miércoles, 31 de diciembre de 2014

Chin-Chin


Ha sido un año rápido.   Ha sido un año tan emocionante y veloz, que casi me parece que todavía no ha pasado cuando ya me encuentro presta a despedirle.

Queridos Internautas, pasen ustedes una feliz noche que sea resumen de todo lo bueno que se lleven del caduco 2014 y pasen también un hermoso día de mañana como preludio de un 2015 claro y sereno.

Palabra de Pensadora.

viernes, 19 de diciembre de 2014

El ataque de las "marujo-nurses"




Llego al Centro de Salud unos diez minutos antes de que comiencen las extracciones tal como me aconsejó mi médico y mi propia experiencia de muchos años dicta.  Hay poca gente y me siento a esperar volante en mano mientras contemplo cómo las marujo-nurses con sus peinados de peluquería y sus relojes y pulseras de oro entran, salen, van y vienen atendiendo a una criatura de unos once años que tiene miedo a las agujas.

Me llaman.  Atravieso la sala infestada de marujo-nurses moviéndose de un lado a otro.  Veo un espacio medio vacío que supongo será donde debo colocarme: una silla con una diminuta mesa preparada para la sangría,  separada por un biombo del otro cubículo donde se encuentra la niña rodeada de señoras de bata blanca hablando muy (demasiado) alto y convirtiendo el lugar en un gallinero donde es imposible que una niña y no digamos una adulta, se puedan relajar.  En estas aparece una marujo-nurse desde detrás del biombo,  doy por sentado que será la persona que me perfore hoy la vena y la inquietud se me apodera al ver cómo la mujer mira a cualquier parte menos a mí mientras sujeta la palomilla que en breves ha de formar parte de mi anatomía.  Por fin se despista un momento y mira hacia mí mientras espeta “dejadla que está muy nerviosa” y sin poderlo evitar un resorte me empuja y me levanto de la silla para decirle “y a mí me habéis puesto nerviosa”.  Silencio sepulcral.


La madre de la niña me mira agradecida mientras recoge a su retoño para encaminarse al hospital donde buscar medios más apropiados.  Mi marujo-nurse me pide que tome asiento y se convierte en una especie de ángel profesional y en un suspiro me encuentro saliendo triunfante de la sala de extracciones con una tirita nueva y contenta de que a veces (y sólo a veces) vale la pena un grito sincero.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Sidonie - Nuestro Baile del Viernes


Esta la bailaré mañana...







miércoles, 10 de diciembre de 2014

Cajón maldito




El viento del norte, ese cierzo traidor y agotador que se inmisculle en todas las conversaciones y congela intenciones, resuena contra las paredes del edificio como si las sembradoras que trabajan estos días en el campo se estamparan contra la ciudad.  Casi no se oye el despertador, pero ahí está, dando mal y recordando que hoy es día de trabajar así que arriba los corazones.

Me desperezo pegando la nariz a la ventana a ver si por alguna casualidad extraña el viento es más caliente que ayer pero casi se me duerme el olfato y las banderas del edificio de enfrente siguen ondeando orgullosas desplegadas en máximo esplendor.  Definitivamente hace frío.  Habrá que abrir el cajón maldito.


Bufandas, gorros y guantes me saludan sonriendo con sorna a sabiendas de que les tengo sólo por cuestión de salud y nunca por gusto.  Saco el único gorro que aún medio me sienta bien, los guantes de piel que pronto habrá que jubilar y la bufanda de lana negra.  Salgo a la calle maldiciendo los cinco kilos de más que tendré que transportar sobre mí los próximos meses y pienso que ya tengo ganas de volver a cerrar ese maldito cajón que apenas acabo de abrir.


viernes, 28 de noviembre de 2014

Imogen Heap - Run-Time



¡¡A bailar que es viernes!!


 



martes, 18 de noviembre de 2014

Fechas




De repente un día una puede encontrarse hablando de fechas pasadas como los profes de historia.  Como esas clases sobre la Guerra Mundial que, de niña, parecían allá a lo lejos cuando apenas habían pasado cuatro décadas.  En mil novecientos cuarenta y cinco yo no había nacido, pero en mil novecientos ochenta y cinco ya estudiaba historia y en mil novecientos noventa y cinco empezaba a trabajar.  Una puede sentirse importante ante la idea de haber vivido ya tantas fechas distintas y lejanas pero no sé si eso es bueno o malo.

