miércoles, 12 de febrero de 2014

La belleza de lo viejo o de lo nuevo




El otro día caminaba por Barcelona admirando esa arquitectura Gaudí que tanto nos gusta a todos.  Supongo que por ese modernismo perfecto y fluido que convierte lo sólido en líquido a la vista.

Con esta inspiración me dio por observar las construcciones modernas que iba sorteando de regreso a casa y, mientras observaba, me vinieron a la cabeza las grandes y antiquísimas obras de arquitectura como, por poner un ejemplo, el acueducto de Segovia.  De repente una duda me asaltó al pensar en el sin fin de antigüedades que salpican nuestro país, que tanto admiramos y que tan bellas nos parecen… me dio por preguntarme, como ejemplo ante una iglesia románica ¿es realmente bella?.

Dejando a un lado la idea de que la belleza es más una cuestión de percepción, se me ocurre que hay muchas cosas antiguas que además de por bellas también admiramos desde un punto de vista más bien parental, es como si lo que realmente nos atrae de semejantes obras es la idea de que fueron nuestros ancestros quienes las ejecutaron aún siendo carentes de los medios que hoy tenemos a disposición.

Seguramente, dentro de quinientos años alguien observará, por ejemplo, el viaducto de la A2 a la altura de Castellbisbal o el puente sobre el Alcanadre ese que hay nada más pasar Angüés y se preguntará como tantas veces hemos hecho nosotros ¿cómo eran capaces estas gentes de construir semejante proeza?.


3 comentarios:

miguel ángel salinas gilabert dijo...

Creo que en cierta medida es una casualidad: hoy reflexionaba sobre el camino inverso. Pensaba en los bisontes de la cueva de Altamira. Los pintó un excelente artista rupestre, y aunque no sabemos nada de él, su obra transciende hasta nuestros días. De alguna formas, las creaciones conectan las distintas generaciones...

POL dijo...

Según nos lo vendan. El románico, hasta hace bien poco, no valía nada. El arte moderno porque cuesta dinero, que no quiere decir que lo valga, digo yo ... Aunque no hay que hacerme mucho caso, que igual estoy imbuido de esta vorágine economicista que rige nuestras vidas. Salú

PENSADORA dijo...

Más que al sentido artístico (plástico) me refiero a lo arquitectónico y su evolución. No tanto a una cuestión de gustos sino de tiempo y sensaciones...

¡Amos, que desbarro como siempre! jejeje

¡¡Gracias a los dos por pasar!!