jueves, 31 de diciembre de 2009

RESUMIENDO


Hoy es el día en que celebramos el último día del año, la noche vieja.

Se supone que es un día de diversión y reflexión. De nuevas y mejores intenciones, etc, etc, etc…

Este año no voy a resumir mis mejores o peores posts. No voy a hacer una lista de buenas intenciones para el año que viene, sólo un mejor/peor.

Lo mejor: conocer a pensboy.

Lo peor: que como colofón a un año bastante dentro de la normalidad, me han comunicado el aumento abusivo del precio de mi vivienda arrendada de renta antigüa y por lo tanto la dejo.


Resumiendo: Estuvo bien. Punto.

A otra cosa… ¡mariposa!.

lunes, 28 de diciembre de 2009

SACAR EL LADO BUENO (o esperar a que salga el arcoiris)


Parece una cosa tonta. Como si se tratara de una solución mágica que poco tiene que ver con la realidad.

Error.

Sí es posible sacar el lado bueno de las cosas y no es nada mágico. Como siempre, es sólo una cuestión de actitud.

Cuando algo malo nos ocurre o pensamos que puede ocurrir tendemos a pretender adivinar el futuro sin darnos cuenta de que en una situación de estrés o bajo la influencia de un estresante es imposible ver algo con claridad, menos aún el futuro.

Peor aún, las visiones de futuro que nuestra mente (¡mala, mala y mala!) nos devuelve suelen ser catastróficas, negativas. Esto sucede primero porque erramos en pretender predecir el futuro y segundo porque nuestra mente necesita un pensamiento más realista y menos subjetivo, al no recibirlo, se basa únicamente la parte que estamos utilizando: la negativa.

De esta manera, bajo la influencia de pensamientos estresantes (tristes, confusos, subjetivos) es muy difícil encontrar solución a un problema o encontrar claridad en el futuro.

Lo mejor es permitir que la situación o el problema siga su propio rumbo. Relajarnos, permitirnos caer, llorar si es preciso y aclarar ideas. Plantearnos qué es lo peor que puede ocurrir y restarle importancia. Pensar que, en el peor de los casos, podemos sufrir alguna perdida o generar algún tipo de cambio.

Las pérdidas, los cambios, con el tiempo, se pueden convertir en oportunidades de aprender, de crecer, de mejorar. Ése es el lado bueno de las cosas.

Hay que recordar que, tras grandes tormentas, aparecen grandes arcoiris.

Palabra de pensadora.

jueves, 24 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

HERIDAS ABIERTAS


Que la vida es difícil lo sabemos todos.

Que llega una edad en la que todos podemos contar heridas de guerra también.

Y que hay veces en las que esas heridas se abren, es un hecho.

Aunque no queramos, aunque pensemos que todo pasó. Por mala suerte, por casualidad o porque el universo se confabula para darnos una nueva lección, a veces las viejas heridas se abren y como eran viejas duelen cada vez más.

Tras unos cuantos años de tranquilidad y “buenos alimentos” me encuentro de frente con uno de mis peores fantasmas y por tanto una herida que tiene sangrado fácil. No es mi cáncer (menos mal) ni mi útero (menos mal). Se trata de lo que más duele, de aquello que una no puede controlar. Señoras y Señores con el amor hemos topado otra vez más.

Ya he escrito yo mucho sobre el miedo, sobre la incertidumbre y las nefastas consecuencias que estos pensamientos tienen sobre nuestro comportamiento. Miedo e incertidumbre van de la mano.

Cuando uno no tiene la posibilidad de controlar o decidir sobre algo la incertidumbre (¡¡mala, mala, y mala chica!!!) se cierne oscura y macabra sobre la espalda, insuflando el veneno de la ansiedad en el corazón (lo digo de manera orgánica), las palpitaciones y el nerviosismo se apoderan del cuerpo y las combinaciones químicas resultantes aportan un nivel de irracionalidad tremendo al cerebro.

¿De dónde saca ahora una la paciencia necesaria para esperar el resultado final? ¿Cómo se cierra una herida sangrante que ahora ocupa el doble de su tamaño original?. Amigos internautas, estas preguntas tienen respuesta: si los médicos consiguen cerrar una fístula yo soy capaz de todo.

Prometo daros la solución el día que la tenga.

viernes, 18 de diciembre de 2009

LA NIEVE PURIFICADORA


Llegan el frío y la nieve a mi minúscula ciudad y con ellos, los fantasmas. Aunque para los mayores de por aquí la nieve significa riquezas para el nuevo año, a mí me trae el recuerdo de días peores.

Al asomarme a la ventana veo los copos silenciosos, coquetos, como queriendo darme una sorpresa. Agradable al principio, triste al final porque la nieve no sólo entorpece el tráfico oscense sino también despierta lo más profundo del pensamiento. Es como si la nieve quisiera purificar no sólo el ambiente sino también nuestras almas.

¡Que lejos queda ahora la primavera y el verano cargados de experiencias y nuevos encuentros! Cuando las expectativas eran agradables, las apuestas parecían seguras y el futuro perdía toda importancia.