¡Jo con la crisis decenal! 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cenizos



No soy muy amiga de la caridad pero sin embargo, sí lo soy de la humanidad y gusto de echar una mano en aquello que pueda porque o bien me afecte directamente o porque crea pueda funcionar.

Me ocurre que he leído o escuchado alguna crítica hacia esos pequeños gestos que los ciudadanitos de a pie solemos realizar cuando alguna asociación, agrupación o fundación se presta a lanzar alguna campaña de ayuda.  Son críticas realizadas en busca de la comparativa con el sin fin de aberraciones que estamos presenciando desde el principio de la crisis, como si los esfuerzos dirigidos a otras causas que no sean manifestarse por la salud o educación pública fueran en vano o sólo se tratara frivolidades pasajeras de señoras que gustan vestir de rosa o señores que fardan de africanito apadrinado.

Me resulta gracioso que estas críticas suelen proceder de personas aparentemente cultas y estudiadas.  Personas grises y cenizas que nunca ven un mínimo de bueno en las cosas.  Gente de la que se sienta a leer a Nietzsche en medio de una fiesta.  Tipos y/o tipas de esos/esas que casi te convencen con sus gafas de pasta y su discurso pseudo-revolucionario.

Todos tenemos derecho a expresarnos y a elegir aquello que nos motive a luchar, pero desde luego creo que hay que mantener un grado de respeto hacia las causas de cada cual de la misma forma que en un país laico se respetan las religiones de cada uno.  También estoy convencida de que en este caso que me ocupa, lo mismo puede uno invertir energía en portar un lazo rosa que en recoger firmas o manifestarse en contra de la privatización del sistema de salud.  En un caso veremos resultados palpables sólo con informarnos un poco y en el otro quizá no veamos resultados jamás, pero ahí queda nuestro guisante.

Para finalizar, sólo desearle a alguno de esos cenizos a quienes claramente va dirigida esta entrada, tengan que sufrir una cuarta parte de lo que sufren muchas personas mucho más cerca de lo que creen.  Ya les digo yo que se iban a poner un lazo rosa XXL alrededor de la calva o a montarse un banco de alimentos tamaño campo de fútbol (lugar que seguro conocen bien, por cierto).


Palabra de Pensadora.


lunes, 10 de noviembre de 2014

La tormenta perfecta



Me permito parafrasear el nombre de la película porque me parece la mejor manera de monitorizar la idea que me corre por el órgano gris. 

Son muchas las veces en que, como humanitos, nos tenemos que enfrentar a distintas crisis.  Depende del momento y de la propia crisis, podremos enfrentarnos o intentar escapar.  En los casos de crisis existenciales, se me ocurre que a lo mejor y dependiendo del momento que se viva, si uno se encuentra fuerte, sería oportuno enfrentarse como si se tratara de una tormenta: sin luchar, sin huir, sin revolverse.  Sólo atarse al mástil y dejar que la tormenta nos envista con toda su fuerza para mirarla desde dentro y permitir que deje su huella en nosotros, una huella que nos recuerde que ya pasó y aquí estamos.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Pokhara




La capital de los Annapurnas nos recibió lluviosa y antipática.  Sin las ansiadas vistas de los ochomiles cercanos y con un chófer que no llegaba.  Pero todo pasó, la tarde se aclaró y la cordillera nos sonrió a lo lejos sin dejarse fotografiar pero sí imaginar blanca como las nubes con las que casi le confundimos.  Sin embargo, no fueron las montañas sino el agua y el atardecer lo que nos situó en este lugar donde quien más quien menos viene en busca de montañas y zen, cosas que se encuentran con sólo rozar el pie contra la tierra.


Cruzar el lago Phewa mientras el sagrado Machapuchare se reflejaba en sus aguas nos dio el sosiego necesario para emprender el corto ascenso hasta la Pagoda de la Paz Mundial donde celebramos el cumpleaños de Budha rodeando la Pagoda y saludando sus esfinges con un gesto de cabeza que nadie nos enseñó.



