sábado, 11 de julio de 2009

EL EFECTO GOMA


Todos conocemos el sencillo efecto de una goma. Si la estiras, la estiras y la estiras al final se rompe. También si la estiras y luego la sueltas: vuelve a su estado original.

Pues bien, el tema de la crisis, en mi opinión, tiene esta dinámica. De momento sólo estamos en la segunda opción: hemos estirado la goma hasta su tope y ahora estamos volviendo a su estado original. Es decir, las penetraciones de mercado de los sectores más potentes (vivienda, automoción…) están regresando a sus cotas “naturales” tras un subidón que estaba “fuera de rango”. Aquí es donde nos deberíamos plantar. Situar las cotas de mercado en su estado lógico y soportable.

Pero mucho me temo que la primera alternativa no está muy lejos de una futura realidad. Como bien señala mi compañero Pez Martillo, parece ser que la sociedad en general no se ha dado cuenta de que la goma se puede romper de tanto estirarla y más si te dedicas a desgastarla estirando y aflojando. Esto es lo que piensa la mayoría: esperan volver a estirar la goma hasta su tope sin pensar que quizá en este último intento se rompa y reventemos un mercado que ya está débil y desgastado.

Muchos piensan que sólo estamos en una situación pasajera. Que sólo hay que aguantar y esperar a que todo vuelva a ser como era hace sólo un par de años. Cuando, para bien o para mal, lo que hay que hacer es encontrar ese “hueco”, un espacio natural y soportable para todos los sectores donde demos espacio a nuevas corrientes económicas que nos saquen del atolladero inmobiliario, que eliminen “picardías” y den paso a la inteligencia y las buenas ideas que produzcan ese tan ansiado desarrollo sostenible.

Palabra de pensadora.

3 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

En efecto, hay que ir con cuidado con las gonas, que si se rompen puede haber consecuencias...

El Pez Martillo dijo...

Con las gomas, quería decir con las gomas (hoy tengo los dedos especialmente torpes).

PENSADORA dijo...

Pues eso! jejeje...