viernes, 11 de abril de 2014

EL “ATAQUE CARRIE BRADSHAW”



¡Ay la neurótica Carrie! Tan neurótica como entrañable.  ¿Quién de nosotras no se sintió alguna vez identificada con alguna de sus neuras?.

A mí me ocurrió muchísimas veces durante la emisión de la serie y me ha seguido ocurriendo durante la última década.  Pero hace poco me ví inmersa en una situación que bien se hubiera podido trasladar directamente a un capítulo de la serie.

Recuerdo muy bien la temporada en que Carrie se compromete con el buenazo de Aidan.  En un capítulo, entran con Miranda en una tienda de vestidos de novia para reírse un rato y quitarle hierro a lo del matrimonio pero la jugada les sale rana cuando la muchacha en cuestión empieza a referir serios picores por todo el cuerpo presentando una terrible urticaria culpa del tul del vestido.  Terminan concluyendo que se trata de una alergia general al matrimonio.

Algo parecido me ocurrió hace poco mientras me encontraba inmersa en la búsqueda de un vestido que ponerme el día que Bonito del Norte y yo tenemos pensado casarnos (curiosa manera de comunicar mi inminente matrimonio ¿verdad?).  Tras visitar unas cuantas tiendas de moda donde, al contrario de Carrie, esta servidora se encuentra como un pez en el desierto, empecé a notar cómo una extraña sensación se apoderaba de mí hasta que algo parecido a un ataque de urticaria pero ocular se adueñó de mí durante unas cuatro horas durante las cuales a parte de encontrarme absolutamente bloqueada no podía dejar de llorar pensando que era imposible encontrar un vestido que satisficiera mis exigencias que eran más bien pocas.

Pero ocurre que en el momento que una nombra “boda” o “novia” las y los dependientes de las tiendas se convierten en una especie de muñecos autómatas “disfrazadores” que pretenden colocarte pedrerías y colores pastel allí donde no los hubo ni habrá jamás.  Por más que una pretenda hacer entender que no tiene ninguna intención de irradiar pureza y muchísimo menos glamour, parece que una novia, por muy informal que sea, tiene que ir disfrazada y ataviada con una sarta de objetos y abalorios inútiles que parecen no tener otro objeto que engrosar los precios de los vestidos que ya de por sí tienen unos importes poco explicables.


Total que a estas alturas y tras no poco sufrimiento, ya dispongo de la indumentaria adecuada a mi figura y forma de ser pero, no se preocupen ustedes lectoras curiosas que se les dará más información en el momento preciso.

1 comentario:

miguel ángel salinas gilabert dijo...

Qué bueno lo de "muñecos autómatas disfrazadores". Claro, el asunto debió ser como el de un pollo que se metiera en la jaula de los zorros...