Quisimos apreciar la inmensidad de Annapurnas, Dhaulagiri y Manaslu allá en Sarangkot al amanecer como manda la lógica nepalí, pero los calores de mayo desenfocaron los objetivos y fue el regreso por un largo camino a orillas del Phewa lo que sació nuestras ansias de imágenes.



La guinda de nuestra pequeña Luna de Miel nepalí tomó forma convertida en un insólito paseo a solas por una carretera perdida en busca de la orilla contraria del lago Begnas desde donde regresar navegando aguas dulces acogedoras de una fauna fantástica que alimenta aquellas gentes menudas y encantadoras.




Gracias a la estancia en la inolvidable Pokhara pude comprobar aquello que Mr. Lobsang Rampa describía en su fantástico libro “El tercer ojo” sobre la paz de un monasterio budista y la normalidad de sus monjes cuando rezan mientras juegan y meriendan.  Fue una de las tardes más emocionantes del viaje, retornar a mí misma joven y curiosa observando y realizando mi último intento de fe.




Y aquí terminan, de momento, mis recuerdos de un viaje tan soñado como real. 




lunes, 3 de noviembre de 2014

El hípster y la abuela cebolleta





Ayer durante mi habitual actividad montañera, comenzamos a divagar con mis compañeros trekkineros sobre las modas actuales y en específico sobre la moda hípster que, si bien tiene una profunda y real connotación cultural con origen en los años 40 del siglo pasado, lo cierto es que se conoce más como una corriente modal que se materializa en camisas a cuadros, y largas barbas en el caso de los hombres.

En esas andábamos cuando aquí la abuela cebolleta tuvo una revelación extrasensorial que me ha llevado a profundizar en los anales de la historia musical en busca de los primeros hípster modernos.  Y los he encontrado…




Me dirán ustedes si no hay parecido entre la foto de cabecera y esta última.  Para que luego se piensen que han inventado algo.


Ala! Una cancioncita para levantar la semana…








lunes, 27 de octubre de 2014

¿Algo que declarar?



El otro día escuché los lloros de un renegado del watsapp y las redes sociales.  Dejando a parte la libre elección de cada cual, no puedo evitar preguntarme si tanta excusa del tipo “no quiero que me controlen” tiene más que ver con la inseguridad y el miedo a dejarse ver que una verdadera cuestión de moral o búsqueda de libertad.  Como quien lleva algo en la maleta que no quiere declarar.


lunes, 20 de octubre de 2014

Mi primera carrera popular




Ver a Bonito del Norte vestido de rosa era como ver un tocinito volando, pero ahí estaba él, uno más de las mil quinientas personas que nos íbamos situando en la salida que nos habían preparado.  Con sus hinchables, como en la tele.

Me dediqué a mirar alrededor mientras Cuñado y Bonito del Norte (a partir de ahora: “guardaespaldas”) buscaban posición.  Me fijé en los culos más gordos que el mío pensando que esos serían los que en seguida adelantaría, me fijé en los culos mucho más delgados que el mío pensando que serían esos los que pronto me adelantarían y sobre todo me fijé en los culos más estrechos que el mío pues esos serían a los que yo seguiría.  Así hasta que dieron la salida y aquello se convirtió en un extraño desfile de panteras rosa recorriendo las calles más antiguas de la ciudad.

Durante esos primeros minutos vi como los culos más gordos, más delgados y más estrechos (es decir, todo el mundo) me adelantaban, excepto los de mis guardaespaldas que al cabo de tres calles ya se habían situado cómodamente a mis flancos y me llevaban al estilo estrella pop.  Sólo les faltaban unos auriculares y gafas de sol para haber dado el pego total.

Corría mientras miraba delante y detrás, a un lado y a otro pensando en cuántas de esas personas que me rodeaban se habían visto alguna vez en el mismo brete que yo hace once años.  O cuántas de ellas habrían tenido que llorar a alguien cercano.  Me emocioné cuando pensé que muchas de ellas ni siquiera eso, sólo estaban allí para apoyar.



