lunes, 30 de mayo de 2011

EL HOSPITAL ES LA CHUFA


¿Quién no ha jugado al “corre corre que te pillo” en su infancia? ¿y quién no ha tocado “chufa” más de una vez?.

Andaba yo recordando mi época hospitalaria, cuando era una visitante asidua. Para mí no era ningún problema aposentarme allí, no. Era más bien un alivio, como un bálsamo o un ansiolítico: una sensación de calma. Era pensar que ya estaba a salvo, que una vez allí, tardase lo que tardase, finalmente me encontraría mejor. Como cuando casi te pillan y te inventas una chufa para poder descansar y sentirte a salvo de llevarla.

Me cuesta entender esas personas que odian el hospital, que más bien se enferman de sólo estar allí. Admito que mejor no visitarlo (como paciente, me refiero), pero cuando uno está mal de verdad… ¡el hospital es la chufa! Y ya casi estás salvado de llevarla.

viernes, 27 de mayo de 2011

UN BALSAMO PARA EL PUEBLO

Hace un par de días, un amigo me comentó que echaba de menos mis entradas diarias aquí en este mi blog amado y abandonado. Ciertamente, sigo leyendo mucho, escribiendo poco, lo que escribo se queda manuscrito en “mi libretita” y ya no sale de ahí. Será porque ya no tengo tantas ganas de publicarme, excepto ahora.

Mi amigo también echa de menos alguna de esas típicas críticas mías sobre algún suceso remarcable de la actualidad. Para ser específico: “pens, no has escrito nada sobre lo de las acampadas en las plazas”. Así que, allá voy…

Antes de escribir sobre algo, hay que documentarse aunque sea un poquito. Aún sin la intención de escribir al respecto, busqué en Internet de qué iba el asunto y firmé el primer manifiesto. Últimamente ando muy ocupada, así que mis visitas a la acampada oscense han sido cortas, pero han sido. Por suerte, ayer pasé por Madrid y tuve tiempo de acercarme a la Puerta del Sol. Me impresionó, pero no me satisfizo.

Lo que no me gusta de este asunto es la imagen que me quedó de “la acampada Sol”, era como estar en una especie de Woodstock sin música, donde en lugar de músicos había oradores que hacían una asamblea sobre el maltrato animal. Que no le quito importancia al asunto de nuestros compañeros de hábitat, pero imagínese usted que es una soñadora provinciana que llega a la gran urbe con la ilusión de encontrarse con un lugar donde espera encontrar el germen de un cambio de sistema, un algo serio, un hablar de los problemas cotidianos reales con que nos enfrentamos los españolitos de a pie y se encuentra con un grupúsculo de unas cincuenta personas, con una señorita micrófono en mano poniendo orden y animando el cotarro. Sinceramente, yo esperaba otra cosa. Algo más serio, un hervidero de ideas que sean pocas pero firmes y prácticas. Ideas de esas que realmente promueven un cambio en aquello que realmente nos importa hoy en día: nuestro futuro. El nuestro, el de los humanos.

Lo que no me gusta de la acampada oscense es muy parecido. La primera mañana pasé por allí de camino al trabajo y primero me gustó el orden y limpieza que se apreciaba, pero enseguida se me vino abajo el ánimo cuando visualicé una carpa algo más grande que parecía debía ser la de organización, allí estaban un pequeño grupo de  personas bebiendo cerveza a las ocho de la mañana. Otra vez encontré una notable falta de seriedad en el asunto. Que se emborrache quien quiera, pero para que yo me crea que realmente estamos haciendo algo, por favor, que no sea en lo que para mí debería ser un santuario de las nuevas ideas, un punto de partida de las nuevas acciones que nos conducirán a ese cambio que tanto deseo y defiendo.

LO QUE SI ME GUSTA de ambos casos es que por allí nos podamos acercar todos y, parece ser, participar todos. Ayer me disgustó la imagen de “la acampada Sol” pero me gustó mucho la que recibí de Huesca a mi llegada. Mientras en Sol había una oradora-organizadora con un grupo de gente sentada delante suyo al estilo mitin, aquí no había oradores. Aquí había un buen grupo de gente sentada en círculo, unos frente a otros con un micrófono que rodaba de mano en mano, todo en orden, todo calmo, todo sensato.

He decidido quedarme con la sensación de que quizá no se consigan grandes cambios que nos afecten inmediatamente a mejor, pero estamos asistiendo a un fenómeno que los de mi generación no conocíamos: ahora tenemos que luchar por algo aunque no sepamos muy bien cómo llamarlo y tenemos un lugar donde acudir para sentir que estamos haciendo algo. Es como un bálsamo, un no sentirnos solos. Un nuevo bálsamo para el pueblo.

martes, 10 de mayo de 2011

TRABAJADOR ESPAÑOL TIPO


Ya estaba antigua la tendencia. Pero sigue creciendo, oiga. Y es que aquí, con lo de “así ha sido siempre” y el “tal como están las cosas”, lo apañamos todo y lo excusamos todo.

A veces me molesto bastante con algún compañero de oficina. Esto suele ocurrir cuando me encuentro una negativa ante un nuevo proyecto que cambie algún proceso. Sobre todo cuando me oigo el “porque siempre lo hemos hecho así y así está bien”.

Ahora me encuentro con la situación siguiente: en España se trabajan cuarenta horas semanales más las horas extras que el empresario disponga “porque así ha sido siempre” y el trabajador se calla y aguanta porque “tal como están las cosas” más vale callarse. Y así, si ya estábamos anticuados pagando salarios por tiempo trabajado y no por trabajo bien realizado. Ahora iremos a peor porque el chantaje está a la orden del día con aquello de “tal como están las cosas”.

El trabajador español tipo sabe que tiene un horario que cumplir y que su superior va a estar pendiente de que así sea y si el trabajador se queda un ratito más (no importa si mirando porno en Internet o terminando de cuadrar la facturación del mes) va a tener buena fama de trabajador, porque está ahí y no porque trabaje más.

Y mucho cuidado tenga usted si se le ocurre destacar, innovar o trabajar eficientemente. Porque no es normal que termine usted su trabajo dos horas antes de lo previsto y mucho menos que tenga alguna iniciativa. Si puede usted permitirse el capricho de tomarse un café relajadamente porque todos sus quehaceres están más que resueltos, tenga cuidado, se va a convertir en el vago de la empresa.

Al final me he dado cuenta de que el trabajador español tipo perfecto necesita las siguientes características:

1º) MADRUGADOR: Hay que llegar al puesto de trabajo diez minutos antes aunque no tengas nada que hacer.

2º) IMPERCEPTIBLE: Cuidado con sobresalir. Si nadie “te nota”, nadie tendrá nunca nada que reprocharte.

3º) PACIENTE: La capacidad de pasar horas y horas en el puesto de trabajo sin hacer nada y sin tener nada que hacer, requiere de grandes dosis de paciencia y sobresaliente pericia en el manejo del ratón para jugar al solitario y que nadie le vea.

4º) NO COMPROMETIDO: Mejor no tener actividades post-laborales porque queda muy bien salir una horita tarde de vez en cuando. Da igual si se está adelantando trabajo o chateando por el facebook.

Así es el trabajador español medio, ¡ándense con ojo los innovadores, efectivos, eficientes y/o creativos!.