viernes, 3 de agosto de 2012

AUSCHWITZ... DE BRUCES CON LA REALIDAD

 Me resultó curioso ver que me presentaban la visita a Auschwitz como una atracción turística más. Luego encontré razonable que la guía nos diera la opción de cambiar la visita al campo de concentración por la visita a la fábrica de Schlinder. Aún así, elegí Auschwitz y allí fue donde se encontraron los sentimientos para darme la vuelta como a una tortilla y sentir la bofetada de la realidad contra la nuca.


Todas las películas que he visto y libros que he leído sobre el holocausto me han conmovido siempre. Pero no hay manera de describir la sensación de realidad al visitar el escenario original de tamaño evento. Juro que pensé que al haberme informado tanto y ser plenamente consciente de lo que iba a ver no me afectaría tanto, pero traspasar la barrera del parking y cruzar ese arco tristemente familiar y tan retratado con su “Arbeit Match Frei” (el trabajo nos hace libres) fue definitivo, como si de repente todas las almas allí concentradas vinieran a abrazarme. Así que lloré.

Lloré al contemplar las filas de barracones. Lloré al ver las fotografías de niños que a lo mejor hoy podrían seguir vivos como el caso de “X” un bebé de año y medio retratado junto a su madre en la cola que les llevaba directamente a la cámara de gas en el año 1943. Lloré al ver las pilas de zapatos, gafas, cabello… Lloré al ver la horca. Lloré al ver la ropita de bebé recién nacido perfectamente dispuesta en una vitrina en una habitación de la que todos terminamos huyendo. Lloré con lágrimas y lloré sin ellas hasta que un último escalofrío me recorrió el espinazo mientras salía de la cámara de gas.


Hice algunas fotografías, casi todas las borré.  Conservé las que hoy coloco aquí para acordarme de que estuve allí.  Guardo también una de un zapato rojo destacando sobre las toneladas de calzado porque me recuerda que, cristiana o judía, no una sino muchas mujeres a las que les gustan los zapatos rojos, como a mí, estuvieron allí pero esa no la publico, la guardo para mí y para ellas.


Al final, el regreso al hotel se convirtió en un largo silencio. No quedaba nada por decir y si alguien se hubiese atrevido a frivolizar lo más mínimo con lo que acabábamos de vivir, hubiera conocido a la Pensadora más agresiva que se haya conocido sobre la faz de la tierra. Porque aquello fue tan real, como es real que podría volver a ocurrir.

Palabra de Pensadora.

5 comentarios:

Rebeca dijo...

¡Dios mío que no ocurra! pensaba que eras tú que en otra ocasión también habías visitado un campo de concentración con todo el dolor del mundo, pero me debo confundir.
Lo cierto es que es uno de los capítulos más horribles de la historia de la humanidad, yo tampoco hubiera podido contener las lagrimas, aunque una vez leí que era importante recordarlo sin parar, creo que en el museo del Holocausto de Washington , había que hacer películas, libros, entrevistas...y todo porque el hombre tiene una memoria corta, olvida rápido y le es fácil caer en los mismos errores, por eso considero que esos campos de concentración deben permanecer para que seamos conscientes del horror que fue y que no se repita.

El Pez Martillo dijo...

Hace dos años visité otro campo de concentración, el de Sachsenhausen, junto a Berlín. Es bastante discreto (tanto en tamaño como en horror, a pesar de que pionero en cosas como la cámara de gas, hubo menos muertes), pero hay detalles escalofriantes. Me crucé con varios colegios, se ve que allí les llevan a visitar esos sitios, lo cual no está mal del todo.

Hace un par de años surgió una polémica por un vídeo que grabó un antiguo superviviente que bailaba con sus nietos en Auschwitz. Los sepulcros blanqueados de turno protestaron, pero a mi me pareció estupendo ver como aquel hombre, que las tuvo que pasar canutas allí, todavía tenía redaños para ir a bailar. Y es que además de conmemorar y recordar a los caídos, también hay que celebrar a los supervivientes.

Sobre lo de que es posible de que vuelva a ocurrir, yo soy más crudo: volverá a ocurrir. De uno u otro modo.

Saludos.

PENSADORA dijo...

Ciertamente Rebeca, estos sitios han de permanecer en pie como recuerdo de lo que no queremos que vuelva a pasar.

Y sí Pez, yo también me temo que volverá a ocurrir, de otra forma y en otro contexto pero volverá si no ha vuelto ya y no somos conscientes.

Lo del superviviente también lo vi y me encantó, así es como pienso yo que hay que superar las cosas.

Saludicos a los dos!

El Titanic, también se hundió dijo...

Este viaje es una asignatura pendiente, he visto decenas de documentales y se que iré.
Conviene no olvidar de lo que somos capaces, porque pienso como tu, ocurrirá. De hecho creo que está ocurriendo, de forma más sútil y silenciosa, como sútil es la diferencia entre matar y dejar morir.

PENSADORA dijo...

Ahí le has dao Titanic!