Levanté la cabeza y de repente me encontré adelantando gente.  Todos esos culos chulos que me habían vacilado al principio iban quedando atrás y, mientras atravesábamos la ciudad fuimos creando un pequeño grupo de superhéroes compuesto de una superviviente y sus guardaespaldas, una añadida y una liebre con forma de muchacho adolescente que sin querer tiraba de todos los demás.  Fuimos haciéndonos gracias para animarnos soltando alguna frase corta que no nos cambiara el paso ni la respiración hasta que enfilamos el último kilómetro. 

“Cuando vea la meta haré un sprint”, pensé.  Pero no sé por qué extraño mecanismo nervioso en ese mismo instante mis piernas, todas largas ellas, empezaron a dar zancadas haciendo caso omiso de mis pulmones que chirriaban a todo gas como un coche viejo y así hasta unos cien metros antes de la meta cuando fue la boca del estómago la que se me puso por corbata poniendo al resto del organismo recto y haciéndome bajar el ritmo para entrar triunfante y casi caminando en una meta con mucho más significado del esperado.


Así viví ayer mi primera carrera popular.  No podía ser otra.


jueves, 16 de octubre de 2014

Una época, un momento... una canción: "They dance alone"




No soy muy amiga de los músicos evangelistas esos que utilizan su influencia para convencer incautos durante sus conciertos,  porque cuando pago un directo me gusta disfrutar de lo que he venido a escuchar y no las disertaciones políticas de nadie, que para eso ya tengo el noticiario tres veces al día.  Tampoco me gustan porque me da la sensación que aprovechan momentos de sensibilidad y euforia colectiva durante los cuales las personas son capaces de creerse cualquier cosa en una especie de “efecto flautista de Hamelin”.


Sin embargo, en el caso de Sting, he de admitir que la elegancia de su música al clamar según qué cosas como en la canción que dedicó a las madres de la plaza de mayo, me suele seducir y relajar… como pensando que hay alguien que, aunque no soluciona: apoya, que ya es bastante.

Recuerdo ser una adolescente cuando esta canción salió y también recuerdo que, tal como siempre hacía entonces con las canciones que me gustaban, al traducirla, me impactó. Incluso el vídeo desprende paz...








miércoles, 8 de octubre de 2014

El Valle de Langtang



Sitares y Tablás resonaban lejanos cuando un nuevo bache me trajo a la realidad del minúsculo espacio que ocupaba mi gran cuerpo en el autobús que, plagado de turistas, guías y porteadores, serpenteaba por las faldas de las montañas.  Había conseguido dormir un poquito a pesar de la música que ahora retronaba en mi cabeza ubicada justo al lado de un bafle de la época de la última visita de los Beatles al Nepal.   Todas las incomodidades fueron olvidadas cuando recordé que por fin iba a culminar mi objetivo final en Nepal: pisar el Himalaya.

Elegí el Valle de Langtang por ser uno de los menos visitados y por su cercanía al Tíbet, albergando varios asentamientos de refugiados tibetanos que sabía le concederían al trekking por estas tierras ese ambiente que tanto me recordó a aquellos libros del Lama Lobsang Rampa que devoré en mi juventud.



¡Que ilusión caminar a través de la cordillera más alta y extensa del mundo! Cruzar puentes colgados sobre profundas gargantas y ríos de aguas salvajes como sus montes que crean un horizonte vertical que se pierde hacia el universo.  Atravesar bosques llenos de vida y distintas tonalidades que van cambiando con la altitud lo mismo que cambian nuestras ropas y nuestros temples.






Hoy cierro los ojos y me recuerdo jugueteando a rodear los chortens y los muros maní por la izquierda para respetar el budismo que allí se respira convertido en un ambiente místico inspirado en las inmensas montañas que nos rodeaban.  Montañas que siempre soñé pisar y que tanto miedo me daban hasta que comprobé su docilidad cuando las tratas bien.  Hoy creo que el Himalaya sólo se deja conquistar por quienes le desean sin interés, sin querer ser el primero ni el mejor, sin ganas de demostrar nada más que el amor por las alturas y el silencio que las acompaña.









No imaginé que, tal como me habían advertido, serían las personas y no las montañas lo que me enamoraría de este reino de mejillas sonrosadas, trenzas infinitas y sonrisa perpetua.







Continuará...




viernes, 3 de octubre de 2014

Si yo fuera...