Sólo queda dejar que la nieve caiga lenta, fría, pura. Esperar que algún día marche y deje aquí de nuevo lo que una tanto deseaba y con el frío parece querer marchar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

INDIVIDUALIDAD VS. COLECTIVIDAD


El otro día volvía caminando del trabajo junto a un compañero que está cercano a la jubilación. Como suele ocurrir en estos casos, aprovechamos para hacer algún comentario sobre nuestro quehacer diario. Luego dimos algún rodeo sobre el tiempo y finalmente, inevitablemente, empezamos a intentar arreglar el mundo compartiendo opiniones sobre la crisis y nuestras formas de vida.

Me encanta hablar de estas cosas con personas mayores. Siempre llego a la conclusión de que sus puntos de vista, simplemente, son más sencillos que los míos. No puedo juzgar si mejores o peores, más o menos acertados con la realidad, pero desde luego siempre desprenden más sentido común.

La cuestión es que tras aquella brevísima conversación se me ocurre que la individualidad que atraviesa todos los aspectos de la forma de vida de las generaciones actuales, a lo mejor y al revés de lo que yo pensaba, va en nuestra propia contra sin que nos estemos dando cuenta.

Estamos tan centrados en el propio beneficio que nos olvidamos de que en un mundo globalizado el bien común repercute en el bien individual. Así, si en lugar de centrarme en qué puedo hacer bien yo para mí misma, quizá valdría la pena fijarme de vez en cuando, y siempre que pueda, en el bien común o colectivo.

Si ese pensamiento fuese extensivo. Si todos pensáramos de esa manera, quizá nos daríamos cuenta de que vale más la pena invertir los ahorros en crear negocio y puestos de trabajo en lugar de comprarnos un montón de pisos esperando venderlos especulativamente.

Si pensáramos así, dejaríamos de darle vueltas a la posibilidad de opositar con la única intención de “tocarnos la tripa” el resto de nuestras vidas. Al contrario, lo haríamos con conciencia social, pensando que vamos a prestar un servicio a nuestra comunidad a cambio de un sueldo más que digno.

Si pensáramos así, los que hemos conseguido mantener un puesto de trabajo a pesar de la crisis, intentaríamos seguir moviendo nuestro dinero, intentaríamos ahorrar e invertir nuestros ahorros en el bien de los demás y no sólo en el propio.

Tal como han funcionado las cosas hasta ahora, sé que es muy difícil un cambio general tan radical y más cuando nos siguen vendiendo basura que compramos sin pensar en su utilidad real. Más cuando todos deseamos estar al nivel de nuestro vecino, de nuestra familia, de nuestros semejantes. Pero también sé que nuestro tren de vida sigue siendo insostenible y que algún día tendremos que darnos cuenta. Espero que no sea demasiado tarde para todos.

viernes, 27 de noviembre de 2009

SINDROME DE ABSTINENCIA


Cuando nos encontramos bajo la influencia de una mala temporada que se alarga en el tiempo, lamentablemente, nos acostumbramos a ese estado. Dependiendo de la forma de ser de cada cual, el estado de ánimo variará en consonancia con los motivos. Unos estarán tristes, de capa caída. A otros les entran los nervios, como a una servidora.

Las malas temporadas se acaban. Sí o sí. Sea como sea. Porque uno se arma de valor y “coge el toro por los cuernos” o porque simplemente con el paso del tiempo las cosas se ponen en su sitio. Todo se acaba incluso aunque no queramos.

La salida de esos estados de ánimo suele conllevar accesos de euforia. De repente llega un día en que te encuentras mejor, los problemas parecen desaparecer y las cosas salen mejor.

Todo resulta emocionante hasta que con el tiempo nos asentamos en la buena temporada y de repente, sin saber por qué, se tiene una extraña sensación. Un ronroneo interior, una inquietud sin motivos. El saber que todo está bien y sin embargo hay algo que no va bien. Esto es lo que se me ha ocurrido llamar “síndrome de abstinencia post-traumático”. Después de pasar una época de lucha, de conflicto continuado y tras la calma de la tempestad, los humanitos luchadores tenemos ansias de seguir luchando, de tener motivos sin darnos cuenta que el motivo principal es vivir, simplemente vivir.

Habrá que aprender a vivir bien y a aprovechar las buenas temporadas para cuando vengan las malas, que siempre llegan.

jueves, 26 de noviembre de 2009

PAISAJES COTIDIANOS

A veces al viajar no nos fijamos en cosas y otras sí. Así, de vez en cuando, al pasar por el mismo lugar podemos encontrar belleza o simplemente no verla.

Ayer me ocurrió. En un lugar por donde paso como mínimo una vez al mes hice, sólo con mi retina y sin ningún instrumento de grabación, una foto de esas de revista: un toro de osborne al amanecer.

Muy castiza la imagen, sí, pero hacía tiempo que no tenía esa sensación de encontrar algo bello, así, de repente y sin saber por qué.

Cosas curiosas de la vida, al regresar por la tarde, ya no lo vi. Para que luego digan que el estado de ánimo no influye en todo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

INFIERNO ACUÁTICO

Me encanta nadar. Nado desde que tengo uso de razón (o lo intento).

