lunes, 31 de agosto de 2009

PRODUCTIVIDAD

No estaba muy atenta pues ya se me cerraban los ojos para la siesta cuando, en las noticias del mediodía, oí algo así como que España es el país menos productivo de Europa a pesar de ser el país en el que más horas pasan los trabajadores en sus puestos.

Como trabajadora de empresa privada puedo afirmar ¡y afirmo! Que lo citado es una verdad como un templo. No me extraña que nuestra foto sea la más fea y esto tiene un origen más difícil y arraigado de lo que nos parece pues la culpa, al final, es de todos.

Los trabajadores solemos situarnos con gran facilidad en la posición de víctimas con aquello de cuánto sufrimos en nuestros trabajos durante tantas horas. Los empresarios tienen sus costumbres bien arraigadas y como el sistema español está montado así desde siempre, no se paran a hacer los números o estudios correspondientes, ni siquiera a intentar probar algo que funciona desde hace mucho en los países desarrollados: la jornada continua y el trabajo por turnos.

En mi opinión, uno de los grandes fallos de nuestro sistema radica en la remuneración por tiempo y no por trabajo realizado. Pagando al trabajador por tiempo, no estamos pagando su productividad, sólo su tiempo y esto alimenta las perspicacias de los operarios que, a sabiendas de la falta de control, se dedican simplemente a ocupar su puesto de trabajo sin implicarse realmente en el trabajo que deberían desarrollar. Claro está que todo depende mucho del tipo de empresa, pero tampoco sería tan difícil plantearse una diversificación en la contratación privada y buscar nuevas alternativas de contratación y remuneración. Muchos empresarios consideran inviable la adopción de la jornada continua en sus empresas por aquello del horario comercial, pero tampoco se han planteado la idea de organizar grupos de trabajo por turnos que podría suponer una ampliación de horarios de apertura con el consiguiente beneficio para ambas partes: el cliente tiene mayor disponibilidad para acudir al local y, por lo tanto, el empresario gana un cliente que en otro horario no podría visitarle. Esto sólo es un ejemplo del montón de soluciones que se me ocurren.

En la noticia de ayer, hablaban de los beneficios de la jornada continua: disminución de absentismo, mejora de atención del trabajador, etc. El problema es que, en un país como el nuestro, a el trabajador poco le importa de qué manera se distribuye el tiempo. En este país estamos más pendientes de que llegue el fin de semana o de encontrar una manera fácil y rápida de ganar lo suficiente para vivir sin trabajar o trabajando poco, esto, desde luego, disminuye mucho nuestra capacidad de concentración y por lo tanto interés y dedicación por lo que hacemos. Pienso que la cosa cambiaría mucho si en lugar de pagarnos por nuestro tiempo, nos pagaran por nuestro trabajo real, teniendo en cuanta todo lo que esto engloba: dedicación, innovación, saber hacer o, incluso, tiempo de ejecución (es decir, el que lo haga en menos tiempo, además de bien, sería el mejor).

Existen modelos empresariales mejores a los actuales que, lamentablemente, todavía no se han puesto en marcha y que mejorarían nuestra productividad, rindiendo beneficio para todos: trabajador y empresario. Lo que no entiendo es por qué no son estos los modelos que se proponen a las nuevas empresas. O por qué no se le facilitan las cosas a las empresas que intentan ponerlos en práctica. Lo que sí sé es que esto no cambiará en mucho tiempo y que se trata de un problema más de fondo que de forma, cosa que, lamentablemente, tiene difícil solución.

viernes, 28 de agosto de 2009

CYBER-ARTE

Cuando en los años 60, unos señores americanos pensaron que sería de lo más práctico que existiese una red de comunicaciones “de ordenador a ordenador”, quizá no se les ocurrió que estaban encendiendo la mecha de lo que más adelante supondría algo que en mi opinión está significando el gran paso evolutivo del arte.

Me explico. En su origen, Internet era una solución práctica para la comunicación interdepartamental en las oficinas multinacionales. En pocos años, unos quince o veinte, la Red se extendió al uso particular o privado y allí empezó la digitalización masiva de datos y dentro de éstos imágenes, sonido, literatura…

Así, poco a poco pero en poco tiempo, se ha producido una degeneración de la industria analógica para dar paso a la industria cybernética de la que ya fomamos parte, incluso, los bloggers. Yo no sabía, hasta hace unas horas, que escribiendo ahora mismo en este, mi inestimable blog, me convierto en parte de algo que se llama la “blogosfera”. Por poner un pequeño ejemplo.

Hoy en día podemos acceder a museos y galerías. Podemos contemplar, a gran resolución, obras de arte que antaño sólo podíamos contemplar trasladando nuestros cuerpecillos hasta los locales físicos. Podemos escuchar música o ver películas mientras interactuamos con otros internautas. Incluso podemos realizar nuestras propias críticas.

