viernes, 30 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA IV


No quería quedarme dormida en el autobús así que con cada cabezada olisqueaba en derredor en busca de algún signo de civilización. Por fin unas cuantas luces me indicaron que estábamos llegando a Wadi Musa, el pequeño pueblo que nos serviría de “campo base” para la visita estrella de Jordania.

Llegamos al hotel y a toda velocidad llevamos las maletas a la habitación, cenamos y salimos al hall del hotel donde nos esperaba el bus para acercarnos a la entrada del Siq (desfiladero) de introducción a la maravillosísima Petra.

La Ciudad Rosada fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1985 y era el refugio de los Arabes Nabateos que no eran más que unos nómadas Beduinos que debían estar muy fuertes a la vista de todo lo que construyeron. La fundaron aproximadamente en el siglo VI A.C. siendo invadida por los romanos en el año 106. Luego llegaron los cruzados. Tras su partida los beduinos la mantuvieron oculta por considerarla un lugar sagrado hasta que llegó un tal Burckhardt, explorador suizo que divulgó su existencia al mundo.

Tras una increíble y espiritual visita nocturna al Siq y la Fachada del Tesoro como aperitivo del día siguiente, nos retiramos con ganas de preparar el cuerpo y el alma para lo que nos esperaba.



Empezamos los primeros metros de recorrido a caballo por un camino de tierra y grava en cuyo final desmontamos para recorrer a pie el Siq, un precioso desfiladero producto de la separación de placas tectónicas que tras poco más de un kilómetro nos lanzó en los brazos de uno de los lugares más maravillosos que he visto hasta ahora.



La primera parada y más conocida por la película de Indiana Jones de 1989, es la Fachada del Tesoro. No se sabe todavía si es una tumba o un templo, pero importante es, pues mide 40 metros de alto y te hace saltar el lagrimón ante su belleza. Impresiona de verdad, yo pensaba que me parecería poco por la publicidad que tiene, pero no, hay que estar allí para entenderlo.



Después recorrimos la Calle de Las Fachadas, salpicada de tumbas y pequeñas fachadas funerarias que desemboca en El Teatro que da cabida a unas 7.000 personas. Aunque, al principio, los Nabateos lo construyeron para 3.000, los romanos hicieron la ampliación a 8.500 plazas que disminuyeron tras un terremoto.



Como la magia del lugar nos tenía fascinados dedicamos algo de tiempo a las fotos y a la contemplación de los lugareños que nos ofrecían un sin fin de artículos: desde comida o bebida, hasta sombreros como el de Indiana Jones, pasando por el collar “para la suegra” o “para la amante”. Y, haciendo mis delicias, cuantos camellos quisiéramos "por la chica rubia" (una de nuestras compañeras de grupo turístico, pobrecilla). Lo cierto es que lo que más me gustó, no me lo ofrecieron, sirva la foto para entenderlo:


Tras una parada y descanso con té incluido, emprendimos la ascensión a la Fachada de El Monasterio, situada en lo alto del valle, recuerda a la del Tesoro, pero ésta es más grande todavía: 50x45m. Tras una hora de subida y más de 800 escalones mediante, contemplamos esta belleza:


Después y a pesar del calor y el cansancio, continuamos unos 500 metros más para encontrarnos con un magnífico paisaje montañoso al que los lugareños no dudan en llamar “fin del mundo”. Muy bonito, si.


Para finalizar el día, desandamos todos y cada uno de nuestros pasos para regresar al hotel y coger el bañador que necesitábamos, pues, tras una acertada gestión de nuestro guía, acudimos al pueblo a disfrutar de un merecido baño turco con mini-masaje incluido… ¡que dura es la vida del turista!.

miércoles, 28 de octubre de 2009

SOÑE CON JORDANIA III

Con el cuerpo bien descansadito y animado tras la divertida jornada de Ammán, desperté ilusionada a sabiendas de que el día sería largo pero serviría como transición de camino a las verdaderas joyas que Jordania me tenía reservadas.

Una paradita en Mádaba para contemplar el mosaico más antiguo de la Tierra Santa emplazado en la iglesia ortodoxa de San Jorge.


Otra en el Monte Nebo para contemplar lo que Moisés supuestamente consideró la Tierra Prometida, el mar muerto y el valle del Jordán.


