miércoles, 30 de enero de 2008

¡TEN CUIDADO!

Cuántas veces nos tenemos que oír esta frase….

En muchísimas ocasiones de nuestra vida; cuando somos pequeños: “ten cuidado que te vas a caer”, “ten cuidado que te vas a hacer mal”; cuando estamos estudiando: “vale, pero ten cuidado no te pillen la chuleta”, “ten cuidado con el profesor de Mates que es un burro”; cuando empezamos a salir: “ten cuidado no te pongan algo en la bebida”, “ten cuidado con esa minifalda”; y cuando el tiempo pasa… “ten cuidado con ese que me han dicho que es un capullo”, “ten cuidado no te enamores”…

¿Cuánto cuidado tenemos que tener en nuestra vida para no hacernos daño? ¿para no sufrir?... ¿PARA NO SENTIR?...

Ayer hablé del miedo… sinceramente… esa tremenda frase “ten cuidado” me parece una de las más irracionales de nuestro vocabulario. Por supuesto que hay que tener cuidado, cuidado de nosotros mismos, cuidado personal para evitar enfermedades, cuidado laboral para no tener accidentes, cuidado especial con las cosas que hacemos y que dependen de nosotros. Pero muchísimas cosas de nuestra vida NO dependen de nosotros. Amigos internautas, hablemos del miedo.

Últimamente me he interesado mucho por un señor que lamentablemente falleció el verano pasado, se llamaba Albert Ellis y era un psicólogo que desarrolló una teoría y con ella una terapia en la cual tengo auténtica fé. Se trata de la “TERAPIA RACIONAL EMOTIVA CONDUCTUAL”. Según esta teoría no son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que pensamos sobre ellas y este pensamiento es el que nos lleva a adquirir conductas que pueden ser autodestructivas. Se trata de modificar el pensamiento, de educarnos para pensar de una manera racional, tras este pensamiento racional adquiriremos sentimientos más adaptados a la realidad y por tanto conductas que vayan en nuestro propio beneficio.

Tras su teoría, Ellis desarrolló un decálogo del pensamiento irracional que no os voy a enumerar aquí pues sería un poco tedio y alargaría este post cosa que no deseo. Hoy me quiero centrar en una de ellas, la que tiene que ver con el miedo. Un pensamiento irracional es:

“Si algo es o puede ser peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra”. “Es mejor evitar riesgos para mantenerme protegido”.

Grave error amigos internautas ( a mi parecer, claro). No digo que si tenemos la certeza de que, por ejemplo, una carretera está cortada y tenemos un montón de señales que nos lo dicen, pasemos de las señales y terminemos tirándonos por un acantilado al más puro estilo Thelma y Louise , no. Pero sí sería buena cosa aprender a escucharnos a nosotros mismos y a darle la oportunidad a las cosas que nos pasan para aprender lecciones. Nuestros peores temores se cumplen porque los tenemos, no porque sean reales por ciencia infusa o por algún factor mágico. Esa frase de “me lo temía” nos deja poco margen de error pues así nos pensamos que podríamos haber hecho algo para evitar cosas que a veces son inevitables y que no dependen de nosotros.

Lo mejor sería pasar por la vida con el mínimo miedo imprescindible, es decir, el que nos mantiene alerta cuando nuestra vida REALMENTE corre peligro. Pero no considero que sea sano vivir con miedo a cualquiera de las cosas que nos puedan pasar.

Nuestros familiares, amigos, pareja que nos quieren no suelen ser objetivos precisamente por ese amor que nos profesan. Su intención siempre será la de protegernos con el eterno “ten cuidado” y ... ¡menudo compromiso! Porque el día que metemos la pata y nos hacemos daño nos hacen sentir como si toda la culpa de lo que nos ocurre fuera nuestra y NO, no señor. No todo depende de nosotros y hay veces que nos toca sufrir un poquito y aprender de la vida y las cosas que nos pasan y esto, lamentablemente, no se puede evitar. Y aunque tengan razón, señores, no olvidemos que somos humanos y por lo tanto falibles, podemos cometer errores.

Para mí, un error sería no apostar por algo en lo que creemos desde nuestro interior. Intentar mantenernos asépticos de la vida es lo que nos puede hacer sufrir más y de una manera profunda pues pasaríamos a la irracionalidad. Corramos riesgos entonces y aprendamos a enfrentar nuestros miedos, os aseguro por experiencia que la sensación de vértigo, la ansiedad a lo desconocido pasa en el momento en que nos atrevemos a enfrentar nuestras dudas y si, lamentablemente, nos damos el “tozolón” como ya nos advirtieron, no olvidemos que por nuestra condición humana podemos volvernos a levantar cuantas veces queramos de un mismo golpe y al final, gracias a la experiencia, el mismo golpe terminará convirtiéndose en una simple caricia además de una lección que seguro nos convertirá en mejores personas.

martes, 29 de enero de 2008

EL AMOR EN CRISIS




El otro día hablé de crisis de valores, y este es uno de los valores a los que me refiero.