Todo empezó cuando era muy pequeña: mi familia, conmigo a cuestas, solía “vacacionear” en una preciosa playa del caribe venezolano llamada manare. Allí, los días pasaban plácidos y agradables al sol. Yo jugueteaba con mi flotador de hello kitty (que ya existía y se piensan que es nueva) hasta que un día mi madre decidió que era hora de que aprendiera a nadar, así que, sabiendo que el pueblo con tienda más cercano estaba a unos 45 minutos en lancha, pinchó a escondidas el flotador. Así, me ví obligada a aprender a nadar a mis dulces cinco añitos. Hubo suerte, aprendí rápido y me gustó.

Siempre me ha gustado nadar, es un deporte agradable y sencillo. Se me da más o menos bien y me mantiene más o menos en forma. Hasta hace mes y medio.

Como me conozco y sé que lo de la constancia no es lo mío (menos si me tengo que meter en una piscina sabiendo que fuera estamos a cero grados), todos los años me apunto a los cursos de natación que ofrece el patronato municipal de deportes, así me obligo a ir a la piscina dos días a la semana. Hasta aquí bien.

Este año, como todos, me apunté al curso de perfeccionamiento con la diferencia de que, esta vez, elegí un horario diferente por dejarme hueco para estudiar. Llegué el primer día, oteé el lugar en busca de alguien conocido y encontré a lo lejos a la misma monitora que llevaba el año pasado. Me acerqué, me presenté y me comentó que este año habían dividido los grupos de perfeccionamiento por niveles y ella llevaba el grupo más avanzado. Valiente de mí, decidí quedarme con ella, total, estos últimos años siempre era la más avanzada de mi clase y normalmente tenía que quedarme un rato más nadando a mis anchas porque en clase me aburría.

Allí comenzó mi infierno acuático particular. La gente de mi grupo lleva dos años asistiendo en ese mismo horario, con la misma monitora. Son como una secta de los superdotados del agua, con un gran líder que nada “estilo competición”, haciendo la voltereta de cambio de sentido y todo. Y allí llego yo, todos los martes y todos los jueves, con un estilo perfecto pero más lenta que uno muy lento. Sufro, sufro mucho. No sé cuántos largos sólo de pies, no sé cuántos otros sólo con los brazos, para terminar al estilo completo otros sopocientos largos más. Allí, siempre la última ¡con lo que yo he sido!.

Para colmo, creo que no les caigo bien porque retraso a todo el grupo. Desde luego, el gran jefe nadador, me mira de reojo siempre que me adelanta y me adelanta continuamente.

Hoy hay una cena y he decidido asistir con mis mejores galas a ver si se apiadan de mí porque aún queda otro largo mes y medio de infierno, no más, porque el trimestre que viene intentaré volver a mi horario de siempre. Que yo he venido aquí a nadar y a mejorar, no estoy entrenando para las olimpíadas (¡joder!).

martes, 17 de noviembre de 2009

CHICAS CON GUITARRA

Últimamente me tiene un tanto sorprendida la cantidad de cantautoras (o como prefieran llamarlo) que van proliferando en escena.

No me disgustan pero a ratos me pregunto si no hay detrás y como siempre algún estándar de márketing preconcebido en esta época en que a la gente le ha dado por ir de "alternativa".

De todas formas, algunas propuestas que, a mi gusto, no están nada mal:







Yo, particularmente, me quedo con el producto nacional. Para gustos: colores.

lunes, 16 de noviembre de 2009

APOTEOSIS BLUES

Ya se sabe que allí donde haya evento musical, me planto yo. Curiosamente, esta vez, no lo tenía planeado. Mi intención era aprovechar el finde para salir al monte, actividad que no practico hace tiempo.

Con sana intención entablé contacto con la inestimable “pareja empanadilla” para proponerles alguna actividad campestre. Finalmente, la conversación telefónica derivó en quedar esa noche para cenar y ya haríamos planes. Unas cuantas copas de vino mediante, la cosa cambió de rumbo y decidimos por unanimidad pasar por el Jai-Alai (salón de conciertos de la Peña Alegría Laurentina) así, como quien se da una vuelta por el parque de camino a casa. Una gran idea.

Los fineses Wentus Blues nos recibieron con una potencia que no esperábamos y enseguida nos presentaron a una auténtica leyenda blusera. Barrence Whitfield nos hechizó a todos haciendo mover el esqueleto hasta al crítico musical oscense que no se mueve nunca.

Pero la cosa no quedó allí. Tal como se bajó del escenario el Sr. Whitfield, subió Mr. Eddie Kirkland. Ahora sí, supimos que estábamos perdidos, que de allí no nos iríamos pronto y mucho menos indiferentes. Kirkland es un huracán de energía pura. Se movió y nos movió a todos.

Como apoteosis para semejante noche, regresó el maestro Whitfield y con todos en el escenario la cosa ya se convirtió en un auténtico espectáculo blues, con los músicos desenfrenados dando todo de sí y el público agradecido gritando y bailando a sus pies.

