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Día de la Tierra 2020

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Esta mañana, al abrir una ventana, he visto un pato en la acera que me ha hecho sonreír y mirar al cielo preguntándome ¿qué día es hoy? Y resulta que a parte de miércoles, es la víspera del día de San Jorge y también el día mundial del planeta Tierra. Ese en el que vivimos todos los confinados.
He salido a la compra y he aprovechado para disfrutar el camino, con la suerte de encontrarme a una amiga muy querida, ver unas cuantas flores iluminadas por un tímido sol mañanero y un gato. Aunque no al pato.
De regreso a casa, tras una buena ración de endorfinas resultado de algo de ejercicio, me he mirado al espejo y todavía lucía la sonrisa de hacía unas horas aunque en mi mente se agolpaban los pensamientos de estos días extraños.
He cambiado mi sonrisa por un signo de interrogación porque tras disfrutar de ese buen rato, no puedo evitar preguntarme qué fue primero en nuestro egoísmo ¿destruir el planeta o eliminarnos a nosotros mismos? Ambas cosas parecen ocurrir a la vez y eso es hoy…

Lo que nos hace iguales

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El otro día paseaba con mi madre del brazo por la calle.  Caminábamos despacio hablando tonterías y agradeciendo el sol caliente del mediodía.  Dejábamos que la gente nos adelantara y se nos cruzara, nosotras despacio, a cinco piernas (que hay que darle su valor al bastón).
Regresábamos ya a casa cuando vi caminando hacia nosotras a otra pareja de hija y madre, del brazo, pensativas…  sin conocernos, ambas hijas nos sonreímos y saludamos, cómplices y comprensivas.
Porque al final, señoras y señores, terminamos todos igual, pese a quien le pese.
Palabra de Pensadora.

La extraña romería y la abuela cebolleta

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Caminaba a toda prisa rogando que se me liberara la ciática de una vez, cuando empecé a oír lo que me pareció el sonido de micrófono y muchedumbre, tal vez algo de música lejana.Así que pensé que sería alguna competición que se estaba desarrollando en la ciudad deportiva cercana.
Conforme avancé, el sonido se alejó y lo olvidé hasta que, poco a poco, fue regresando como traído por el viento a través de los campos verdes y crecidos de primavera.De repente, en una curva del camino, me topé con una joven pareja retozando y pensé que quizá había romería en la Ermita de Salas situada unos pocos kilómetros más adelante.
Un muchacho que andaba por allí, se me acercó y preguntó si iba bien hacia Huesca, a lo que respondí que todo lo contrario, pues debía cambiar de dirección y encaminarse en el mismo sentido que yo llevaba, así que se plantó a mi vera y apretó el paso para ponerse a mi nivel.
Pasé un rato encantador acompañada del zagal que me contó que se trataba de una fiesta de estudiante…

Analfabetismo moderno

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Cuantas veces oigo esto de “no me gustan las tecnologías” “odio el wasap” “no me gustan los ordenadores”… frases que se pueden entender pues durante este inicio de siglo, hemos vivido semejante revolución tecnológica que es comprensible que resulte difícil de digerir para el ciudadanito de a pie, pero la cuestión es que la tecnología está aquí y ha venido a quedarse. Estamos ultra-conectados, nos guste o no.Tanto, que si no aceleramos el aprendizaje y nos acostumbramos a cada uno de los adelantos que se nos presenta, corremos el riesgo que convertirnos en “analfabetos modernos”.
Como quien no sabe leer y escribir, hoy en día, el no saber utilizar un ordenador o un smartphone, nos condena a la ignorancia.
Palabra de Pensadora.

Cuestión de voluntad (o querer)

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Como responsable de un departamento de prestación de servicios, me suelo encontrar en la situación de atender reclamaciones de clientes que, como reza el dicho: “siempre tienen la razón”.Y lo cierto es que la tienen.
He comprobado que la mayoría de veces que se produce una insatisfacción y por ende, una reclamación, ésta se podría haber evitado con un simple “vistazo” antes de entregar un trabajo que consideramos finalizado.En mi opinión, esto es una cuestión de voluntad: de querer hacerlo bien e invertir un pelín de esfuerzo en comprobar y asegurar nuestra labor.
Querer hacer las cosas bien no tiene por qué suponer un perfeccionismo patológico.No se trata de alcanzar la perfección, sino simplemente de buscarla (aún sabiendo que nunca se alcanza).Cuando uno cree en sí mismo y hace las cosas con conciencia, interés, atención y voluntad, éstas salen bien casi por sí solas.No perfectas, pero casi.
Muchos me diréis ¿cómo poner voluntad, atención, interés en algo que no nos gusta? Yo os c…

Tarde de señoras

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Hay un olivo en el jardín de la imprenta de enfrente que me sirve de anemómetro. Dependiendo de su baile, sé si el cierzo arrecia o disminuye.Ayer, el pobre olivo bailaba el merengue, la bachata y todos los bailes caribeños, así que decidí pasar la tarde en casa y obviar mis habituales actividades post jornada laboral.
Coflada en el sofá, empecé a buscar música en youtube donde me apareció como “trending topic” la actuación de Lady Gaga y Bradley Cooper en la entrega de los premios Oscar de este año.Tras visualizar el vídeo, me saltó otro vídeo de la Gaga que me encantó y sirvió para confirmar que la muchachita esta ya no es tan niña y si antes tenía talento, ahora sabe repartirlo y ponerlo en valor.

Por fin decidí decidir por mí misma y elegí una lista de reproducción de esas de “música para concentrarse” y abrí mi última adquisición literaria.
“Las hijas del Capitán” ha tardado poco en engancharme y, sin vislumbrar una acción realmente trepidante o un misterio de esos que te hacen …

Tiempo en blanco

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Me ocurre que a veces (y solo a veces), un día, en un momento cualquiera, levanto la cabeza de cualquier cosa que estoy leyendo, analizando u observando y me doy cuenta que ha pasado un tiempo en el que yo no he estado ni sido, aunque las cosas hayan seguido ocurriendo.
Una recuerda haber hecho cosas, trabajado, gestionado, vivido… pero nada ha significado nada.Como un tiempo en blanco. Un estop.Un reinicio involuntario.
También me ocurre que a veces (y solo a veces), un día, en un momento cualquiera, levanto la cabeza de cualquier cosa que estoy leyendo, analizando u observando y me doy cuenta de que me encanta haber estado en blanco.