martes, 22 de septiembre de 2015

Póker relacional




El póker no me gusta porque no es un juego limpio.  Es un juego que requiere engaño, perspicacia o picardía, manipulación y un profundo conocimiento de las personas.  Todo orientado a ganar para uno mismo y dejar sin blanca al contrario.  Es un juego en el que no hay equipo, sólo contrarios.  No hay diversión, sólo suspicacias, negociaciones y adivinanzas.  Todo bajo mano, oscuro.

Y todavía me gusta menos cuando se utilizan las mismas tácticas de juego en las relaciones interpersonales porque es ahí donde más daño hace la manipulación.  Me sorprenden, pero sobre todo asustan, esas personas que viven la vida como dentro de una mesa de juego.  Personas que no tienen vida propia y lo poco que tienen lo dedican a manejar situaciones, a jugar con las personas como si fueran naipes que pueden utilizar y desechar a su antojo.  A manejar las situaciones para su propio y único beneficio.  Personas extremadamente inteligentes pero también extremadamente infelices.

Existen grandes jugadores del póker relacional.  Gente que pasa desapercibida, que no se ve venir.  Amigos, pareja o familiares que nos provocan ternura, nos necesitan y nos enamoran devorando poco a poco nuestra energía sin que seamos capaces de darnos cuenta.  Lo hacen despacio y con tiempo.  Pasan desapercibidos porque suelen ser personas a las que llegamos a querer profundamente.

Podemos no llegar a darnos cuenta jamás que somos parte de una partida de póker relacional pero si lo hacemos, la decepción puede ser magnífica y si además conseguimos vislumbrar las consecuencias del juego, nos sentiremos como auténticos perdedores.

Sin embargo, sepan ustedes queridos lectores, si algún día se ven en una de estas, que el verdadero perdedor en este juego es el manipulador y el auténtico ganador es el que sabe despertar del letargo y salir a la luz desempolvándose el abrigo para empezar nuevas relaciones sanas y sinceras.


Palabra de Pensadora.

5 comentarios:

Rebeca dijo...

Uff, ¡Qué complicado! siempre me ha admirado la inteligencia de estas personas que juegan al poker relacional, mi cerebro, tengo que reconocerlo, no da para tanto, y por otro lado, me parece que desperdician una energía enorme con sus estratagemas, con lo fácil que es vivir y dejar vivir, personalmente prefiero seguir sin saber jugar al póker, es más fácil, libre y me sobretodo me hace más feliz.

Un paseante dijo...

Soy un verdadero inútil para los juegos de mesa: prácticamente no sé jugar a nada. Pero tanto los que saben como los que no deben tener al menos unas nociones del "poker existencial" para no salir desplumados a cada partida. Y la vida siempre nos está proponiendo partidas. Saber defebnderse es fundamental.

PENSADORA dijo...

Sí que gastan energía REBECA... ¡pero la de los demás! jejeje

Paseante, yo creo que hay muchas formas de relacionarse con los demás y que el juego en absoluto es necesario en caso alguno. Tengo comprobado que la honestidad y la sensatez son armas de defensa mucho más poderosas que cualquier arma de ataque como el engaño o la manipulación.

Salud! y gracias por comentar, así me creo que esto aún tiene algo de vida jejeje

Bubo dijo...

El poker tiene unas reglas y como cualquier juego hay que seguirlas. En las relaciones aún no he visto esas reglas. De hecho las reglas se ponen a medida que la relación se va haciendo mas duradera. Los dos, a conveniencia.

Por cierto... Le sugiero el "Strip poker". Suelen ganar los dos. (Y ahí si que puede modificar reglas.)

miguel ángel salinas gilabert dijo...

Interesante metáfora, muy bien expuesta. Seguro que te la tomo prestada alguna vez. Me encantan las palabras trilero y timba de cartas. Saludos...