillosísima Petra.
La Ciudad Rosada fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1985 y era el refugio de los Arabes Nabateos que no eran más que unos nómadas Beduinos que debían estar muy fuertes a la vista de todo lo que construyeron. La fundaron aproximadamente en el siglo VI A.C. siendo invadida por los romanos en el año 106. Luego llegaron los cruzados. Tras su partida los beduinos la mantuvieron oculta por considerarla un lugar sagrado hasta que llegó un tal Burckhardt, explorador suizo que divulgó su existencia al mundo.
Tras una increíble y espiritual visita nocturna al Siq y la Fachada del Tesoro como aperitivo del día siguiente, nos retiramos con ganas de preparar el cuerpo y el alma para lo que nos esperaba.

Empezamos los primeros metros de recorrido a caballo por un camino de tierra y grava en cuyo final desmontamos para recorrer a pie el Siq, un precioso desfiladero producto de la separación de placas tectónicas que tras poco más de un kilómetro nos lanzó en los brazos de uno de los lugares más maravillosos que he visto hasta ahora.

La primera parada y más conocida por la película de Indiana Jones de 1989, es la Fachada del Tesoro. No se sabe todavía si es una tumba o un templo, pero importante es, pues mide 40 metros de alto y te hace saltar el lagrimón ante su belleza. Impresiona de verdad, yo pensaba que me parecería poco por la publicidad que tiene, pero no, hay que estar allí para entenderlo.

Después recorrimos la Calle de Las Fachadas, salpicada de tumbas y pequeñas fachadas funerarias que desemboca en El Teatro que da cabida a unas 7.000 personas. Aunque, al principio, los Nabateos lo construyeron para 3.000, los romanos hicieron la ampliación a 8.500 plazas que disminuyeron tras un terremoto.


Como la magia del lugar nos tenía fascinados dedicamos algo de tiempo a las fotos y a la contemplación de los lugareños que nos ofrecían un sin fin de artículos: desde comida o bebida, hasta sombreros como el de Indiana Jones, pasando por el collar “para la suegra” o “para la amante”. Y, haciendo mis delicias, cuantos camellos quisiéramos "por la chica rubia" (una de nuestras compañeras de grupo turístico, pobrecilla). Lo cierto es que lo que más me gustó, no me lo ofrecieron, sirva la foto para entenderlo:

Tras una parada y descanso con té incluido, emprendimos la ascensión a la Fachada de El Monasterio, situada en lo alto del valle, recuerda a la del Tesoro, pero ésta es más grande todavía: 50x45m. Tras una hora de subida y más de 800 escalones mediante, contemplamos esta belleza:

Después y a pesar del calor y el cansancio, continuamos unos 500 metros más para encontrarnos con un magnífico paisaje montañoso al que los lugareños no dudan en llamar “fin del mundo”. Muy bonito, si.


Para finalizar el día, desandamos todos y cada uno de nuestros pasos para regresar al hotel y coger el bañador que necesitábamos, pues, tras una acertada gestión de nuestro guía, acudimos al pueblo a disfrutar de un merecido baño turco con mini-masaje incluido… ¡que dura es la vida del turista!.
Comentarios
MONTSE: ¡ZANGANA!, una pena no haber podido entrar la cámara... jejeje!
Salud y orujo para ambos!