viernes, 9 de diciembre de 2011

¿QUÉ ME PASA, DOCTOR?


Ayer viendo la tele sufrí lo indecible cuando me di cuenta de que, tiempo atrás, la información que los médicos daban directamente a los pacientes era más bien escasa. Como si, para entonces, resultara más humano mantener a un paciente grave en la ignorancia que darle la posibilidad de enfrentarse a sabiendas a su propia enfermedad.

No creo que esa sea la mejor manera de mantener a un paciente tranquilo. Más que nada porque por muy tonto que se sea, el cuerpo es el cuerpo y ese sí que lo sentimos todos. Todos somos conscientes de nuestros cuerpos, de nuestros dolores, de nuestros malestares y difícilmente podemos engañarnos ante una enfermedad manifiesta.

En el capítulo que vi ayer, Merche era diagnosticada de un cáncer de mama, pero el médico no se lo comunicó a ella sino a su marido. En 1980, por lo visto, los médicos mandaban a las pacientes al quirófano haciéndoles creer que les iban a realizar una pequeña intervención sencilla cuando lo que realmente iba a ocurrir, es que al despertar, éstas se encontrarían con un seno amputado. ¿Qué es peor? ¿Entrar en quirófano pensando que no pasa nada y despertarte medio mutilada?.

Muchas veces me he preguntado si es mejor o peor ser consciente de la totalidad de la gravedad de una enfermedad. A ratos pienso que mejor no saber que se está muriendo, pero también mejor saber lo que a uno le van a hacer.

4 comentarios:

Rebeca dijo...

En España hay una cultura extraña referente a la información médica, debido a la relevancia que tiene para nosotros la familia, muchas veces es a estos a los que se informa primeramente violando el principio de autornomia y el derecho de información del paciente, que es quien realmente debería decidir a quien quiere que se le informe.
Otra cosa es la cantidad de información, muchas veces encontramos a pacientes que no quieren saber acerca de su enfermedad, sin ir más lejos, hace poco había una señora con un cance de colón ya avanzado, con metastasis, su hijo había decidido que no se le dijera, su madre tenía ya 80 años, y prefería no verla sufrir en sus últimos días agobiandose con un diagnóstico. La paciente había pasado por miles de pruebas complementarias, un cirujano digestivo, oncologos, raidologos...se hacía quimioterápia y evidentemente tenía los síntomas que provocan estos tratamientos, pues bien, ella afirmaba que aquello que se le inyectaba eran vitaminas.
Desde la parte que me toca, decir que casi siempre se evalua la cantidad de información que quiere recibir el paciente.

El Pez Martillo dijo...

Ahora se les dice lo que tienen hasta a los niños. Adaptado, claro está, a las capacidades de cada uno. No obstante, hay que valorar también lo que en cada momento el paciente quiere y necesita saber, porque tan malo es que te oculten las cosas, como que te las suelten todas a bocajarro.

Por lo demás, las personas son más sabias de lo que parece, y por mi experiencia he podido comprobar que normalmente la gente intuye bastante bien lo que hay, pero a veces, viendo la actitud de la familia, les siguen el juego para no preocuparles más.

OzzY_64 dijo...

"Ignorance is bliss"

Todo depende del contexto, y en este caso depende mucho de la persona.
Mi abuela tenia que operarse de la garganta, pero en su país de residencia el costo era alto y no lo podía hacer. Cuando vino a Argentina, le dieron fecha para la operación sin costo alguno y 3 días antes se arrepintió por el miedo que tenia. Cuando volvió a su país, tiempo después tuvo que pagar y hacerse la operación porque no le quedaba otra opción.

PENSADORA dijo...

Yo también pienso que todo depende mucho del caso, la persona, etc...

Amos! que estamos tod@s de acuerdo!

Saludicos!