Una auténtica apoteosis blues que aún a estas horas me mantiene sonriendo y recordando el buen rato pasado.

Un ¡hurra! por la Peña Alegría Laurentina que tan buena música nos trae a los hueskanitos ávidos de cultura.

viernes, 13 de noviembre de 2009

JUVENTUDES BORRACHUZAS

Esta mañana muy temprano me he visto en el brete de tener que cruzar caminando una buena parte del coso, la calle central y auténtico centro neurálgico de esta mi Güeskonsin querida del alma.

Normalmente, a las siete de la mañana uno se encuentra por allí a los típicos currantes que esperan la furgo para ir al tajo, los repartidores de periódicos, pensadoras con cara de sueño y pocos amigos además de algún barrendero.

Hoy no. Hoy la estampa ha cambiado para mi gozo y diversión porque hoy, señoras y señores, hoy me he encontrado con hordas de jóvenes que regresaban de la gran fiesta de apertura de curso universitario que se celebra todos los años alrededor del país para estas fechas.

Una parejita de no más de veinte años de edad venía de frente hacia mí, intentando infructuosamente mantener una postura digna mientras discutían. Entonces, se percataron de mi presencia momento en el que veo cómo el zagal empuja a la pobre moza que, subida a sus tacones de bershka, consigue por muy poco mantener el equilibrio y no caer a la calzada de la calle. Inevitablemente le he echado una mala mirada al zagal en cuestión.

Más adelante me he ido cruzando con otros pequeños grupos entonando cánticos varios, muchachos y muchachas solitarios seseando pero creyendo que andan en línea recta, el típico par de incomprendidos “gafotas” que aún a esas horas andan filosofando sobre el aborto de la gallina…

Y lo mejor: al doblar una esquina me encuentro una pareja dándose el lote con esa furia que sólo se tiene a esas edades, sonrío y pienso en lo que les espera pero al bajar un poco la mirada para no desconcentrarles me encuentro a la que debía ser la mejor amiga de la chica, sentada en el suelo, con un litro de cerveza a su derecha y sonriendo como quien espera el autobús o cualquier otra cosa más común. Digo yo… ¿acaso estaba esperando su turno?.

Al final, ya sentada en mi despacho termino pensando: ¿cuántas veces me habré visto yo en cualquiera de esas situaciones?. Ha pasado tiempo desde mi época de estudiante pero aún así: ¿de qué hablábamos pensbestfriend y yo hace dos viernes regresando ya de día a nuestras casas? ¿andábamos rectas o también sesesábamos? ¿se nos oía al cantar por camela?... misterios que prefiero no revelar.

martes, 10 de noviembre de 2009

10 DE NOVIEMBRE DE 1975

El 10 de noviembre de 1975 nació un tal Jim Adkins, guitarrista y cantante de “Jimmy Eats World” que se ve que es un grupo rockerillo americano.

También, ese mismo día, murió D. Manuel Aznar Zubigaray, padre de nuestro ex - presidente Jose María Aznar.

Además, los días 10 de noviembre se celebra el día de la independencia en Panamá, el del dibujante en Argentina y el día no oficial del inodoro en Japón.

Aquí en Güeskonsin es día de celebración especial por el nacimiento del peluquero del barrio de Santo Domingo. Un rubio encantador que tiene una manía muy fea de robarle el corazón a pensadoras despistadas que un día decidieron estar en el lugar y en el momento adecuado.

Mi chico nació en el mismo lugar y el mismo año que yo, aunque tres meses después. Comenzó su formación académica exactamente en el mismo colegio, en mi mismo curso y con mi mismísima maestra Doña Esperanza que utilizó su regla con ambos sin saber que treinta años después esos dos mocosillos: el rubito y la castañita, terminarían juntos.

Cosas que tiene la vida, tras más de diez años de ausencia, al regresar a Huesca desde Venezuela, vine a parar al instituto Lucas Mallada donde estudiaba también el “rubito chulito ese de la moto” en el que nunca me fijé. Unos cuantos años después sus ojos azules me encontraron y me dijeron “te conozco de algo, estoy seguro” a lo que respondí “yo también”.

Unos meses después, sé de él que no podía encontrar mejor persona. Que la vida te tiene reservadas cosas buenas y que hay que saber aprender a no esperarlas, sólo a recibirlas. Porque conocer a pensboy ha sido definitivamente lo mejor de estos últimos años y decírselo aquí hoy es mi regalo para él.

Amigos internautas: un ¡hurra! por pensboy, que cumpla muchísimos más y si es a mi lado, mejor que mejor.

lunes, 9 de noviembre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA VI Y FIN

Seguía soñando, como todas las noches, al recuerdo del día pasado. Bajo la espesura de la tienda beduina, hecha un ovillo sobre mí misma y a ojo medio abierto buscaba el mínimo indicio de amanecer para salir corriendo cámara en mano y poder captar la magia de un amanecer desértico. No lo conseguí. Me pudo el recuerdo del atardecer y el cielo estrellado de ayer envolviéndome en un mundo onírico del que me resistí a salir.