Si yo fuera un ANIMAL me parecería a un gatito pulcro y reservado, mimoso y juguetón de esos asustadizos capaces de sacar las uñas con una CANCIÓN pero nunca con aquel “Me tienes contenta” que Pastora (El grupo barcelonés, no la Soler) sacó hace años y que aunque no es mi tipo de música sí es una canción que me identifica:

   

 Un guión de cine es un LIBRO que contiene no sólo prosa sino también acción. Ambas cosas unidas con una trama de tragicomedia podrían tranquilamente resumir mi vida hasta hoy día en que cualquiera podría verme como un COCHE o más bien un monovolumen. Un Mercedes-Benz Viano Fun 4x4, por ejemplo, preparado en cualquier situación como una PRENDA DE VESTIR negra, pongamos un vestido, que sirve para cualquier ocasión sólo con cambiar de zapatos y peinado. 

Un ARBOL como un roble, fuerte y estable pero flexible y maternal es el que me imagino cuando observo del CUADRO “El árbol de la vida” de Gustav Klimt con ese abrazo del que nunca me quisiera zafar. Obra que bien se podría encontrar expuesta en cualquier EDIFICIO modernista construido con materiales nobles y formas fluidas en lugar del rectilíneo e inaccesible Palacio Stoclet que le acoje. 



Una amante del equilibrio sólo puede verse reflejada en una COMIDA que contenga un poco de todo lo esencial y para ello un plato de pasta boloñesa cumple los requisitos a la perfección: cereales, proteínas y vegetales en un mismo lugar.  Para BEBER un té negro calentito en invierno, con hielo y limón en verano.

Nunca olvidaré el día en que un amigo me preguntó si había visto la PELICULA “Belleza Robada” de Bernardo Bertolucci porque aquella chica le recordaba a mí y, cuando la ví, efectivamente me sentí identificada instantáneamente.


Y así contesto al meme que Silvia de "Durmiendo en los coches" propuso hace unos días y que tanto me resistía yo a seguir.  Mira, al final me lo he pasado genial así que les invito, Señoras y Señores a practicar tan divertido juego contándonos lo que ustedes serían si fueran...


miércoles, 1 de octubre de 2014

Una época, un momento… una canción: “New sensation”



1988. Finalizando la década de los ochentas mis hermanos alimentaban mi pre-adolescencia cada uno a su manera.  Heredando pantalones a cuadros y cazadoras con hombreras de mi hermana.  Escuchando una y otra vez las canciones que mi hermano grababa en VHS desde la MTV de la tele de casa de alguno de sus amigos.

Fue entonces cuando mi melomanía nació empezando por Guns ‘n Roses pero pasando también inevitablemente por Queen, Euritmics o ¡cómo no!, los INXS que tanto he echado y echaré de menos…



Me encantaba el vídeo de “New sensation”, rítimico, bailón y moderno, con un Michael Hutchence sexy como si su triste final nunca fuera a llegar.  Acaba de sonar en la radio y el pie se me ha empezado a menear mientras tarareaba “new sensation ¡right now!” como preludio de una nueva sensación que está presta a comenzar.

¡Que mal me está sentando la viejera!


martes, 30 de septiembre de 2014

La maleta





Siempre tengo miedo de que me pierdan las maletas.  Imagino cómo solucionaría mis vacaciones si en un vuelo tonto mis maletas llegaran a Toronto en lugar de ir a Fez, por ejemplo.  Nada es totalmente necesario y todo lo que cabe un una maleta puede ser sustituido o repuesto ¿verdad?.  Lo cierto es que sí, pero todo, como siempre, tiene “un pero”.

Al abrir el maletero me fijé en mi mochila de montaña y decidí que la subiría al piso junto con la maleta y así tendría todo a mano para mañana, tanto si había monte como si había ciudad.  A la vez que lo pensaba, un frío me recorrió la columna y miré hacia Bonito del Norte esperando una confirmación de mi temor.  No hablaba, sólo estaba blanco mirando el maletero como quien divisa un fantasma.  Entonces pregunté “¿y mi maleta?”.  Mi maleta se había quedado cerrada y preparada encima de la cama.

