miércoles, 17 de enero de 2018

Bye bye Dolores




Mi habitual carrera de los lunes por la tarde se convirtió en un vaivén de melancolías al enterarme de la muerte de Dolores O’Riordan, vocalista de “The Cramberries”. El programa que suelo escuchar en la radio mientras corro se había hecho eco del suceso y dedicaba la tarde a la memoria de la cantante con canciones de la banda, canciones que grabó en solitario y algunas de sus colaboraciones con otros artistas. 

He de admitir que el grupo en sí nunca estuvo entre mis favoritos. Pero fue muy famoso y sonaba tanto en los años de mi “Generación X” que me conozco casi toda la discografía a pesar de no haber adquirido jamás un solo CD. Sí que me grabaron uno de sus discos, el archifamoso “No need to argue” en una cinta, sí, una cinta de casette que escuché infinitas “vueltas” en aquel R18 destartalado que fue mi primer coche. 

Desde este lunes llevo recordando tantas primeras veces de tantas cosas importantes que de alguna manera saltan a mi memoria al escuchar alguna canción de esta irlandesa que no se cortaba un pelo en escribir sobre sí misma y cantarlo en voz viva. Podría decir e incluso afirmar, que The Cramberries pusieron banda sonora a la juventud de mi generación. 

Recuerdo ahora una escapada de fin de semana con una amiga. Andábamos las dos bastante despechadas y no podíamos evitar berrear al son de “Promises”…

   


Si uno está entre los 40-50 años, seguro que tiene un recuerdo que salta con una canción escrita por Dolores O’Riordan. Descanse en Paz.

martes, 9 de enero de 2018

Una época. Un momento… Una canción: The Offspring - “Why don’t you get a job”


Corrían los últimos noventas, esta Pensadora aún no peinaba canas y pasaba más de una noche de sábado trasnochando y meneando las melenas al son del Rock. 

Me parece a mí que fue el momento de la decadencia del Heavy de los pelos cardados y las mallas a rayas, cuando se abrió el camino a otro tipo de rockeros y otro tipo de rock. Nirvana aún retumbaba en nuestros oídos y el grunge pugnaba por no desaparecer mientras una especie de punk ligero se abría camino en las listas de ventas y en los corazones de fans adolescentes. 

Sin dejar el espíritu y origen obrero reivindicativo que siempre ha caracterizado al rock, Offspring se me presentó como un grupo con el que seguir disfrutando un rock menos sotisficado pero más divertido del cual nunca compré discos pero siempre me hizo disfrutar en los bares. 

Ayer, a mucha diferencia de aquel entonces, fue corriendo cuando los primeros acordes de “Why don’t you get a job” me despertaron el ritmo y completé una carrera que había empezado aburrida y sosa, con una sonrisa de esas de mirar a un lado recordando buenos tiempos...


jueves, 4 de enero de 2018

Una menos para empezar el 2018




Una señores, una entrada menos que en 2016 cuando tan apenas supe escribir 9 entradas en un año completito… pues nada, que 2017 no iba a ser menos y con eso, una menos, nos quedamos oigan.

Sé que me perdonarán porque tengo el ojo puesto en este 2018 en que espero alcanzar un nivel algo más aceptable llegando al menos a las 12 entradas que supongan una edición mensual como cualquier magazine que se precie.


Crucemos los dedos, a ver si lo sé hacer. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

La nueva fotografía


¿y esta foto la he hecho yo?
Laguna Wilkacocha, Huaraz (Región de Áncash, Perú)

He de admitir que me costó actualizarme cuando se pusieron de moda las cámaras de fotografía digitales y más cuando se empezaron a incorporar en los teléfonos móviles.  Cosas que, en principio, me parecían inútiles.  Además me las figuraba como armas que destruirían el verdadero arte de fotografiar.

La realidad, como siempre, me engulló y resultó que el arte de fotografiar creció y se extendió produciendo nuevas tendencias, aumentando y mejorando las posibilidades de quienes saben hacer fotografía y arte con ella.  Así que un día me encontré con mi primera cámara digital y de repente, la cantidad de fotografías en mi haber creció y se multiplicó hasta el día de hoy en que no sabría calcular cuántas fotografías tengo guardadas.

Resulta que la facilidad para fotografiar se me está volviendo en contra y llegado este momento, me pregunto cómo hacerlo para seleccionar y guardar sólo aquellas fotografías que realmente me digan y recuerden algo.  Y lo que es peor, no dejo de preguntarme qué será de toda esta información cuando yo ya no esté.

La nueva fotografía tiene sus ventajas, pero el gran inconveniente del exceso.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Viajar o posturear



Como suele pasar desde hace muchos años ya, el amigo Pez Martillo me ha inspirado con su post “viajeros” en el que pone palabras a una sensación que yo misma he tenido alguna vez: la de que no es necesario viajar lejos ni “posturear” para encontrar novedad, sensaciones fuertes o divertirse.

Sin embargo, he de admitir que a mí me encanta viajar y cuanto más lejos mejor.  Me encanta la sensación de novedad, de exotismo, de aprendizaje.  Cuando me lo puedo permitir, viajo al extranjero y son muy pocas las veces que me he decepcionado de un lugar y más de una las veces que un lugar me ha calado tan profundo que le recuerdo habitualmente haciéndome suspirar (mis asiduos recordarán mi profundo amor por Islandia).  Una de las sensaciones que más me gustan de viajar es el momento del aterrizaje, cuando veo una ciudad diferente desde arriba y puedo empezar a imaginar las diferencias culturales gracias a las distribuciones de las calles, los tipos de construcción de los edificios…  Nunca olvidaré la sensación que me inundó al ver Venecia por primera vez y desde el aire, era tan pequeña y encantadora que parecía estar encerrada en una bola de cristal de esas que venden por ahí como souvenir.

Otra cosa es el postureo viajero.  Hoy en día, afortunadamente, resulta más fácil y asequible viajar pero, desafortunadamente, esto ha convertido el viajar en una moda como quien se compra unos pantalones pitillos de esos que no dejan respirar.  Uno se los compra, sí, pero no porque gusten ni para disfrutarlos, sino porque el resto lo hace para después, colgar la foto en redes sociales y olvidarnos de lo que realmente importa, que es disfrutar y aprender de cada viaje.



El peor y más desafortunado ejemplo de postureo viajero que he visto nunca fue el que contemplé en Austwitz, cuando casi arremeto contra una turista que sin ningún pudor se dedicaba a hacerse selfies sonrientes ante montañas interminables de cabello humano o expositores de ropa de bebé que correspondían a los millones de personas que fueron asesinadas allí.  Creo que jamás olvidaré escena tan terriblemente dantesca y creo que ese fue el día que entendí que existen muy diferentes tipos de viajeros y turistas.

Lo malo de posturear es que se pierde la magia del viaje, porque os puedo asegurar que no es lo mismo contemplar el atardecer del Wadi Rum en Jordania ocupado en hacer mil fotografías, que tumbado en la arena con un té en la mano sin otra preocupación que contemplar la estampa y sentir la cálida energía del desierto que una vez pisó el mismísimo Lawrence de Arabia.

Por fortuna o desgracia, cada vez somos más los viajeros y más los destinos, antes cerrados al turismo o desconocidos, que se abren ante nosotros.  La cuestión es elegir qué tipo de viajero quieres ser y entender, de conciencia, que el mundo está allí para contemplarlo y si apetece, intentar comprenderlo dejando la mínima o nula señal de nuestro paso.