lunes, 24 de septiembre de 2012

Adiós


Una vez me dijo mi mejor amiga que cuando nuestros mayores mueren, lo que más nos apena es que tras ellos nos quedamos nosotros “en primera línea de fuego”, es decir, los siguientes somos nosotros.

Yo pienso que en parte tiene razón pero otra parte importante de la complejidad de sentimientos que nos embargan ante la desaparición de un ancestro, es la nostalgia de otro tiempo que no volverá. La juventud e inocencia que compartimos con esas personas que formaron parte de nuestra historia personal, que de una u otra forma pusieron un granito de arena en nuestra educación y que tienen un lugar inamovible en nuestros recuerdos.

Hoy me toca recordar a un familiar que se va y me apena pensar que cada vez se van yendo más de mis mayores dejando a los que antaño fuimos sus niños en esa “primera línea”. Pero también me llena la nostalgia de esos ratos en su compañía: la piscina del pueblo, los cachorros de dálmata y la sonrisa de mi tía cada vez que me veía.

1 comentario:

El Titanic, también se hundió dijo...

Poco se puede añadir a esta entrada, sólo que tienes razón y que, descanse en paz.