De esta manera, el arte, tal como se había conocido, evoluciona a tal velocidad que resulta casi imposible concebir según qué corrientes; lo que me lleva a pensar que en un futuro no muy lejano, los que no seamos muy doctos en la materia nos vamos a quedar “demodé” esperando contemplar un lienzo que, posiblemente, ya nunca existirá.

No reivindico el uso de los antiguos materiales pero sí espero que nunca desaparezcan. Me cuesta imaginar que una pantalla extraplana pueda sustituir al lienzo de toda la vida, a pesar de que con los marcos de fotos digitales uno ya se puede hacer idea de lo que depara el futuro.

Y ni qué hablar del asunto de la música. Se ve que ahora quieren lanzar un nuevo formato que reactive las ventas de álbumes, lo que no entiendo bien es cuál será pues tras el mp4 me pierdo.

Quizá en realidad todo esto tiene el lado positivo de la accesibilidad y así es cómo lo quiero mirar yo. Aceptar que, en realidad, la evolución tecnológica y la globalización informática sea nada más y nada menos que un medio de comunicación accesible a todos y que el arte, a diferencia de antaño, sea un mercado abierto a todo el público que lo quiera descubrir.

jueves, 27 de agosto de 2009

UN AÑO MÁS


O un año menos, como lo del vaso, depende de cómo lo mires. Yo me inclino por mirarlo de las dos maneras, total, objetivamente ambos son los casos en el día de hoy: el primero de mis treinta y cuatro.

martes, 25 de agosto de 2009

DISCULPEN LA TARDANZA, ESTABA DE VACACIONES

Este año me he decantado por el acento dulce y el sabor a cominos de Tenerife.

Tenerife engancha, tiene algo. Supongo que para mí, ha sido la extraña similitud que tiene su zona norte con mi adorada Caracas, por las casitas bajas asentadas en las faldas de la montaña, el sabor especiado de las comidas, las areperas, los bocadillos de carne “mechá” y el acento tan similar al caraqueño que portan sus habitantes.

Otro componente importante para una persona que gusta de la naturaleza y el paisaje en todas sus variedades como yo, es el disfrute de la inmensidad del Teide. Toda la zona circundante a su cumbre ofrece imágenes de cuento de Tolkien, paisajes volcánicos, áridos y esculpidos a merced del calor del interior de la tierra que muchísimos siglos atrás quiso dejar constancia de su poderío.


Otras dos joyas son los macizos de Teno y Anaga que, lamentablemente, se han quedado en mi lista de lugares pendientes de visitar. Teno se me quedó corto a pesar de haber llegado, al menos, hasta su faro y Anaga se me resistió por un despiste relacionado con el consumo de carburante del coche de alquiler, cosas que pasan.



Merecen reseña también La Laguna y La Orotava que, otra vez, hicieron las delicias de mi memoria por sus edificaciones de aspecto colonial tan similares a las que encontraba por dorquier en Venezuela. Entiendo ahora que la tengan adoptada como octava isla.



Como culmen a mi tour tinerfeño y haciendo gala de mi amor a la naturaleza, quise darme una vueltecita corta por el atlántico en busca de las sin par ballenas piloto que muy amablemente se dejaron ver un poquito, luego me dejé encandilar por los acantilados llamados Los Gigantes donde unos simpatiquísimos delfines le pusieron la guinda a unas vacaciones algo atoradas que han servido de confirmación de mis firmes sospechas de que, al menos durante un tiempo, ya no estaré sola.





lunes, 3 de agosto de 2009

I LOVE VETUSTA MORLA

Decía el otro día que me iba al concierto de Vetusta Morla y que no me importaba haberles oído poco y no saberme sus canciones.

Como muy bien reza el dicho aquel de “a lo hecho, pecho” y para que sirva de ejemplo a lo escrito el viernes, diré que me he enamorado profundamente de este pequeño gran grupo que, en mi sencilla opinión, más que cosechar éxitos están sembrando toda una hacienda (de las grandes) de belleza y sensibilidad.

Vetusta Morla ha conseguido algo que hacía tiempo no conseguía nadie y es empañarme los ojos de pura emoción. Muy entregados tuvieron que ser para semejante hazaña y muy entregados espero que sean porque quiero seguirles muy cerca y ellos mismos han dejado el listón muy alto. Tanto como para haberse ganado lo que me costó la entrada y lo que me voy a gastar esta tarde con la compra de su disco. Porque sí, porque ellos lo valen.

Si a lo que me emocionaron durante el concierto, lo bien que tocaron, lo bien que canta ese muchacho, lo coordinados que están y el buen gusto que tienen al distribuir los temas durante la actuación le añadimos lo majos que son ambos guitarristas, que no se cortaron un pelo de salir por los bares que pisamos el resto de los mortales y unirse con esta servidora en una noche de “juerguecilla oscense”, pues ya se puede entender que beba los vientos por ellos y por su música.

Amigos internautas: ¡por fin un grupo pop-rock independiente y nacional, pero de los de verdad!