miércoles, 27 de junio de 2012

MORALEJA LITERARIA



Últimamente leo mucho. Tengo ganas de evadirme y como la caja tonta no ayuda con sus frivolidades, pues eso, leo.

Leyendo y leyendo, hago una parada y me quedo pensativa un ratito imaginándome los personajes como si crease una fotografía según la descripción que el escritor me ofrece. Según lo que me cuenta, voy más allá y repaso en mi mente la escena como si se tratara de una película, como si en ese mismo momento yo estuviera en el cine comiendo palomitas y todo. Al rato, cuando me canso de leer y transcurridas unas horas, intento sacar conclusiones e imaginarme cómo va a acabar todo.

Pero hoy, recordando la lectura de ayer, he hecho un repaso mental de los personajes literarios que me han producido más simpatía y me he dado cuenta de que se trata de señores, señoras, chicos o chicas que vivían en otras épocas y disfrutaban de placeres que hoy día no disfrutamos. Lamer el cristal de una pastelería apreciando el dulce de los pasteles expuestos, secar los pies al calor de la lumbre y entrar en una paz reconfortante tras una persecución sobre la nieve, pasarse todo el día cosiendo para pagar las deudas o ahorrar medio penique cada semana para comprarse un vestido nuevo el año que viene.

Me he acordado de los placeres pequeños. Esos que en nuestros días tenemos tan olvidados porque parece como si todo lo que tenemos nos perteneciese por una especie de derecho divino olvidándonos de que somos afortunadísimos de, por ejemplo, poder estar comiendo una chocolatina mientras escribo este post.


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