lunes, 2 de febrero de 2015

Confesores Modernos



No he consultado estadísticas al respecto pero tengo claro que el censo de creyentes católicos disminuye exponencialmente en un sangrado masivo que tiene difícil cura.  Y hablando de curas, en ellos me he puesto a pensar cuando he recordado mi última sesión de estética.  El “ave maría” cambiado por el “bueno, ¿qué tal?” pero por lo demás, casi igual a un acto de confesión.

Llego, me tumbo cómodamente y cuando el primer tirón me hacer ver estrellas y elefantitos volando, empiezo soltar prenda.  “Pues chica, hoy un poco pocha, porque… bla bla bla….” Tirón “bla bla bla” tirón “y fíjate que… bla bla bla” tirón “date la vuelta Pens… bla bla bla”.  “Hala Pens, esto ya está” en vez de “me rece un padre nuestro y cuatro ave marías” y para casa.


Todo muy normal hasta que una hace un stop cerebral y empieza a inventariar ocasiones similares en la peluquería, en el trabajo atendiendo algún cliente, ese taxista tan simpático… ¡estamos rodeados de confesores! ¿para qué queremos curas?.

4 comentarios:

Rebeca dijo...

jaja, es verdad, creo que mi esteticien tiene los secretos del pueblo entero (incluidos los míos, jeje)

Laura dijo...

Pues eso! Por no hablar del Blog!

miguel ángel salinas gilabert dijo...

A mí el cardiólogo me manda penitencia: nada de bocadillos de panceta.

Bubo dijo...

Pues a mi eso de la confesión me gusta. Llevo años de no hacer una, de esas en plan "Ave María Purísima". Pero tengo que reconocerle su punto.
Le cuentas a un tipo tus historias, te perdona en nombre de Dios, espiritualmente es muy confortable esa opción.
El taxista te escucha pero no te perdona.