Cuando hablo de “crisis de valores” me refiero al valor que le damos a los diferentes aspectos de nuestra vida. El amor, es uno de los valores más devaluados en estos momentos, o al menos el amor sano o amor profundo como yo optimistamente le llamo. Según Erich Fromm (“El arte de amar”) existen muchos tipos de amor: fraternal, filial… y cada uno se manifiesta de muy diferentes formas. Pero hoy por hoy, me ocupa el más difícil y el más demandado: el amor pasional o conyugal (sí, sí, internautas amar a tu cónyuge puede traducirse en pasión, si tu amor es sano).

Desde que tengo uso de hormonas he dedicado buena parte de mi tiempo y pensamiento a esta faceta. He vivido de todo, pero puedo alardear de que una vez conocí el amor de una manera sana, profunda. Hablo de amor verdadero, no de pajaritos rosas, tartas con formas de corazón o “flipes” que tardan en irse lo mismo que en llegar.

En nombre de aquella vivencia que tanto añoro y que yo misma fulminé por cuestión de inmadurez, me retuerzo cada vez que veo, escucho o siento las malas maneras que tenemos (pluralizo porque esta sociedad ya me ha malcriado). Para mí, lo primero es tener claro qué es lo que queremos y para eso hay que conocerse a uno mismo muy bien, amarse y sentirse feliz, vamos, tener un buen nivel de amor propio como para poder compartir nuestra “autofelicidad” con alguien que también se sienta feliz de sí mismo.

He hablado con mucha gente sobre este tema. He leído y profundizado todo lo que he podido al respecto y durante estas investigaciones un día me encontré un blog cuya dirección ni recuerdo, pero fue absolutamente iluminador para mí. Había un post escrito por una chica que me resultó muy afín a mí… hablaba de su placer por la soledad, de la rabia que le daba que le miraran como con pena por estar soltera a sus treinta y tantos. En fin, resumiendo, ella decía que no se sentía ni sola ni mal, simplemente estaba a gusto tal como estaba y no necesitaba a nadie para llevar una vida completa pero que no descartaba la posibilidad de enamorarse o compartir su vida con alguien y que si no lo había hecho ya era porque no había encontrado una persona que estuviese igual de completa que ella para compartir esa plenitud.

Aquí es donde veo yo el centro de la crisis en que vivimos: nos han educado para depender de otros y no para disfrutar de nosotros mismos y compartir ese disfrute. Diría que estamos todavía en la fase de aprender a disfrutar de nosotros mismos y nos está costando tanto que no tenemos suficientes energías o no nos sentimos preparados para compartir nuestra vida. Por lo que he vivido últimamente, tengo la sensación de que nos sentimos engañados… todo lo que nos contaron del amor ya no es válido y ahora tenemos que aprender por nosotros mismos a amarnos. Tenemos la sensación de que si nos abrimos en demasía o empezamos a compartir lo que tanto nos ha costado conseguir, nos vamos a sentir invadidos. Pero nos estamos olvidando de lo esencial: lo que deberíamos hacer es elegir la persona que esté tan completa como nosotros y sobre todo, lo más importante, lo que más daño nos hace: DEBEMOS EVITAR EL MIEDO.

El miedo usualmente parte de nosotros mismos, de nuestro interior. No de las cosas que están pasando realmente. Prometo desarrollar mejor el tema del miedo más adelante. Pero sí os diré que el miedo se puede evitar y curar.

Amigos internautas, como bien dice un buen amigo mío: “el miedo es el enemigo” y estoy totalmente de acuerdo con él. El miedo nos ciega y no nos deja ser quienes somos y sólo con la claridad de mente que provee la ausencia de miedo podremos encontrar un amor que nos libere. Un amor libre, limpio, puro, profundo, sin ataduras ni complejos y totalmente libre de dependencias.

viernes, 25 de enero de 2008

¡QUE JEVIS SOMOS!


Corrían los deliciosos años noventa, mis amigos y yo pasábamos las tardes en nuestro bar favorito de la ciudad.

Allí intercambiábamos experiencias de los estudios, el trabajo, deportes y amores. Bueno, los amores incluso eran compartidos pues a esas edades aquello era una bacanal, vamos, todos contra todos y esto no suponía mayor problema que alguna ligera discusión pero sin llegar nunca a mayores.

La cuestión es que se trataba de un bar donde únicamente se escuchaba música heavy metal, por supuesto a todos nos encantaba esta música y también realizábamos intercambios de discos y libros al respecto.

Una noche de sábado, a altas horas de la madrugada y con el bar a punto de cerrar, se produjo la siguiente escena:

¨ Esta pensadora y sus amigas menean sus melenas al viento moviendo las manos en postura de “air contest guitar”, es decir, tocando la guitarra imaginaria al más puro estilo metallica, cuando una de ellas, la más pequeña y recatada vocifera: “Jo tias! Que jevis somos!”.