No quedó más remedio, me levanté y cogí la mano de pensboy mirándole con esa cara que se me pone cuando lo bueno se acaba. El Mar Muerto me esperaba.

Buen nombre para el lugar donde terminaba el periplo jordano. Muerto por bajito, por encontrarse en el lugar donde nada vive excepto los hoteles de cinco estrellas con spa. Nada más.

Poco que reseñar sobre el lugar excepto lo divertido de flotar sin ningún esfuerzo y lo curioso de la sensación de ingravidez. El resto del día fue de descanso tras el viaje de cinco horas desde el desierto donde me hubiera quedado un par de días más, por lo menos.

Descansados y “exfoliados” por las sales del Mar Muerto, regresamos al hogar.

FIN

jueves, 5 de noviembre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA V

Me despierto hoy encogida por el frío y al asomarme al balcón compruebo que, tal como pensaba, los primeros copos de nieve cubren mi querida Guara. Así, auto-abrazándome para paliar el frío y contemplando el paisaje que siempre cambia según la estación, pienso en el Wadi Rum y lo calentita que estaba allí hace sólo un par de semanas.


Cuando uno piensa en desierto, imagina un largo horizonte pleno de dunas de arena. Nada más lejos de la realidad en el caso del Wadi Rum. Allí hay arena, sí, pero también hay roca y la combinación de ambas le aporta esa magia que tanto me gusta encontrar en cada rincón del mundo. Se combinan los colores y, dependiendo de la posición del sol, la gama cambia de ocres y amarillos a marrones, naranjas y rojizos de atardecer que hacen caer la baba al más insensible.

Wadi Rum me atrapó, me enamoró en un santiamén como supongo hizo con Lawrence de Arabia quien luchó por aquellos territorios como si fueran propios. No es para menos.

La jornada en el desierto transcurrió plácida y entretenida: primero una ruta en todo terreno para llegar al campamento beduino que nos serviría de alojamiento esa noche, desde allí un cortísimo paseo en camello tras el que emprendimos marcha a pie en busca de un buen mirador para el atardecer...Hablarán mejor las imágenes que yo misma…



Para culminar, una cena típica beduina con su música y bailes correspondientes… toda una delicia para mis sentidos, todos mis sentidos…

viernes, 30 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA IV


No quería quedarme dormida en el autobús así que con cada cabezada olisqueaba en derredor en busca de algún signo de civilización. Por fin unas cuantas luces me indicaron que estábamos llegando a Wadi Musa, el pequeño pueblo que nos serviría de “campo base” para la visita estrella de Jordania.

Llegamos al hotel y a toda velocidad llevamos las maletas a la habitación, cenamos y salimos al hall del hotel donde nos esperaba el bus para acercarnos a la entrada del Siq (desfiladero) de introducción a la maravillosísima Petra.

La Ciudad Rosada fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1985 y era el refugio de los Arabes Nabateos que no eran más que unos nómadas Beduinos que debían estar muy fuertes a la vista de todo lo que construyeron. La fundaron aproximadamente en el siglo VI A.C. siendo invadida por los romanos en el año 106. Luego llegaron los cruzados. Tras su partida los beduinos la mantuvieron oculta por considerarla un lugar sagrado hasta que llegó un tal Burckhardt, explorador suizo que divulgó su existencia al mundo.

Tras una increíble y espiritual visita nocturna al Siq y la Fachada del Tesoro como aperitivo del día siguiente, nos retiramos con ganas de preparar el cuerpo y el alma para lo que nos esperaba.



Empezamos los primeros metros de recorrido a caballo por un camino de tierra y grava en cuyo final desmontamos para recorrer a pie el Siq, un precioso desfiladero producto de la separación de placas tectónicas que tras poco más de un kilómetro nos lanzó en los brazos de uno de los lugares más maravillosos que he visto hasta ahora.



La primera parada y más conocida por la película de Indiana Jones de 1989, es la Fachada del Tesoro. No se sabe todavía si es una tumba o un templo, pero importante es, pues mide 40 metros de alto y te hace saltar el lagrimón ante su belleza. Impresiona de verdad, yo pensaba que me parecería poco por la publicidad que tiene, pero no, hay que estar allí para entenderlo.



Después recorrimos la Calle de Las Fachadas, salpicada de tumbas y pequeñas fachadas funerarias que desemboca en El Teatro que da cabida a unas 7.000 personas. Aunque, al principio, los Nabateos lo construyeron para 3.000, los romanos hicieron la ampliación a 8.500 plazas que disminuyeron tras un terremoto.



Como la magia del lugar nos tenía fascinados dedicamos algo de tiempo a las fotos y a la contemplación de los lugareños que nos ofrecían un sin fin de artículos: desde comida o bebida, hasta sombreros como el de Indiana Jones, pasando por el collar “para la suegra” o “para la amante”. Y, haciendo mis delicias, cuantos camellos quisiéramos "por la chica rubia" (una de nuestras compañeras de grupo turístico, pobrecilla). Lo cierto es que lo que más me gustó, no me lo ofrecieron, sirva la foto para entenderlo:


Tras una parada y descanso con té incluido, emprendimos la ascensión a la Fachada de El Monasterio, situada en lo alto del valle, recuerda a la del Tesoro, pero ésta es más grande todavía: 50x45m. Tras una hora de subida y más de 800 escalones mediante, contemplamos esta belleza:


Después y a pesar del calor y el cansancio, continuamos unos 500 metros más para encontrarnos con un magnífico paisaje montañoso al que los lugareños no dudan en llamar “fin del mundo”. Muy bonito, si.


