Tomada prestada de la página de Huesca la Magia. Ermita de Salas al atardecer muy parecido al de ayer pero bastante más solitaria. Caminaba a toda prisa rogando que se me liberara la ciática de una vez, cuando empecé a oír lo que me pareció el sonido de micrófono y muchedumbre, tal vez algo de música lejana. Así que pensé que sería alguna competición que se estaba desarrollando en la ciudad deportiva cercana. Conforme avancé, el sonido se alejó y lo olvidé hasta que, poco a poco, fue regresando como traído por el viento a través de los campos verdes y crecidos de primavera. De repente, en una curva del camino, me topé con una joven pareja retozando y pensé que quizá había romería en la Ermita de Salas situada unos pocos kilómetros más adelante. Un muchacho que andaba por allí, se me acercó y preguntó si iba bien hacia Huesca, a lo que respondí que todo lo contrario, pues debía cambiar de dirección y encaminarse en el mismo sentido que yo llevaba, así qu...
Cuando escribí mi primera entrada en este blog todavía no había estallado del todo la crisis que tanto cambió las vidas de tanta gente. Para entonces se sucedían las noticias de los aumentos de población padeciendo estrés, ansiedad y tantas otras afecciones cerebrales. Era una época en que, mal que nos pese admitirlo, se vivía bastante bien en España y amí me dio por pensar que de puro “vivir bien” teníamos la posibilidad de centrarnos más en nuestros problemas internos lo cual se traducía en ciertos problemas de locura menor, soledades o desarraigos por la frivolidad de la “buena vida”. Esto sí ha cambiado: Con la crisis los problemas se convirtieron en vitales, en cuestiones de supervivencia como conservar la vivienda y alimentarse. Lo básico para vivir. Desde entonces, o yo no me fijo bien o ciertamente ya no se habla tanto de ansiedad o astenia primaveral en las noticias, parece como si estuviéramos tan ocupados en sobrevivir que pensar se ha que...
Siempre tengo miedo de que me pierdan las maletas. Imagino cómo solucionaría mis vacaciones si en un vuelo tonto mis maletas llegaran a Toronto en lugar de ir a Fez, por ejemplo. Nada es totalmente necesario y todo lo que cabe un una maleta puede ser sustituido o repuesto ¿verdad?. Lo cierto es que sí, pero todo, como siempre, tiene “un pero”. Al abrir el maletero me fijé en mi mochila de montaña y decidí que la subiría al piso junto con la maleta y así tendría todo a mano para mañana, tanto si había monte como si había ciudad. A la vez que lo pensaba, un frío me recorrió la columna y miré hacia Bonito del Norte esperando una confirmación de mi temor. No hablaba, sólo estaba blanco mirando el maletero como quien divisa un fantasma. Entonces pregunté “¿y mi maleta?”. Mi maleta se había quedado cerrada y preparada encima de la cama. Intenté ser racional, ya nada se podía hacer. La maleta no iba a venir sola y tampoco podíamo...
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Y cuántas cosas por dentro, joé...
Besicos!