Por supuesto las risas y carcajadas no pararon durante un buen rato, tanto así que la dichosa frase se convirtió en un auténtico grito de guerra entre los moradores de aquella posada que continúa abierta al público, aunque con nuevos moradores y dueño y con bastante menos gusto por la buena música noventera.

Así pues, amigos internautas, aquellos que os preguntéis de dónde sale semejante título para este nuestro blog, por fin tenéis respuesta!.

jueves, 24 de enero de 2008

¿Estamos todos locos, o qué?

Como siempre, cuando una se encuentra en un momento de crisis, motivada por lo que sea, se aventura al estudio de su propio comportamiento y por tanto del mundo que le rodea.

Esto lo llevo yo haciendo un buen tiempo pues después de sobrevivir a un cáncer, un mioma uterino, una neumonía, una separación y un despido (todo en el mismo año) he tenido crisis para rato.

Casi cinco años de vaivén emocional me traen aquí, a crear un blog. Cosa que por lo visto está muy de moda y es todo un mundo que me resulta gracioso a la vez que más que interesante como campo de estudio.

No soy psicóloga, ni filósofa, ni he estudiado ninguna humanidad. Vamos, es que no he estudiado nunca, más que una simple formación profesional pues la situación económica de mi hogar en aquel momento requería de mi trabajo y el de mis hermanos para superar el mes de toda la familia, “la unión hace la fuerza” y aunque esos tiempos pasaron, me gustó el mundo empresarial y decidí quedarme por aquí haciendo un dinerito que nunca he ahorrado.

Antes he hablado de los blogs como campo de estudio, pero os diré, queridos internautas, que mi campo de estudio también alarga sus garras a los bares, al trabajo, clubes deportivos, revistas, libros e incluso música…

Y así, llega mi primera reflexión para quien le pueda interesar….

Repito: ¿estamos todos locos o qué?

Es difícil mantenerse sereno en el mundo en que vivimos, de esto no cabe duda, vivimos continuamente presionados: familia, trabajo, hipoteca, amigos, vida social general… todos queremos mantenernos al mismo nivel que nuestro entorno y para eso nos vemos obligados a trabajar en puestos que no deseamos y al salir del trabajo a buscarnos alicientes para no caer en una monotonía que nos absorbería, así que nos dedicamos tan poco tiempo a nosotros mismos y nuestro interior, que cuando tenemos un momento de soledad nos sentimos perdidos.

Como vivimos en el mundo “desarrollado” (esto del desarrollo ya lo “desarrollaremos” mejor), tenemos todas nuestras necesidades básicas cubiertas, vivimos en casas calientes, tenemos medios de transporte a la carta, nos vestimos incluso a la moda por precios supuestamente asequibles, tenemos bibliotecas llenas de información a nuestra disposición, y cuando nuestro sueldo no llega o somos despedidos, estamos cubiertos por el estado (no os sorprendáis, son pocos los países que tienen un sistema de seguridad social como el nuestro ¡bendito INEM!).

Así pues, nuestras mayores preocupaciones son: tener un puesto de trabajo mejor, o simplemente ganar más dinero, para tener una casa más caliente, un vestido más bonito, o un coche más potente y seguro. Como no pasamos hambre, como no pasamos frío, como no pasamos penurias… nuestro cerebro se encuentra a la merced del pensamiento y las emociones y resulta la mar de fácil rendirse a la locura.
Las conversaciones, las canciones, las revistas, los libros, las noticias de la tele… cada vez hablan más de problemas emocionales de todo tipo: astenia primaveral, astenia otoñal, crisis de pánico, crisis de ansiedad, depresión post-vacacional, depresión pre-vacacional… y yo no puedo dejar de preguntarme si no va a resultar que estamos viviendo una auténtica crisis de valores que mi abuelo ya predijo años antes de morir.

Mi hipótesis es que vivimos en una generación que se podría llamar “de paso”, es decir, nuestro cerebro no está evolucionado para soportar la carga que le imponemos y por tanto enferma… estamos en pleno salto evolutivo. Algún filósofo o erudito de los de hoy ha escrito algo a este respecto, aunque ahora no recuerdo su nombre.

Mi generación sufre esta crisis de valores pues no está preparada para el mundo en el que vive: hemos sido educados para ser miembros de familia y la familia tal como la conocemos tiende a su extinción… ahora lo que se lleva es tener hijos sin padres, madres sin hijos, vivir solos y autónomos. Que no digo que esté mal, lo que digo es que no estamos preparados para ello. Soy optimista y pienso que nuestros hijos sí estarán preparados.

En este blog, pretendo resumir mis andaduras por este “camino evolutivo” y de esta manera minimizar los daños colaterales causados por las “piedras” que nos encontremos en él.

Saludos amigos internautas y bienvenidos a mi mundo que ya era el vuestro.