Intenté ser racional, ya nada se podía hacer.  La maleta no iba a venir sola y tampoco podíamos comprometer nuestro fin de semana por cuatro trapitos, un desodorante, un cepillo de dientes, una hidratante, un cacao, un corrector de ojeras, un rímel, un colorete o unas bragas, joder ¡mis bragas! ¡Bonito, yo te mato y me divorcio!.  

El resto del fin de semana simplemente pasó.  Me solucioné gastando lo poco que había conseguido ahorrar este mes que ya toca a su fin y pensando que tampoco hacía falta tanto.  Pero lo cierto es que una se siente desamparada cuando le faltan esas cuatro tonterías que tan esmeradamente ha seleccionado y colocado en una simple maleta de los chinos.




viernes, 26 de septiembre de 2014

Respeta a tus mayores




Desde que me estoy acercando inexorablemente a la madurez, observo más a mis mayores que sin querer me hacen a mí misma cada vez más mayor.  Tengo una manía muy fea de intentar adivinar el futuro y en esas me encuentro observando a mi madre para intentar imaginar cómo seré yo de aquí a tan solo treinta años.

En mis observaciones he notado algo de lo que no me había percatado y es la falta de respeto que tenemos hoy en día a nuestros mayores.  Dándoles prisa en la carretera, riéndonos de ellos en sus vacaciones de IMSERSO, quejándonos de su lentitud en el súper…

Resulta, Señoras y Señores que todos, sin excepción, todos y cada uno de nosotros llegaremos algún día (si no nos pasa nada antes) a viejos.  Y todos, sin excepción, desearemos respeto y cariño para esos últimos años.  Así que, Señoras y Señores, respeten a sus mayores y cuando se les pase por la cabeza reírse de ellos, abandonarlos, pasar, no entenderles, no cuidarles o no abrazarles, recuerden que ellos son el firme reflejo de su propio futuro.

Palabra de Pensadora.



martes, 23 de septiembre de 2014

Katmandú




Hoy cierro los ojos y lo primero que me viene a la memoria es la canción de “Fleet Foxes” que sonaba en mis auriculares del avión que daba bandazos mientras intentaba aterrizar atravesando montañas y tormentas.  Respiraba profundo y apretaba la mano de Bonito del Norte como si en lugar de estar llegando a un exótico destino, estuviera pariendo sin epidural.

Si vuelvo a cerrar los ojos vienen los olores: mezcla de especies, incienso y mierda porque de esa hay mucha por todas partes y la llamo por ese nombre porque es el que realmente define a la inmundicia que campa a sus anchas en cuanto uno se desvía un poco del turístico barrio de Thamel o de los templos budistas o hinduistas.  Sin embargo, uno se acostumbra rápido a oler mal porque todo huele igual aquí, incluso los turistas nos impregnamos rápidamente de un hedor que sólo volvemos a distinguir como ajeno al regreso al hogar que no admite semejante tufo.  Luego ya puedo centrarme en el bullicio, el desorden, el caos que habitan esta ciudad anárquica y ruinosa que produce un extraño efecto amor-odio.  Lo mismo tienes unas ganas tremendas de llegar como de irte… Bienvenida Pensadora, estás en Katmandú.



La plaza Basatanpur o Durbar con sus más de sesenta edificaciones, Swayambhunath (o Monkey Temple) con sus monos y sus monjes,  Boudhanath: la estupa más grande de Asia y la ciudad “pura” de Bhaktapur salpicada de pintores de mandalas.  Fueron todos lugares donde hoy me parece mentira haber estado pero que visité con la inocencia y curiosidad de quien desea mucho algo y no para de sorprenderse de que las cosas de los libros, las fotografías y la tele sean reales.










La gente de Katmandú es extraña.  Una mezcla de hippie pies negros urbanita que difícilmente se olvida.  Gente de una gran espiritualidad y sonrisa casi perpetua que suele terminar sus días en el lugar llamado Pashupatinah, un inmenso crematorio donde la muerte convive de una manera sorprendente con el día a día.  Una cremación se convierte en una especie de espectáculo y un crematorio en un lugar de paseo con la familia.







No crean ustedes que esta última imagen es la última que me queda en la retina.   Empecemos por la siguiente para ponerle el “continuará” a este resumen de mi paso por Nepal que hoy emprendo…


Continuará...