JUICIO Y EXPERIENCIA


Recuerdo aquellas conversaciones adolescentes en las que mis amiguitas y yo nos planteábamos hipotéticas situaciones y buscábamos posibles soluciones o imaginábamos nuestras propias reacciones. Cada una teníamos nuestra opinión aunque con el transcurso de las conversaciones, cada opinión iba transformándose dependiendo del tema tratado. Hasta que un día una de nosotras opinó: “creo que nunca lo sabremos hasta que no nos ocurra”. Y se hizo el silencio.

Hoy en día las situaciones ya no son hipotéticas sino que son tan reales como que cada una nos vemos en situaciones tan diferentes como diferentes somos unas de otras. Así me doy cuenta de que sólo a través de la experiencia podemos juzgar para poder aconsejar mejor o peor. O mejor todavía, apoyar siempre que sea preciso.

Todos intentamos ponernos en el lugar del otro al intento de opinar. Lo malo es que muy difícilmente podemos hacerlo bien si no nos encontramos o hemos encontrado en la misma situación. Es muy difícil saber qué haríamos nosotros mismos si, por ejemplo, un hijo enfermara o si nosotros mismos enfermáramos gravemente. Cada cuerpo y cada cerebro son totalmente distintos y la experiencia es la única posibilidad de asimilar y, por ende, juzgar lo que no es de uno.


Comentarios

Rebeca ha dicho que…
Totalmente de acuerdo, es fácil hablar gratuitamente, pero en el momento en que vivimos las cosas podemos a llegar incluso a sorprendernos de nuestro comportamiento.
PENSADORA ha dicho que…
¡SASTAMENTE!

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