Finalmente, Karak: la fortaleza que los cruzados elevaron en plena línea defensiva entre Shawbak y Jerusalén. Aquí, Saladino les derrotó ofreciendo a sus, aproximadamente 2.000 moradores, la posibilidad de conversión. Algunos se quedaron y por lo visto la prueba de esto es que en la actual ciudad habita una tribu cuyo nombre es Martín… curioso, ¿no?.


Más curioso todavía es lo que nos comentó el guía respecto a la seguridad que se respira en el país (tuve que preguntar, mi curiosidad impera). Resulta que la base de la sociedad jordana no es la familia como sucede en la nuestra; en la suya, es la tribu, así, los miembros de cada tribu están obligados a ayudarse mutuamente de manera que cuando uno de ellos se queda sin sustento, el resto de la tribu le ayuda. Cierto es que no ví evidencias de hambruna o miseria en el país. También, a diferencia de nosotros, aunque sus nombres lleven apellidos, también llevan el nombre de la tribu a la que pertenecen. De esta manera, se llaman por su nombre de pila y seguidamente, en lugar del apellido, el nombre de la tribu que en sus documentos de identidad tiene más importancia que el apellido.

lunes, 26 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA II

Utilizamos nuestro único día sin horario ni programa para darnos una larga y productiva vuelta por la ciudad blanca de Ammán. Digo blanca porque ese es el color de todos sus edificios.

Al principio se asentaba sobre siete colinas que ahora son, por lo menos, nueve. Allí, sus casi dos millones de habitantes disfrutan de una ciudad que se mueve muy rápidamente, tanto que ni siquiera tienen tiempo de pintar pasos de cebra o colocar semáforos. Así, las bocinas de los coches son el sonido habitual y lo de cruzar las calles se convierte en un auténtico deporte de riesgo.

Cogimos un taxi en la misma calle de nuestro hotel (de cuatro estrellas venidas a menos) para dirigirnos a la mezquita azul. Elegimos esta pues nos dijeron que era la única que se podía visitar. Una vez allí y tras taparme de cabeza a pies, descubrí que tampoco era para tanto la cosa. Lo curioso era que está situada al lado mismo de una iglesia cristiana ortodoxa, al menos así nos creímos sólo un poco lo de que la constitución jordana es laica.


Con otro taxi (por cierto, son muy baratos) nos dirigimos al centro en busca del Teatro Romano que resulta espectacular y alrededor del cual se desarrolla muy buena parte de la actividad comercial de la ciudad. Recorrimos las calles cercanas hasta encontrar un café donde yo pudiera entrar, tuvimos suerte y, aunque el local dejaba mucho que desear, pudimos saborear un delicioso té aderezado con unas cuantas caladas de una pipa de narguile (no asustarse, no es droga, sólo es una pipa de agua con sabor a frutas) con la suerte de que el propietario del lugar hablaba muy bien el español y se sentó con nosotros para darnos algunas instrucciones sobre cómo cruzar calles o cómo se divierte la juventud jordana.


Tras este merecido descanso emprendimos la búsqueda de alguno de los restaurantes que recomendaba nuestra guía “lonely planet” para comer. Y lo encontramos. Leer la carta fue tarea imposible y entender al camarero hablando jordan-english-chapurreau difícil pero posible. Así que dije sí a casi todo, lo cual tuvo como final feliz un delicioso menú compuesto de mensaf (cordero o pollo asado en su jugo servido sobre arroz aromático, con salsa de yogur caliente) y postres típicos como helado de pistacho o unos pastelitos hiper-dulces sólo recomendables a los muy lamineros como yo.

El turismo en Jordania está en auge y lo demuestra la calidez con que te acogen sus gentes. No les importa que entres a sus tiendas y les revuelvas medio escaparate para no llevarte nada. Son amables y cordiales. Les encanta hablar con los turistas y, si te paras un rato, te cuentan media vida. Gracias a ello, pasamos el resto de la tarde paseando por las tiendas y aprovechando para aprovisionarnos de los típicos regalitos que llevar a la familia y amigos cercanos. Resultó la mar de divertido regatear igual por unos pendientes de plata que por un imán para la nevera que al final me salió “por la cara”.

Continuará...

jueves, 22 de octubre de 2009

SOÑÉ CON JORDANIA I

Creí que estaba soñando cuando a las 5.30 de la mañana sonó el despertador. Entonces me dí cuenta de que había dormido estupendamente y que no era un sueño sino el recuerdo de mi llegada, hacía sólo unas horas, a Ammán, la capital del Reino Hashemita de JORDANIA.