Para finalizar el día, desandamos todos y cada uno de nuestros pasos para regresar al hotel y coger el bañador que necesitábamos, pues, tras una acertada gestión de nuestro guía, acudimos al pueblo a disfrutar de un merecido baño turco con mini-masaje incluido… ¡que dura es la vida del turista!.

miércoles, 28 de octubre de 2009

SOÑE CON JORDANIA III

Con el cuerpo bien descansadito y animado tras la divertida jornada de Ammán, desperté ilusionada a sabiendas de que el día sería largo pero serviría como transición de camino a las verdaderas joyas que Jordania me tenía reservadas.

Una paradita en Mádaba para contemplar el mosaico más antiguo de la Tierra Santa emplazado en la iglesia ortodoxa de San Jorge.


Otra en el Monte Nebo para contemplar lo que Moisés supuestamente consideró la Tierra Prometida, el mar muerto y el valle del Jordán.


Finalmente, Karak: la fortaleza que los cruzados elevaron en plena línea defensiva entre Shawbak y Jerusalén. Aquí, Saladino les derrotó ofreciendo a sus, aproximadamente 2.000 moradores, la posibilidad de conversión. Algunos se quedaron y por lo visto la prueba de esto es que en la actual ciudad habita una tribu cuyo nombre es Martín… curioso, ¿no?.


Más curioso todavía es lo que nos comentó el guía respecto a la seguridad que se respira en el país (tuve que preguntar, mi curiosidad impera). Resulta que la base de la sociedad jordana no es la familia como sucede en la nuestra; en la suya, es la tribu, así, los miembros de cada tribu están obligados a ayudarse mutuamente de manera que cuando uno de ellos se queda sin sustento, el resto de la tribu le ayuda. Cierto es que no ví evidencias de hambruna o miseria en el país. También, a diferencia de nosotros, aunque sus nombres lleven apellidos, también llevan el nombre de la tribu a la que pertenecen. De esta manera, se llaman por su nombre de pila y seguidamente, en lugar del apellido, el nombre de la tribu que en sus documentos de identidad tiene más importancia que el apellido.

lunes, 26 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA II

Utilizamos nuestro único día sin horario ni programa para darnos una larga y productiva vuelta por la ciudad blanca de Ammán. Digo blanca porque ese es el color de todos sus edificios.

Al principio se asentaba sobre siete colinas que ahora son, por lo menos, nueve. Allí, sus casi dos millones de habitantes disfrutan de una ciudad que se mueve muy rápidamente, tanto que ni siquiera tienen tiempo de pintar pasos de cebra o colocar semáforos. Así, las bocinas de los coches son el sonido habitual y lo de cruzar las calles se convierte en un auténtico deporte de riesgo.

Cogimos un taxi en la misma calle de nuestro hotel (de cuatro estrellas venidas a menos) para dirigirnos a la mezquita azul. Elegimos esta pues nos dijeron que era la única que se podía visitar. Una vez allí y tras taparme de cabeza a pies, descubrí que tampoco era para tanto la cosa. Lo curioso era que está situada al lado mismo de una iglesia cristiana ortodoxa, al menos así nos creímos sólo un poco lo de que la constitución jordana es laica.


Con otro taxi (por cierto, son muy baratos) nos dirigimos al centro en busca del Teatro Romano que resulta espectacular y alrededor del cual se desarrolla muy buena parte de la actividad comercial de la ciudad. Recorrimos las calles cercanas hasta encontrar un café donde yo pudiera entrar, tuvimos suerte y, aunque el local dejaba mucho que desear, pudimos saborear un delicioso té aderezado con unas cuantas caladas de una pipa de narguile (no asustarse, no es droga, sólo es una pipa de agua con sabor a frutas) con la suerte de que el propietario del lugar hablaba muy bien el español y se sentó con nosotros para darnos algunas instrucciones sobre cómo cruzar calles o cómo se divierte la juventud jordana.


Tras este merecido descanso emprendimos la búsqueda de alguno de los restaurantes que recomendaba nuestra guía “lonely planet” para comer. Y lo encontramos. Leer la carta fue tarea imposible y entender al camarero hablando jordan-english-chapurreau difícil pero posible. Así que dije sí a casi todo, lo cual tuvo como final feliz un delicioso menú compuesto de mensaf (cordero o pollo asado en su jugo servido sobre arroz aromático, con salsa de yogur caliente) y postres típicos como helado de pistacho o unos pastelitos hiper-dulces sólo recomendables a los muy lamineros como yo.

