El paisaje cambia según la hora, la estación... y eso le hace adquirir su toque de belleza imperceptible a quien no la busca... busquémosla entonces...
Hace poco un amigo me comunico su gusto por una chica. Hace un par de días, mientras filosofábamos o más bien divagábamos sentados en una terraza, la chica en cuestión pasó cerca de nosotros. Inmediatamente apelé a mi amigo para que actuara en consecuencia a su confesión de días atrás. Fue su contestación lo que me hizo pensar y me trae a este post. Me dijo, más o menos, que ahora que la conocía un poco mejor ya no le atraía porque le parecía demasiado independiente. Que la chica en cuestión, estaba en su mejor momento y sola. Y digo yo, ¿no es el mejor momento para establecerte en pareja cuando te sientes bien a gusto contigo mismo, el momento tu plenitud?. Yo pienso que precisamente cuando estás fuerte, cuando te vales por ti mismo, cuando no necesitas nada más que a ti mismo: es cuando estás preparado para aportar algo a los demás. Y, desde luego, no hay relación más sana que la que se establece entre dos personas plenas y llenas de cosas que aportar la una a la otra. El resto sería...
¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad?, os preguntaréis algunos. La explicación al título de esta entrada es que ante el consejo de uno de mis anónimos de ayer he decidido ponerle un toque frívolo al día de hoy, así que a falta de una entrada profunda de esas mías voy a hacer un compendio de pequeñas frivolidades que se me han ocurrido en los cinco minutos de viaje desde mi casa hasta este mi despacho-cárcel de cristal. Resulta que ya nieva por aquí y aunque el blanco elemento no se deja ver por la ciudad, sí está muy cerca de ella lo cual supone un añadido de frío al ambiente que me pone de bastante mal humor. Que le vamos a hacer! Me crié en el caribe y esto del frío me sigue poniendo mala, pero bueno, siempre pasa lo mismo: primero reniego y luego salgo corriendo a ponerme las raquetas y disfrutar de los paisajes inhóspitos que se crean tras las grandes nevadas. (esto no es muy profundo ¿no?). Y con la nieve, la lluvia (que lleva dos días cayendo aquí en Güeskonsin) y el f...
La maternidad. Un deseo. Puede que el más humano, profundo, animal e instintivo que se pueda experimentar, capaz de provocar una auténtica revolución emocional en la mujer. A lo largo de mi vida e ido recibiendo información sobre el asunto en muy variadas formas, pero siempre lo había visto en tercera persona, como algo que no me afectaba e incluso pensaba que ese sentimiento de frustración por no poder procrear, estaba reservado a las parejas estables que decidían tener un hijo y no lo conseguían. El tiempo y la edad me han demostrado que no. Que existe un reloj biológico dentro de cada mujer que le indica que el momento ha llegado, que es ahora o nunca, que la naturaleza hace su trabajo y que como el ser vivo básico que soy, tengo una función y esa función es nada más y nada menos que dar vida… DAR VIDA!. La primera vez que sentí esa especie de “llamada de la selva” fue el mismo día que me comunicaron que mi propia vida corría peligro. Enseguida pensé “tengo que vivir, porque qu...
Comentarios
Saludos.
PD: ¿algo más relajada?
Una saludo y que no cambies de "gafas"
Anselmo, así ha de ser, que nunca nos deje de embobar la belleza.
Pez, sí es mi balcón y sí estoy más tranquilita... a ver si dura.
Anónimo, no pienso cambiar de gafas... si eso les iré poniendo aumento.
Besos.