Como en todo viaje organizado, lo del madrugón es fundamental para no perder el autobús sin el cual no hubiera tenido la suerte de contemplar las variadas maravillas que me esperaban, ése y los días siguientes.

Desperté a pensboyfriend (a partir de ahora pensboy, por acortar) y me metí en la ducha. Las duchas desde entonces fueron de dos en dos porque lo del polvo en Jordania merece mención aparte, pero no es por aquí por donde quiero empezar. Tras el desayuno Jordano-continental, es decir, no se sabe qué con algo que sabe a no sé cuántos, zumo de algo que sabe dulce y, esto sí, té de menta; nos subimos al autobús con los ojos como platos y las cámaras desenfundadas para “por si”.

Lo siguiente fue despertar al sonido de la voz del guía palestino-jordano-cubano que nos avisaba de la inminente llegada a Um-Quais. Componente de la decápolis romana, está situada en zona fronteriza de Israel, Jordania y Siria desde donde contemplamos los altos del golán, el norte del valle del río jordan y el antigüo mar de galilea que hoy se conoce como el lago tiberiades.



Um Quais tiene el encanto de su emplazamiento y sus restos arqueológicos (teatros, basílica, baños públicos) dan fe de que en su día tuvo la importancia suficiente como para acoger al mismísimo Alejandro Magno. Lo que uno no se imagina contemplándola es que otra de las decápolis, aún mayor y mejor conservada está esperando a la vuelta de una hora de autobús.


Iba mirando por el lado equivocado de la ventana cuando escuché claramente: “a su derecha, Jerash”. Para que quede clara mi primera impresión, lo primero que salió de mi boca fue “¡HOSTIA!” a lo cual siguieron las carcajadas de pensboy que no dejó de reírse “conmigo” (por no decir que de mí) en todo el viaje. Natural que es una, oiga.

Lo de Jerash es asunto serio. Aquí sí que no me quedó otra que trasladarme a otro tiempo, casi podía ver los carros pasando por El Arco de Adriano, me imaginé las carreras de cuádrigas en el hipódromo que todavía hoy tiene su uso para espectáculo dirigido a los incontables turistas (incluida yo con mi cara de flipada), pude imaginarme a las gentes de Jerash adorando a Zeus o Artemisa en sus correspondientes templos, disfrutando sus dramas en los teatros, paseando por la Plaza Oval o el espectacular Cardo a la sombra de sus columnas. Y eso que dicen que aún queda por desenterrar el 80% de la ciudad porque por allí los asentamientos datan de las edades de Bronce, Hierro, Helenística, Roamana y Bizantina. Vamos, que aún queda “tajo” y a mí me pareció que por fin había conseguido entender el libro de historia del arte de 9º de ciclo básico diversificado (aquí 1º de B.U.P.).


Tras dos horitas de paseo, fotos y caretos de cateta varios, nuestro simpar guía “sin-ánimo-de-lucro” nos recomendó uno de los restaurantes que ofrece el complejo monumental y allá que nos adentramos. No me quejo, porque el humus estaba de escándalo y los dulces del postre acompañados de otro delicioso té de menta valieron los dinares que nos cobraron. Al principio nos pareció suficiente pero pudimos comprobar que la cosa salió cara al día siguiente. En fin, la vida del turista es dura.

Para culminar la jornada y con la tripita satisfecha regresamos a Ammán donde pudimos darnos un paseíto por su centro como apertivo al día libre que nos esperaba mañana. Así que, mañana (o pasado, o al otro) más.


lunes, 19 de octubre de 2009

SIEMPRE VUELVO



Lo de la inspiración últimamente anda de capa caída y si además a eso le agregamos la saturación laboral, la cosa se pone difícil.


Más difícil todavía es escribir en tu blog cuando te encuentras a unos cuantos kilómetros de casa, pero como yo siempre vuelvo, para ir abriendo boca, sirvan la foto anterior y la siguiente. La explicación en próximas entregas...

jueves, 1 de octubre de 2009

NO LLAMEN A LOBATÓN (TODAVÍA)

¿Quién sabe dónde he estado todo este tiempo?. Yo misma les contesto: ¡aquí mismito! Pero “enronada” de papeles, consultores, trabajadores y putadas laborales variadas.

Así continúo, pero espero sea por poco tiempo más. Mientras tanto, por favor, admitan mis disculpas y denme un tiempito más antes de llamar a Lobatón y presentarme al casting de “quién sabe dónde”... ¿lo recuerdan?.