LÁGRIMAS Y LAGRIMONES

Lo de llorar parece ser un tabú. Como si sólo hubiera que llorar de tristeza. Yo, que soy una llorona compulsiva afirmo que no sólo de tristeza llora el hombre, sino que el llorar es una terapia además de la inconfundible prueba física de sensibilidad (que no de sensiblonería, no confundamos términos).
El motivo más común y mejor visto del llanto es la tristeza, el sufrimiento, la impotencia…
Los motivos menos comunes son los cercanos a la felicidad y esto sí es algo que me produce a mí admiración. Aquellos que saben derramar dos buenos lagrimones en un momento feliz o emocionante, éstos, sí son portadores de mi admiración.
Hubo una época en la que me costaba mucho llorar y cuando lo hacía no me quedaba satisfecha, evidentemente, fue la época más oscura de mi vida (hasta ahora, claro). Cuando por no saber, no sabía ni siquiera por qué estaba triste y no me permitía estarlo, así que las pocas lágrimas que conseguía derramar eran tan amargas que me dejaban igual que al principio: inquieta. Todo pasó y recuerdo muy bien el día que volví a llorar, digamos, sanamente. Volver a llorar me hizo tan feliz que el problema que tenía, de repente tomó otro color y pronto lo olvidé.
Pero las lágrimas que mejor y más a gusto he derramado y derramaré son aquellas que parten de la emoción. Me encanta es ese momento en el que me desbordo de emoción ante algo y sin darme cuenta empiezo a llorar… hay quien no lo entiende pero así son estas cosas de la sensibilidad… incomprensibles al que no las quiere ver.
El motivo más común y mejor visto del llanto es la tristeza, el sufrimiento, la impotencia…
Los motivos menos comunes son los cercanos a la felicidad y esto sí es algo que me produce a mí admiración. Aquellos que saben derramar dos buenos lagrimones en un momento feliz o emocionante, éstos, sí son portadores de mi admiración.
Hubo una época en la que me costaba mucho llorar y cuando lo hacía no me quedaba satisfecha, evidentemente, fue la época más oscura de mi vida (hasta ahora, claro). Cuando por no saber, no sabía ni siquiera por qué estaba triste y no me permitía estarlo, así que las pocas lágrimas que conseguía derramar eran tan amargas que me dejaban igual que al principio: inquieta. Todo pasó y recuerdo muy bien el día que volví a llorar, digamos, sanamente. Volver a llorar me hizo tan feliz que el problema que tenía, de repente tomó otro color y pronto lo olvidé.
Pero las lágrimas que mejor y más a gusto he derramado y derramaré son aquellas que parten de la emoción. Me encanta es ese momento en el que me desbordo de emoción ante algo y sin darme cuenta empiezo a llorar… hay quien no lo entiende pero así son estas cosas de la sensibilidad… incomprensibles al que no las quiere ver.
Comentarios
Ahora bien, cierto es que a veces nos guardamos las lágrimas pensando que así nos protegemos o protegemos a otros lo cual puede ser malo en ambos casos.
¿Habrá realmente un subconsciente..?, yo no puedo acabar de creérmelo, pero quizás sólo sea por no llorar...
Un saludo Pensadora, y que nunca vuelvan las lágrimas amargas e inútiles
En cambio, y paradójicamente, en la vida normal soy muy duro (o veo las cosas con resignación y cierta mala leche, que también)y creo que nada me ha hecho llorar (incluso he tenido la sensación de estar en un sitio y momento en el que debería derramar una lagrimilla, pero nada, que no salía).
Saludos.