viernes, 13 de noviembre de 2009

JUVENTUDES BORRACHUZAS

Esta mañana muy temprano me he visto en el brete de tener que cruzar caminando una buena parte del coso, la calle central y auténtico centro neurálgico de esta mi Güeskonsin querida del alma.

Normalmente, a las siete de la mañana uno se encuentra por allí a los típicos currantes que esperan la furgo para ir al tajo, los repartidores de periódicos, pensadoras con cara de sueño y pocos amigos además de algún barrendero.

Hoy no. Hoy la estampa ha cambiado para mi gozo y diversión porque hoy, señoras y señores, hoy me he encontrado con hordas de jóvenes que regresaban de la gran fiesta de apertura de curso universitario que se celebra todos los años alrededor del país para estas fechas.

Una parejita de no más de veinte años de edad venía de frente hacia mí, intentando infructuosamente mantener una postura digna mientras discutían. Entonces, se percataron de mi presencia momento en el que veo cómo el zagal empuja a la pobre moza que, subida a sus tacones de bershka, consigue por muy poco mantener el equilibrio y no caer a la calzada de la calle. Inevitablemente le he echado una mala mirada al zagal en cuestión.

Más adelante me he ido cruzando con otros pequeños grupos entonando cánticos varios, muchachos y muchachas solitarios seseando pero creyendo que andan en línea recta, el típico par de incomprendidos “gafotas” que aún a esas horas andan filosofando sobre el aborto de la gallina…

Y lo mejor: al doblar una esquina me encuentro una pareja dándose el lote con esa furia que sólo se tiene a esas edades, sonrío y pienso en lo que les espera pero al bajar un poco la mirada para no desconcentrarles me encuentro a la que debía ser la mejor amiga de la chica, sentada en el suelo, con un litro de cerveza a su derecha y sonriendo como quien espera el autobús o cualquier otra cosa más común. Digo yo… ¿acaso estaba esperando su turno?.

Al final, ya sentada en mi despacho termino pensando: ¿cuántas veces me habré visto yo en cualquiera de esas situaciones?. Ha pasado tiempo desde mi época de estudiante pero aún así: ¿de qué hablábamos pensbestfriend y yo hace dos viernes regresando ya de día a nuestras casas? ¿andábamos rectas o también sesesábamos? ¿se nos oía al cantar por camela?... misterios que prefiero no revelar.

2 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

Una cosa es salir, beberse alguna copa y de pronto encontrarte que estás medio (o completamente) borracho, y otra muy distinta salir a emborracharte y a ver quién de la pandilla se pilla la cogorza más gorda. Creo que ahí está la diferencia entre los que ya vamos teniendo una edad y los críos de ahora, cada vez más parecidos a esos bárbaros británicos que van a emborracharse, cuanto más y más rápido, mejor. Y claro, luego les pasa lo que les pasa...

Saludos.

PENSADORA dijo...

En mis tiempos mozos también era exactamente como usted lo describe.

Para mí, la diferencia está en que nosotros nos bebemos una cerveza o un combinado porque nos gusta su sabor, porque nos resulta placentero. Las consecuencias resultantes ya no tienen importancia.

Sin embargo, cuando eres joven, deseas divertirte a cualquier precio y, dependiendo del círculo en que te muevas, lo de la borrachera y las gamberradas es lo más divertido.

A lo mejor hace falta que ofrezcamos a nuestros jóvenes alternativas de ocio mejores y más saludables. Creo que sólo dándoles algo más de información en los institutos (y no me refiero a asociaciones juveniles y otras tonterías de actividades extraescolares), conseguiríamos disminuir el nivel de tontería juvenil que estamos sufriendo.

En fin, que nosotros tampoco lo arreglaremos, ¿no le parece?.

Salud y deporte, entonces!