jueves, 10 de diciembre de 2009

INDIVIDUALIDAD VS. COLECTIVIDAD


El otro día volvía caminando del trabajo junto a un compañero que está cercano a la jubilación. Como suele ocurrir en estos casos, aprovechamos para hacer algún comentario sobre nuestro quehacer diario. Luego dimos algún rodeo sobre el tiempo y finalmente, inevitablemente, empezamos a intentar arreglar el mundo compartiendo opiniones sobre la crisis y nuestras formas de vida.

Me encanta hablar de estas cosas con personas mayores. Siempre llego a la conclusión de que sus puntos de vista, simplemente, son más sencillos que los míos. No puedo juzgar si mejores o peores, más o menos acertados con la realidad, pero desde luego siempre desprenden más sentido común.

La cuestión es que tras aquella brevísima conversación se me ocurre que la individualidad que atraviesa todos los aspectos de la forma de vida de las generaciones actuales, a lo mejor y al revés de lo que yo pensaba, va en nuestra propia contra sin que nos estemos dando cuenta.

Estamos tan centrados en el propio beneficio que nos olvidamos de que en un mundo globalizado el bien común repercute en el bien individual. Así, si en lugar de centrarme en qué puedo hacer bien yo para mí misma, quizá valdría la pena fijarme de vez en cuando, y siempre que pueda, en el bien común o colectivo.

Si ese pensamiento fuese extensivo. Si todos pensáramos de esa manera, quizá nos daríamos cuenta de que vale más la pena invertir los ahorros en crear negocio y puestos de trabajo en lugar de comprarnos un montón de pisos esperando venderlos especulativamente.

Si pensáramos así, dejaríamos de darle vueltas a la posibilidad de opositar con la única intención de “tocarnos la tripa” el resto de nuestras vidas. Al contrario, lo haríamos con conciencia social, pensando que vamos a prestar un servicio a nuestra comunidad a cambio de un sueldo más que digno.

Si pensáramos así, los que hemos conseguido mantener un puesto de trabajo a pesar de la crisis, intentaríamos seguir moviendo nuestro dinero, intentaríamos ahorrar e invertir nuestros ahorros en el bien de los demás y no sólo en el propio.

Tal como han funcionado las cosas hasta ahora, sé que es muy difícil un cambio general tan radical y más cuando nos siguen vendiendo basura que compramos sin pensar en su utilidad real. Más cuando todos deseamos estar al nivel de nuestro vecino, de nuestra familia, de nuestros semejantes. Pero también sé que nuestro tren de vida sigue siendo insostenible y que algún día tendremos que darnos cuenta. Espero que no sea demasiado tarde para todos.

1 comentario:

alfonso dijo...

las personas mayores usan el sentido comun, que es el menos comun de los sentidos