martes, 30 de septiembre de 2014

La maleta





Siempre tengo miedo de que me pierdan las maletas.  Imagino cómo solucionaría mis vacaciones si en un vuelo tonto mis maletas llegaran a Toronto en lugar de ir a Fez, por ejemplo.  Nada es totalmente necesario y todo lo que cabe un una maleta puede ser sustituido o repuesto ¿verdad?.  Lo cierto es que sí, pero todo, como siempre, tiene “un pero”.

Al abrir el maletero me fijé en mi mochila de montaña y decidí que la subiría al piso junto con la maleta y así tendría todo a mano para mañana, tanto si había monte como si había ciudad.  A la vez que lo pensaba, un frío me recorrió la columna y miré hacia Bonito del Norte esperando una confirmación de mi temor.  No hablaba, sólo estaba blanco mirando el maletero como quien divisa un fantasma.  Entonces pregunté “¿y mi maleta?”.  Mi maleta se había quedado cerrada y preparada encima de la cama.

Intenté ser racional, ya nada se podía hacer.  La maleta no iba a venir sola y tampoco podíamos comprometer nuestro fin de semana por cuatro trapitos, un desodorante, un cepillo de dientes, una hidratante, un cacao, un corrector de ojeras, un rímel, un colorete o unas bragas, joder ¡mis bragas! ¡Bonito, yo te mato y me divorcio!.  

El resto del fin de semana simplemente pasó.  Me solucioné gastando lo poco que había conseguido ahorrar este mes que ya toca a su fin y pensando que tampoco hacía falta tanto.  Pero lo cierto es que una se siente desamparada cuando le faltan esas cuatro tonterías que tan esmeradamente ha seleccionado y colocado en una simple maleta de los chinos.




2 comentarios:

miguel ángel salinas gilabert dijo...

A mí me demoraron mi mochila en un viaje a Alemania, cuando visité a una amiga. Tuve que comprar lo imprescindible para cambiarme al menos de camiseta, ropa interior, y no parecer un mendigo. Cuando le conté a mi amiga dónde había ido a hacer la compra de urgencia, me vino a decir que esa era una tienda... ¿de mala calidad? La traducción al castellano era "supermercado en que compran las clases más modestas". Total: sin cambiarse o no de ropa interior, uno no logra disimular su verdadera condición...

PENSADORA dijo...

Veo que me entiendes ¡gracias!