viernes, 23 de diciembre de 2016

Confesión navideña




Recuerdo la navidad allá en Venezuela.  Todo empezaba ya en noviembre con los concursos de gaitas y seguía con la tradicional reunión familiar para preparar y congelar las hallacas que se consumen durante las fiestas.  Todo es alegría y sentimiento.  Las familias se reúnen y recuerdan con cariño a quienes no están.  Se hacen regalos si se puede y si no, pues a bailar unas gaitas, un merengue, una cumbia o lo que haga falta.  Pero con alegría, aprovechando los días de fiesta y el espíritu ya no religioso sino simplemente festivo que impregna ciudades y pueblos.

Y ahora regreso a la realidad.  La niebla se aposenta sobre mi minúscula ciudad y los ánimos se destemplan casi como en un extraño ritual en que todos tengan motivos para despreciar la Navidad, con mil excusas diferentes: unos porque echan de menos a alguien, otros porque no se llevan bien con su familia, algunos que reniegan de la religión… La cuestión es que la tele, la calle y el ambiente son navideños, pero el discurso de la mayoría es pesimista y negativo.  Como si odiar la navidad fuera molón como dejarse la barba o beber gin-tonic con verduras.  Y no puedo evitar pensar que se pueda tratar de una cuestión cultural en un país en el que nadie vota al PP pero siempre gana, en el que el que más puteado está y más se queja de su trabajo es quien mola y en el que la crítica destructiva es deporte nacional.

Así que este año he decidido confesar que a mí me gusta la navidad.  Me gusta el frío en la calle iluminada por lucecitas de colores, me gusta el ajetreo y escuchar la eterna “last christmas” de Wham! En las tiendas y en los bares.  Me encanta salir a cenar con mis compañeros de trabajo y bailar con ellos hasta las tantas para luego reírnos los unos de los otros al lunes siguiente.  Disfruto las nuevas tradiciones como el vermú de nochebuena con mis hermanos y mis amigas.  No me importa aburrirme en la cena de nochebuena porque estoy con gente que me quiere y que siempre está allí y estará incluso cuando no esté.  No puedo esperar a que llegue la comida del día de navidad que se ha convertido en mi día favorito del año.  Me ilusiono pensando en la cena de nochevieja con amigos, en la mesa engalanada, las uvas y el champán.  Y cada vez me gustan más las mañanas de Reyes con Bonito del Norte, solos los dos vagueando por la casa y planeando el año recién estrenado.


Queridos internautas que aún tenéis el valor de leerme a pesar de mis ausencias, os deseo una muy ¡FELIZ NAVIDAD! Que mañana y pasado sepamos disfrutar de lo que tenemos por poco que sea.


4 comentarios:

Bubo dijo...

La Navidad es la hostias. (Aunque a veces se ponga durilla.)

PENSADORA dijo...

Así me gusta Bubo!! jijiji

Rebeca Raya dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rebeca dijo...

Confieso que yo estaba en el bando de los que protestaba por la Navidad, pero después de algunas circunstancias el espíritu navideño se ha apoderado de mí, espero que las fiestas hayan ido muy bien y te auguro un feliz 2017, guapa!