viernes, 8 de julio de 2011

PREOCUPARSE U OCUPARSE ¡ESA ES LA CUESTIÓN!



Si tienes un problema y tiene solución ¿de qué te preocupas?
Si tienes un problema y no tiene solución ¿de qué te preocupas?
(Proverbio chino, creo.)



Uno de los muchos sentimientos negativos que todos hemos experimentado y experimentaremos alguna vez en nuestras vidas es la preocupación. Ese run-rún interior que a veces hasta nos quita el sueño, no es más que la antesala a una acción encaminada a solucionar (o no) algo.

Se me ocurre que el proverbio chino no anda desencaminado, pero más que simplemente “pasar” de la preocupación, deberíamos preguntarnos qué es lo que nos preocupa, qué podemos hacer para solucionarlo y actuar en consecuencia. Como un proceso natural y rápido. No por más preocuparnos se va a solucionar algo ni vamos a encontrar solución a algo que no la tiene.

Hay un tipo de preocupación que no tiene que ver con uno mismo sino con lo que le ocurre a alguien cercano, esto se acerca más a la empatía que es sana hasta cierto punto. Cuando nuestra preocupación por otros supera un límite permisible, podemos llegar a convertirnos nosotros mismos en la preocupación de otros. En este caso es siempre mejor actuar si es posible o simplemente apoyar si la situación lo requiere.

Hay épocas en las que inevitablemente uno puede verse sumergido en una fase de preocupación continuada. Es ese momento en el que uno sabe que hay un problema que resolver, pero esa resolución necesita un tiempo y/o acciones que no dependen de uno mismo. Ese es el momento de sacar partido a todos los entretenimientos posibles evitando la preocupación excesiva. Dicen incluso, que es bueno marcarse un horario para estar preocupado, como una rutina, mientras no podamos ocuparnos en el problema en sí y actuar, mejor recordarlo durante un rato programado y luego a otra cosa. Al principio es difícil, pero como todas las rutinas, finalmente, ni te das cuenta.

La preocupación ante los problemas que no tienen solución es otro cantar. Uno puede empezar preocupándose, pero de tanto dar vueltas sobre algo que siempre nos lleva al mismo sitio, finalmente, podemos convertir la preocupación en algo más serio e insano. Este es el momento de la adaptación, de no preocuparse sino ocuparse y aprender a vivir con aquello que no podemos cambiar. Estas situaciones suelen ser nominadas popularmente como “una cruz”, añadiéndole peso y dificultad. Yo prefiero convertir esas cargas y preocupaciones en una maleta con ruedas, que siempre viaja conmigo pero a un ladito, sin molestar apenas.

Queridos internautas: Mejor ocuparse que preocuparse.

Palabra de pensadora.

2 comentarios:

Rebeca dijo...

Pero a veces es inevitable preocuparse, jo...por mucho entrenamiento mental y por mucho que una se repita proverbios chinos. Pero bueno, supongo que todo es cuestión de evolución y madurez mental para poder ver los problemas con perspectiva.

klee dijo...

la preocupación no deja de ser una unión con el mundo que nos rodea,nos afecta el tomar decisiones equivocadas, o vivir una situación descontrolada o la muerte en un caso más extremo.
como bien dices se nos puede ir de las manos, pero un mundo sin preocupaciones me resulta altamente sospechoso.
en "un mundo Feliz" Huxley apunta a como podría ser una sociedad con personas carentes de preocupaciones.
interesante post , un abrazo¡¡