viernes, 5 de octubre de 2012

PARTE DE LA HISTORIA


Cuando estudiamos historia en el cole o cuando, de mayores, leemos sobre historia por pura curiosidad o placer, normalmente no somos conscientes que nosotros mismos hemos formado parte de muchos de los pasajes históricos que los libros relatan.

Recuerdo el archifamoso “Caracazo”. El 26 de febrero de 1989, ante la subida del precio de la gasolina aumenta también el precio del transporte público en Venezuela. Al día siguiente, muy cerca de Caracas y al punto de la mañana comienzan manifestaciones que pronto se tornan violentas y se contagian a la capital en forma de saqueos y enfrentamientos violentos por las calles de la ciudad. Esa misma noche se declara el toque de queda y la disolución de las garantías constitucionales siendo la ciudad literalmente tomada por el ejército.

Allí estaba yo. En plena adolescencia no era consciente de lo que realmente ocurría y lo viví como desde lejos: sorprendida por el vacío de las calles la mañana del 28 de febrero cuando, como excepción, era mi padre quien me llevaba al colegio porque no había transporte público y por supuesto, el colegio estaba cerrado así que hubo que regresar a casa. Recuerdo oír pasar los batallones del ejército por la avenida de detrás de mi edificio y asomarme para verles, como quien asiste al desfile del día de la hispanidad. También recuerdo el racionamiento de la comida en el súper y las anécdotas contadas en el recreo sobre cómo en las casas se había pasado una semana comiendo arepas y pollo que era lo único que había.

Aquella fue una revuelta popular espontánea que desestabilizó el gobierno hasta que se produjeron un par de golpes de estado fallidos. A partir de allí, la historia de Venezuela sigue siendo la misma aunque con un único protagonista del que no sé ni me atrevo a hablar pues mi añoranza por el país que un día habité no me permite admitir la realidad. A finales de 1990 mi familia y yo regresamos a Huesca huyendo de la desestabilización que se evidenciaba en aquel bellísimo país. Hoy en día se recuerdan los hechos del 27 de febrero de 1989 en Caracas no sólo en los libros de texto de los colegios sino en blogs, enciclopedias de la red y tantos medios comunicativos como disponemos.

De la misma manera que entonces no era consciente, hoy sí me doy cuenta de que estamos viviendo un pasaje histórico que nuestros hijos leerán y estudiarán en los libros de historia. Espero poder rememorar estos tiempos de la misma manera que hago con el Caracazo: una época que viví, pasó y cambió algunas cosas.

3 comentarios:

Otto dijo...

Muy interesante esto que cuentas, y es que de no ser por la desobediencia civil hoy en día los negros tendrían que seguir ocupando los peores asientos en los autobuses norteamericanos...el poder genera monstruos, y la cordura nos invita a luchar por las nuevas generaciones. Te beso

El Titanic, también se hundió dijo...

En España todavía no se da la situación como para pensar que la población pueda provocar un cambio en el sistema. Todavía lo que unos pocos producimos sumado al crédito ese que no se podrá devolver, sirve para que la inmensa mayoría viva más que de puta madre, por mucho recorte y muchos impuestos, en general la sociedad española es una sociedad de apesebrados que todavía tienen mucho que perder y el temor los ata al sofá.
Pero bueno, nunca se sabe.. .al tiempo..

PENSADORA dijo...

Yo creo que sí se está produciendo un cambio. Teniendo en cuenta que somos millones de personas las que vivimos alrededor de mundo desarrollado en crisis, la cosa tardará en hacer efecto. Quizá nosotros ni lleguemos a ver el resultado, pero estoy segura que estamos en plena revolución.

Besicos a los dos!