viernes, 15 de mayo de 2009

ANTES SENCILLA QUE MUERTA


Hay una constante en mi actividad cerebral cada vez que la idea de mi futura desaparición (dentro de muchos años, espero) aparece.

Cuando se habla, divaga, filosofea, etc… sobre la muerte en un sentido no religioso, es tendencia común hablar de la intensidad con que se vive la vida y ese concepto de intensidad, en mi sencilla opinión, está mal entendido, pues no es necesario acumular una cantidad de simples vivencias porque sí, como quien colecciona sellos.

No sólo por haber plantado un árbol, escrito un libro, parido un hijo o viajado en globo se ha vivido más intensamente. La intensidad o significado de nuestras vidas ha de ser el que nosotros mismos queramos o podamos darle a las cosas que vivimos. No creo que sea necesario jugarse el tipo realizando alguna actividad que realmente no deseemos para creer o más bien demostrar que hemos vivido “a tope” nuestras vidas.

De mis experiencias (que no son pocas) la gran conclusión es que una vida sencilla, o lo que algunos pueden tachar de monótona, puede ser una gran vida vivida intensamente y esto depende más de la profundidad de conocimiento (no cultural: interior. Es decir, conocimiento del yo) del ser que la vive. Como humanos, somos conscientes de nuestra propia mortalidad y esto, para lo que realmente debe servir, es para sellar nuestra conciencia de la propia vida, del propio ser.

Sólo teniendo una conciencia cierta de la propia existencia se vive intensamente.

Palabra de pensadora.

4 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

Amén otra vez!

Leí hace tiempo a alguien que decía que "si vives cada momento como si fuera el último, corres el riesgo de que sea el último"

Vivir vivimos todos, no hay gente que vive más y otra menos. Hay gente que parece que hasta compite por tener una vida "más vida".

Rebeca dijo...

Sí, supongo que a veces nos vamos un poco por las ramas "buscando algo más", sin valorar la gran intensidad que ya posee nuestra vida.

El Titanic, también se hundió dijo...

La constante en mi actividad cerebral, en cuanto al tema que expones, se basa en el control del tiempo.
Aceptado ya, que no puedo detenerlo, el objetivo es lograr la percepción de que no pasa deprisa. De momento, no lo he conseguido.
Me encantaría una vida sin plazos, hoy todo son plazos, el alquiler, la hipoteca, la renta... y todos los plazos que nos llegan impuestos por las obligaciones laborales.
Existen algunos lemas que comienzan con un "vive deprisa...." y yo, no estoy de acuerdo con ninguno de ellos. Vive despacio, que dejamos atrás al tiempo, demasiado deprisa.
En cuanto a tu percepción de la intensidad, no puedo aportar nada nuevo, estoy completamente de acuerdo con lo que has escrito tu y lo que han escrito quienes comentaron antes que yo.

Rebeca dijo...

Por cierto yo sigo sin haber plantado un árbol, escrito un libro o haber parido ¡pero que me digan que no tengo una vida intensa, jaja!