El turismo en Jordania está en auge y lo demuestra la calidez con que te acogen sus gentes. No les importa que entres a sus tiendas y les revuelvas medio escaparate para no llevarte nada. Son amables y cordiales. Les encanta hablar con los turistas y, si te paras un rato, te cuentan media vida. Gracias a ello, pasamos el resto de la tarde paseando por las tiendas y aprovechando para aprovisionarnos de los típicos regalitos que llevar a la familia y amigos cercanos. Resultó la mar de divertido regatear igual por unos pendientes de plata que por un imán para la nevera que al final me salió “por la cara”.

Continuará...

jueves, 22 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA I

Creí que estaba soñando cuando a las 5.30 de la mañana sonó el despertador. Entonces me dí cuenta de que había dormido estupendamente y que no era un sueño sino el recuerdo de mi llegada, hacía sólo unas horas, a Ammán, la capital del Reino Hashemita de JORDANIA.

Como en todo viaje organizado, lo del madrugón es fundamental para no perder el autobús sin el cual no hubiera tenido la suerte de contemplar las variadas maravillas que me esperaban, ése y los días siguientes.

Desperté a pensboyfriend (a partir de ahora pensboy, por acortar) y me metí en la ducha. Las duchas desde entonces fueron de dos en dos porque lo del polvo en Jordania merece mención aparte, pero no es por aquí por donde quiero empezar. Tras el desayuno Jordano-continental, es decir, no se sabe qué con algo que sabe a no sé cuántos, zumo de algo que sabe dulce y, esto sí, té de menta; nos subimos al autobús con los ojos como platos y las cámaras desenfundadas para “por si”.

Lo siguiente fue despertar al sonido de la voz del guía palestino-jordano-cubano que nos avisaba de la inminente llegada a Um-Quais. Componente de la decápolis romana, está situada en zona fronteriza de Israel, Jordania y Siria desde donde contemplamos los altos del golán, el norte del valle del río jordan y el antigüo mar de galilea que hoy se conoce como el lago tiberiades.



Um Quais tiene el encanto de su emplazamiento y sus restos arqueológicos (teatros, basílica, baños públicos) dan fe de que en su día tuvo la importancia suficiente como para acoger al mismísimo Alejandro Magno. Lo que uno no se imagina contemplándola es que otra de las decápolis, aún mayor y mejor conservada está esperando a la vuelta de una hora de autobús.


Iba mirando por el lado equivocado de la ventana cuando escuché claramente: “a su derecha, Jerash”. Para que quede clara mi primera impresión, lo primero que salió de mi boca fue “¡HOSTIA!” a lo cual siguieron las carcajadas de pensboy que no dejó de reírse “conmigo” (por no decir que de mí) en todo el viaje. Natural que es una, oiga.

Lo de Jerash es asunto serio. Aquí sí que no me quedó otra que trasladarme a otro tiempo, casi podía ver los carros pasando por El Arco de Adriano, me imaginé las carreras de cuádrigas en el hipódromo que todavía hoy tiene su uso para espectáculo dirigido a los incontables turistas (incluida yo con mi cara de flipada), pude imaginarme a las gentes de Jerash adorando a Zeus o Artemisa en sus correspondientes templos, disfrutando sus dramas en los teatros, paseando por la Plaza Oval o el espectacular Cardo a la sombra de sus columnas. Y eso que dicen que aún queda por desenterrar el 80% de la ciudad porque por allí los asentamientos datan de las edades de Bronce, Hierro, Helenística, Roamana y Bizantina. Vamos, que aún queda “tajo” y a mí me pareció que por fin había conseguido entender el libro de historia del arte de 9º de ciclo básico diversificado (aquí 1º de B.U.P.).


Tras dos horitas de paseo, fotos y caretos de cateta varios, nuestro simpar guía “sin-ánimo-de-lucro” nos recomendó uno de los restaurantes que ofrece el complejo monumental y allá que nos adentramos. No me quejo, porque el humus estaba de escándalo y los dulces del postre acompañados de otro delicioso té de menta valieron los dinares que nos cobraron. Al principio nos pareció suficiente pero pudimos comprobar que la cosa salió cara al día siguiente. En fin, la vida del turista es dura.

Para culminar la jornada y con la tripita satisfecha regresamos a Ammán donde pudimos darnos un paseíto por su centro como apertivo al día libre que nos esperaba mañana. Así que, mañana (o pasado, o al otro) más.


lunes, 19 de octubre de 2009

SIEMPRE VUELVO



Lo de la inspiración últimamente anda de capa caída y si además a eso le agregamos la saturación laboral, la cosa se pone difícil.


Más difícil todavía es escribir en tu blog cuando te encuentras a unos cuantos kilómetros de casa, pero como yo siempre vuelvo, para ir abriendo boca, sirvan la foto anterior y la siguiente. La explicación en próximas entregas...

jueves, 1 de octubre de 2009

NO LLAMEN A LOBATÓN (TODAVÍA)

¿Quién sabe dónde he estado todo este tiempo?. Yo misma les contesto: ¡aquí mismito! Pero “enronada” de papeles, consultores, trabajadores y putadas laborales variadas.

