martes, 23 de septiembre de 2014

Katmandú




Hoy cierro los ojos y lo primero que me viene a la memoria es la canción de “Fleet Foxes” que sonaba en mis auriculares del avión que daba bandazos mientras intentaba aterrizar atravesando montañas y tormentas.  Respiraba profundo y apretaba la mano de Bonito del Norte como si en lugar de estar llegando a un exótico destino, estuviera pariendo sin epidural.

Si vuelvo a cerrar los ojos vienen los olores: mezcla de especies, incienso y mierda porque de esa hay mucha por todas partes y la llamo por ese nombre porque es el que realmente define a la inmundicia que campa a sus anchas en cuanto uno se desvía un poco del turístico barrio de Thamel o de los templos budistas o hinduistas.  Sin embargo, uno se acostumbra rápido a oler mal porque todo huele igual aquí, incluso los turistas nos impregnamos rápidamente de un hedor que sólo volvemos a distinguir como ajeno al regreso al hogar que no admite semejante tufo.  Luego ya puedo centrarme en el bullicio, el desorden, el caos que habitan esta ciudad anárquica y ruinosa que produce un extraño efecto amor-odio.  Lo mismo tienes unas ganas tremendas de llegar como de irte… Bienvenida Pensadora, estás en Katmandú.



La plaza Basatanpur o Durbar con sus más de sesenta edificaciones, Swayambhunath (o Monkey Temple) con sus monos y sus monjes,  Boudhanath: la estupa más grande de Asia y la ciudad “pura” de Bhaktapur salpicada de pintores de mandalas.  Fueron todos lugares donde hoy me parece mentira haber estado pero que visité con la inocencia y curiosidad de quien desea mucho algo y no para de sorprenderse de que las cosas de los libros, las fotografías y la tele sean reales.










La gente de Katmandú es extraña.  Una mezcla de hippie pies negros urbanita que difícilmente se olvida.  Gente de una gran espiritualidad y sonrisa casi perpetua que suele terminar sus días en el lugar llamado Pashupatinah, un inmenso crematorio donde la muerte convive de una manera sorprendente con el día a día.  Una cremación se convierte en una especie de espectáculo y un crematorio en un lugar de paseo con la familia.







No crean ustedes que esta última imagen es la última que me queda en la retina.   Empecemos por la siguiente para ponerle el “continuará” a este resumen de mi paso por Nepal que hoy emprendo…


Continuará...





5 comentarios:

Laura dijo...

Estooo, que digo yo: "Voy a ver quién es Pensadora, que tan bonito comentario ha dejado en mi blog". Entro y me encuentro así de sopetón esta entrada... ¿¿¿Sabes que estoy estos días debatiéndome entre ir o no a Nepal???
Ahora sin tiempo para leerla (estoy en el trabajo), pero me anoto la señal que ha mandado el universo y también tu blog, que leeré, of course.
Tu, por supuesto, puedes quedarte en el mío el tiempo que quieras.

PENSADORA dijo...

SIII, Laura, si te gustan las montañas no dudes más y vete a Nepal. No sé si hay otra opción en esa duda, allí ya no podría aconsejarte.

Que sepas que la mejor época para ir empieza el mes que viene. Si eso.

Bienvenida y de nada por el link, esque así te seguiré más fácil.

Salud!

Silvia dijo...

Jejeje. PERO LAURA!! Con esas me saltas? De verdad estabas pensando en Nepalizarte? Duro con ello, estamos deseando leer tu versión.
Y ya no te digo continuar la de Pensadora. Los aterrorizados del avión os necesitamos, chicas.
Qué foto la penúltima, Pen. Me ha dado cosica abrirla.

PENSADORA dijo...

Silvia, te sorprenderías con qué naturalidad pasea la gente por el escenario de esa penúltima foto que a mí también me sigue dando "cosica".

A ver si me inspiro os sigo contando...

Laura dijo...

Sii! Ya está hecho! Billetes a Nepal, comprados! Ganas de aventura y ruptura de miedos!
Sila no te creas, que me da bastante cosica pasar tanto tiempo en el avión.
Un besazos chicas!
(Me encanta este bloggui-contacto)