lunes, 20 de abril de 2015

Montaña y pareja


Desde que retomé la montaña he parado poco en las consideraciones filosóficas y sociales de la práctica de esta bella afición.  Pero hoy, leyendo un post en un blog de montaña, se me ha ocurrido pensar en la influencia que ejerce nuestro apetito de alturas sobre nuestras vidas sociales y especialmente nuestras vidas de pareja.

Pienso en la cantidad de amigos y compañeros de monte que realizan su actividad carentes de pareja: unos porque no la tienen y otros porque no comparten la afición con sus novias/mujeres.  Y pienso también en lo que supone para esas mujeres el quedarse, fin de semana si y fin de semana también, solas en casa con o sin prole.  Supongo que en la mayoría de los casos se trata de un pacto conocido y aceptado pues es bien cierto que las personas que gustamos de la montaña somos auténticos adictos difíciles de desenganchar y la montaña viene con nosotros como en un pack inseparable de esos del mercadona.

Siempre pienso en los casos de las mujeres porque pese a ser una, aún hoy en día, soy de las raras.  Seguimos siendo las menos en la montaña y es más habitual ver hombres solos o en grupos que grupos de mujeres o mujeres solas.  Lo habitual: sólo hombres o parejas.  Y cuando pienso en esas mujeres me pregunto hasta qué punto es amor o comprensión.  ¿Dónde pondrán el límite si es que lo ponen? ¿Cuántas discusiones de pareja se habrán producido tras una larga actividad que se ha complicado dejando a la mujer nerviosa en casa sin saber qué es de su pareja?.

Una vez, una de esas mujeres me dijo que prefería mil veces echar de menos a su marido los domingos por la montaña que por el fútbol y recordando esto, en parte, lo entiendo todo.

Lo cierto es que la afición por la montaña puede afectar a la pareja y la familia si no se trata como merece.  Tanto si es uno como otra el aficionado, como si son ambos, el monte ejercerá una influencia.  Esperemos que habitualmente positiva.

4 comentarios:

J. M. N. dijo...

Creo que me siento completamente capacitado para resolver tus dudas:
Casado hace 18 años con la misma santa, 23 años juntos, si contamos el noviazgo... Casi la mitad de mi vida...
Cuando empezamos a salir yo era un descerebrao adicto a la adrenalina (ahora también pero menos) y, efectivamente, si me hubiera puesto en la tesitura de dejar la montaña o a ella, la hubiera dejado (a ella se entiende). Ahora no, hay demasiadas cosas en común como para hacerlo pero estoy seguro que nunca me hará elegir. Mi mujer es una santa de las que hay pocas, lo se. Ella tiene sus aficiones y yo las mías. Después de 20 años nos queremos mucho más que el primer día y nos comprendemos y apreciamos. No hay porqué dar a elegir nada, Las cosas se hablan y se consensuan. Cada uno tiene su lugar y cada uno aporta lo que buenamente puede a la relación (y no lo debemos hacer mal del todo...) Quizir, para terminar. Ella sabe que mi vida es la montaña, que sin salir al monte yo no sería el que soy ni me comportaría como me comporto... su vida es otra, más hogareña, más de pasear un rato por las tarde y no de "pegarse sobos", está en un grupo de teatro de la que es la directora... en realidad no nos parecemos nada... quizá por eso funciona.
Además... que de vez en cuando va bien cambiar de aire y no ver siempre las mismas caras... aunque las quieras mucho.
Salú pensadora.

PENSADORA dijo...

La verdad es que yo soy más de "tú a lo tuyo, yo a lo mío y luego nos lo contamos". También voy comprobando que funciona pues es uno de los ingredientes de mi relación con Bonito del Norte.

Pero me consta que nuestros casos (el tuyo JM y el mío), son los raros.

Salud compañero!

David Naval dijo...

Jijiji, yo soy otro de los raros.

Un matiz, cuando escribes:

"¿Cuántas discusiones de pareja se habrán producido tras una larga actividad que se ha complicado dejando a la mujer nerviosa en casa sin saber qué es de su pareja?"...

yo lo cambiaría por:

"¿Cuántas discusiones de pareja se habrán producido tras una larga actividad que se ha complicado LLEVANDO a la mujer nerviosa por no haberse quedado en casa sin saber qué es de su pareja?".

...Fuera de bromas, yo también estoy casado con una santa.

Electra dijo...

Creo que lo mas difícil es respetar el amor de tu pareja por su parcela de intimidad y propiedad... creo que, una vez superado ese obstáculo, la pareja es pareja de verdad, dos seres independientes dependientes por voluntad propia, si no lo superas... espera sentad@ a que ondeen las banderas del desamor.
:)