Así continúo, pero espero sea por poco tiempo más. Mientras tanto, por favor, admitan mis disculpas y denme un tiempito más antes de llamar a Lobatón y presentarme al casting de “quién sabe dónde”... ¿lo recuerdan?.

lunes, 7 de septiembre de 2009

UNA PENA LO DEL SONIDO

Una pena fue que el sonido no estuviese para nada a la altura de las intenciones del grupo. Sin embargo, Colplay consiguió regalarme un par de horas de un espectáculo menos pretencioso de lo que hacen entrever los críticos.

Se dice que Chris Martin y sus colegas pretender ensombrecer a U2 en esto de los macro-conciertos y he de señalar que dudo sea esa la intención. No veo en ellos la idea espectacular que presentan los de Bono.

Como en todas las artes, de la música, en lo que me fijo es en las sensaciones y éstas en este caso estuvieron encontradas: por un lado la rabia de no poderles escuchar mejor y por otro la emoción de ver cómo estos muchachos únicamente pretender comunicar sus dulces melodías a un público más que agradecido.

Digo rabia, porque sólo con un poquito de mejor sonido, la cosa habría tenido un cáliz mucho más emocional (que las emociones no faltaron, pero se quedaron cortas). Digo emociones, porque el espectáculo resultó realmente entrañable: el colorido del vídeo, las combinaciones de luces, los añadidos (balones amarillos mientras suena la canción Yelow, por ejemplo) y la estupenda comunicación del cantante con el público. Y hablo de público agradecido porque a pesar de todo, la gente disfrutó y lo comprobé “in situ”.

No es el mejor concierto que he visto hasta ahora. No superan a Pink Floyd, cosa harto difícil, ni mucho menos a U2, pero no creo que puedan compararse. Lo de U2 es más cosa grandilocuente, espectacular… lo de Colplay es más sentimental y pienso que si siguen por ese camino, algo conseguirán.

Amigos internautas: Le daré otra oportunidad a los Colplay, si se dejan, claro.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡MALDITA TEMPESTAD!

Decidí darle uso a mi “silver bullet” para salir en busca de una mesa plegable por las tiendas de muebles del polígono. Como mi búsqueda allí resultó infructuosa, puse rumbo al pequeño centro comercial situado al norte de la ciudad. Desde la carretera veía el cielo gris oscuro y algunas nubes de descarga que se acercaban. Tonta de mí, no les dí importancia.

Sobre las 8:10 de la tarde, mientras me decidía entre la lechuga iceberg y la romana empecé a escuchar el estruendo de la tormenta que parecía haberse situado sobre el techo del establecimiento, acto seguido empezó el ruido ensordecedor del hielo cayendo sin piedad. El local enmudeció, no se oía ni la música de fondo, ni los niños haciendo sus gamberradas… por no oir casi no oía ni mis pensamientos a pesar de que tenía muchos y todos dirigidos al bienestar del pobre “silver bullet” que, fiel como siempre, me esperaba en el parking (exterior, no cubierto). Ví gente correr rauda hacia la salida y, al amainar el estruendo, escuché comentarios de todo tipo pero, con la calma que me caracteriza en estas situaciones, decidí terminar mi compra pensando “total, lo que pase pasará igual por más que corra”.

Dirigí este cuerpecillo hacia la salida donde me encontré una imagen de auténtico desastre: seguía lloviendo a mares, el viento era brutal y la gente o se agolpaba en la puerta o, desesperada, intentaba salvar su vehículo de la catástrofe consiguiendo únicamente chocarse con otros vehículos que intentaban lo propio. Retrocedí y me dediqué a mirar escaparates, las goteras mojaban el suelo y me hacían resbalar mientras sonreía pensando “vaya pintas, pens”. Finalmente, al ver que la cosa se había calmado un poco, salí y todavía protegida por el techo del hall de entrada divisé al pobre “silver bullet” en medio de un inmenso charco que le cubría hasta mitad de las ruedas. Como todavía llovía encendí un cigarrillo con la esperanza de que amainara un poco y los sumideros hicieran su labor absorbiendo el agua para no tener que mojar mis pies vestidos sólo con unas monísimas sandalias de ante. Mientras tanto, conversé con una pareja que tenían su vehículo aparcado junto al mío. Divagamos los tres hasta que nos hicimos conscientes de que la situación no iba a cambiar a corto plazo así que decidimos “lanzarnos al charco” los tres y emprender la marcha por la ruta trasera del centro comercial para evitar el cruce de la carretera general que estaba colapsado. Me remangué los pantalones monísimos, de los que sólo visto para trabajar (de pinzas, color gris marengo, estilo ejecutivo) e intenté caminar con zancadas largas para posar los pies el menos tiempo posible dentro del agua que me cubría por encima de los tobillos.

El coche arrancó (menos mal) y me dirigí hacia el centro muy despacio pues todas las calles estaban anegadas, los árboles casi sin hojas, no había un alma por las calles y las mesas y sillas de la terraza del café de al lado de casa habían volado hasta cruzar de acera. Un panorama de película.

Llegué a casa sana y salva tras la tempestad. No así el silver bullet ilustrado en la foto de abajo y mis sandalias que se encuentran secándose en cuidados intensivos aunque siguen estables, de momento.


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