viernes, 26 de junio de 2015

Los tejados de Dubrovnik



Y luego me quejo de que se me va el mayo cuando lo  cierto es que me lo he comido a medias con Bonito que me acompañó a callejear por esta ínfima ciudad mediterránea que, hoy en paz, acaba de sobrevivir a una de las peores guerras del siglo pasado que se extendió incluso a principios de este.

Esta es la manera de conocer Dubrovnik.  Subir y bajar las escaleras salpicadas de faroles que hacen la veces de carteles y callejear sus callejones salpicados de plazas grandes y pequeñas atesorando rincones que invitan a detenerse y escuchar.


Y luego el atardecer.  De esos de disfrutar en la calle y sobre ella.  Respirar aire marino.  Observar las aves contrastar sobre los azules de mar y cielo.  Dejarse seducir por los tejados naranjas coquetos como nadie...





Lo mejor de Dubrovnic: sus tejados naranjas en perfecta combinación con el azul del planeta.

3 comentarios:

Electra dijo...

Echaba de menos leerte....

Silvia dijo...

¡¡¡Bicha!!! Me has puesto un snif en el alma. Los tejados de Dubrovnik son un libro de texto y un cuadro fauvista, pero, y el ras de suelo: tomarte un helado en una calle de mármol, en la tranquilidad previa a la invasión de hordas cruceristas. Contemplar alucinada durante minutos laaargos el color imposible de las aguas croatas. Diría que quiero volver, pero acabas de concederme el deseo.

PENSADORA dijo...

Lea usted ELECTRA lea sin miedo, que de aquí no nos movemos.

SILVIA, siempre se puede volver... a todas partes. Incluso con el pensamiento.

Besicos para ambas, que os lo habéis ganado.