viernes, 9 de noviembre de 2012

OTOÑO PERFECTO


Recuerdo el otoño del año pasado. No hacía frío ni llovía.

Fue un otoño extraño, casi sin colores.

Hoy llueve y ya es de noche.

Llueve todas las semanas y las hojas de los árboles ya casi han caído todas.

La rutina diaria se apodera y el calor de casa atrae y embelesa. No apetece salir.

Sin embargo, cuando entre las nubes se filtra un poco de sol, la luz es bella. Esa luz otoñal brillante pero sombría, poco duradera. Con su color ocre envejecido, señal de que estamos en los últimos meses del año y de que, tras el otoño, el día empieza a alargar otra vez y la vida, que parece dormida bajo la nieve del invierno, empieza a abrirse paso bajo la luz de un nuevo año.

Apetece coger aire y meterse en la madriguera hasta la primavera. Pero no. No hay que perderse este otoño perfecto: lluvioso, frío, oscuro. Como tiene que ser el otoño.

2 comentarios:

silaro dijo...

En el otoño uno se reencuentra con uno mismo

PENSADORA dijo...

Pues si Silaro, el otoño se presta a la introspección.

¡Bienvenido!