lunes, 22 de julio de 2013

LA HORMONA Y LA MARMOTA


Mi alter ego había madrugado muy contenta y motivada para acometer una ascensión montañera de esas que una sabe que va a doler pero que también va a confortar. Tras desayunar copiosamente y comprobar que todo estaba listo, de repente, un calambre de esos que recorren desde el vientre hasta la pierna, le anunció que la hormona volvía a hacer de las suyas para aparecerse antes de lo esperado y así como a ella le gusta: con dolor, mucho dolor.

Ibuprofeno mediante, hubo que renunciar a la gesta de aquel día.

Sin embargo, por muy maltrecho que esté, este cuerpo siempre pide guerra y allí estaba mi sin par amigo “Empanadillo” para acudir al rescate y sacarme de casa para intentar la misma gesta pero por otro recorrido. Tampoco pudo ser, las tormentas amenazaban nuestro bienestar así que renunciamos y bien que hicimos porque allá donde fuimos pasaron la tarde y la noche recogiendo campamentos y niños remojados.

Sin embargo, el día fue estupendo. En muy buena compañía y un entorno magnífico a pesar de las extrañas construcciones de transporte de personas con elementos deslizantes que poblaban el lugar.

Persiguiendo marmotas pasé el día como recuerdo de que a veces una renuncia vale la pena.





1 comentario:

J. M. N. dijo...

Pues ya nos acordamos de ti, ya...pero no era una ruta para ir con calambres e ibuprofeno... bastante sufrimos ya con los 1700 m de desnivel y los 1700 l/m2 que nos cayeron en la chepa...
Pa otro día, moza...será por días.
Hala, cuídate.