El año del no-blog
Abro este abandonado blog mío y casi me da vergüenza el
tremendo abandono en que le dejé durante el recién finiquitado 2018. Y eso que empecé bien, duplicando las
entradas del primer mes del año respecto al año anterior y con la firme
intención de celebrar el décimo aniversario de su creación. Nada.
No voy a hacer propósito de enmienda. No voy a prometer lo que dudo mucho pueda
cumplir. Pero aquí estoy, no quiero abandonar ni cerrar esta ventana que tantas
satisfacciones me dio.
Doy la bienvenida a 2019 dejando atrás un 2018 que me dio grandes
satisfacciones. Ahora sólo me queda un
poco de pena por no haber escrito, como hacía antes, un poco sobre cada
filosofada pensada, cada montaña recorrida, cada viaje, cada concierto disfrutado y cada
logro conseguido.
Venga, un resumen rápido:
Filosofé sobre muchas cosas, planteándome la vida desde mi
nueva triste posición de madre frustrada echando de menos al hijo que no
tendré, cosa sobre la que me cuesta escribir…. Ojalá un día de estos consiga
hacerlo.
Recorrí como siempre, las faldas y cumbres de mi sin par
Pirineo. Fiel como solo él se merece celebrando el 25 aniversario de mi primera
cumbre pirenaica y disfrutando el inicio de un nuevo proyecto que me llevará a recorrer
los 800 kilómetros de la GR11, senda de gran recorrido que le atraviesa de cabo
a cabo, en mi caso desde el Cap de Creus con el objetivo del Cabo de Higer.
No es casualidad que la última entrada escrita el año pasado
haga referencia al magnífico concierto de Steven Wilson que me dejó tan
extasiada como para no buscar ninguna cita más.
Sólo reseñar la divertidísima noche que pasé en la mini-sala 21 gracias a
Bigott y sus locuras ¡Ah! Y mencionar también a D. Rubén Blades que, sin ser el
tipo de música de mi interés, admitiré se acompaña de unos músicos tan
excelentes como él, de los que disfruté en el bucólico entorno de Lanuza y su
festival anual “Pirineos Sur”.
Como de aniversarios fue la cosa durante todo el año, las bodas de oro de mis padres provocaron un viaje familiar que nos llevó a disfrutar la bellísima Florencia que me sacó las lágrimas desde el minuto uno contemplando la Catedral tal espectacular que incluso me hizo sentir como dentro de un cuadro.
Como de aniversarios fue la cosa durante todo el año, las bodas de oro de mis padres provocaron un viaje familiar que nos llevó a disfrutar la bellísima Florencia que me sacó las lágrimas desde el minuto uno contemplando la Catedral tal espectacular que incluso me hizo sentir como dentro de un cuadro.
Y para terminar, aunque no me guste el postureo, he de
admitir que me siento tremendamente orgullosa de haber conseguido un objetivo
que jamás hubiera pensado me pudiera plantear. Sin embargo, la vida da muchas vueltas y una
no sabe cuándo, cómo, ni por qué, de repente, decide arrancar a correr con tanto
gusto que termina corriendo los veinte kilómetros con sus trescientos metros de
desnivel de la famosa Carrera “Behobia-San Sebastián”. Fueron meses de entrenamiento y concentración,
poniendo mucha ilusión en la idea de atravesar una meta que significa mucho para
gente como una, que se ha tenido que ganar la oportunidad de vivir cada uno de
sus días.
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Esas vistas tuve al atravesar Irún |
2019 empieza anodino, con el vacío que deja el objetivo cumplido y con la incertidumbre de una incipiente madurez. Esperemos a su final, que seguro cambia todo.
Palabra de Pensadora.
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Aquí estamos Voz! a ver si duro